¿Por qué el Oxxo sí y yo no?

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¿Por qué el Oxxo sí y yo no?

#HistoriasDelTendejón

Por Ana Preciado

Esa misma pregunta se repetía una y otra vez Marcela, que observaba con engorro mientras una larga cola se formaba para entrar al Oxxo que estaba a una cuadra y media de distancia… mientras que su tendejón “La Flor” parecía embrujado por los mismos fantasmas. Exhaló con alivio; a lo lejos veía a Sara acercarse a su tienda, los clientes fieles nunca faltaban:

  • ¡Qué calor, doña Marcela! Hasta caminar unos pocos pasos acalora demasiado. El clima cada vez está peor en Mérida.
  • ¿Pues qué se le va a hacer, Sarita? ¡Aquí nos tocó vivir! Dígame… ¿qué le doy?
  • Vine por una lata de frijoles bayos, medio kilo de huevos y aceite.
  • ¡Claro! Ahora se lo traigo.

Doña Marcela estaba en el trajín de despachar mientras, curiosa, Sara miraba la cola fuera del Oxxo:

  • ¿Qué están regalando ahí o qué?, –preguntó Sara con cierta molestia y continuó-, la cola está larguísima… parece banco en quincena; aquí hay otra tienda con los mismos productos, más barato, ¡y hasta carne y antojitos vende usted! Jamás entenderé la locura de los Oxxos.
  • ¡Ay sí, Sarita! Fíjese que desde que abrió, la gente ya no llega como antes, y eso que aquí se vende de todo, ¿qué tiene el Oxxo que no tenga yo? Nomás me falta el aire acondicionado, pero yo pensaba que la gente buscaba variedad.

Marcela se apuraba a terminar de hacer la cuenta, notaba cómo Sara seguía mirando con disimulo al no tan lejano Oxxo. La escena la había preocupado y no quería arriesgarse a que la clientela leal que aún la apoyaba, pudiese ser atrapada por el hipnotizante hechizo del Oxxo y no regresase jamás…

  • Creo, doña Marcela, que la gente de la colonia se está poniendo cada vez más “especial”. Prefieren re-pagar una caja de huevos y hacer una fila interminable en la única caja abierta, a comprar en las tiendecitas de la esquina.
  • Totalmente… hasta el Servifrío de a dos cuadras está pasando penurias a causa del Oxxo. ¡Ya uno queda a completa desventaja frente a semejante monstruo!

Sara se encogió de hombros, no se le ocurrió nada más qué agregar:

  • ¿Cuánto es en total doña Marcela?
  • $73 pesos en total, Sarita.

Rebuscando con agobio por un minuto completo dentro de su bolsa, Sara finalmente alza la mirada, entre apenada y preocupada, para soltar repentinamente la pregunta:

  • Uay… ¿será que me pueda hacer otro fiado?
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