¿Qué pasa con las artes en Yucatán?

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¿Qué pasa con las artes en Yucatán?

Por Francisco F. Gamboa

Son pocas las administraciones gubernamentales que ponen en un lugar prioritario a la cultura y las artes. Esto no es tema nuevo, un gran sector de la población apunta a que primero hay que resolver problemas derivados de la desigualdad social como lo son la falta de acceso a una alimentación y vivienda dignas, antes de generar productos culturales.

No obstante, debemos recordar que el arte es algo inherente en la naturaleza humana, basta con fijarse en los niños, que desde muy temprana edad son capaces de garabatear mucho antes de siquiera empezar a hablar, lo que nos habla de la creatividad y la necesidad fundamental que tenemos los humanos por encontrar formas de expresarnos.

Así, el arte funge como un medio de comunicación a través del cual, el artista no solamente nos expresa sus emociones, sino también refleja el contexto social, político y cultural en el que nos encontramos, y nos hace cuestionarnos sobre nuestra existencia, nuestros ideales y la vida en general.

Por ello, el arte es una poderosa herramienta que puede cambiar a una sociedad.

Teatro José Peón Contreras

La última década

En los últimos años hemos visto pasos importantes en materia cultural, como la ocurrida en 2011 cuando el Instituto de Cultura de Yucatán (ICY) se transformó en lo que hoy es la Secretaría de la Cultura y las Artes (Sedeculta); o en el 2012, cuando se creó la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY), la cual es, al día de hoy, una de las principales actividades culturales de la zona sur-sureste de México y que recibe cada año a miles de visitantes tanto de Yucatán como de otros estados.

No podemos dejar de lado la apertura del Palacio de la Música, el cual alberga una de las mejores salas de conciertos de América Latina y un museo interactivo que celebra a la música mexicana en todas sus manifestaciones.

Por la parte académica, la Escuela Superior de Artes de Yucatán (ESAY) y la Universidad Autónoma de Yucatán (UADY) han destacado como las instituciones educativas que mayor compromiso tienen con la cultura, no solo formando nuevos talentos a través de cursos, talleres y/o licenciaturas, sino a través de la investigación y actividades artísticas que, a su vez, generan nuevos públicos. Del mismo modo, la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY) es hoy, a casi veinte años de su fundación, una de las orquestas más importantes del país.

El teatro se ha diversificado y hoy, tenemos las clásicas propuestas regionales, puestas en escena de obras clásicas, manifestaciones experimentales, además de un creciente interés en los últimos años por el teatro musical.

Durante el confinamiento a causa de la pandemia, la oferta cultural y artística se adaptó de forma orgánica a la modalidad virtual, siendo la UADY, la Sedeculta y la Dirección de Cultura del Ayuntamiento de Mérida quienes ofrecieron este tipo de actividades en línea, generando sanas distracciones que contrarrestaron a la depresión, estrés y ansiedad generadas por el aislamiento.

Claroscuros y centralización

En Mérida y en todo Yucatán se respira arte, ¡eso es incuestionable! No importa al rincón que vayamos, siempre estará presente en cualquiera de sus manifestaciones, pues los yucatecos llevamos la cultura tatuada en nuestra piel y la lucimos con orgullo.

Lamentablemente, los actuales gobiernos no han sido la excepción en un tema: el trato hacia los artistas. Y es que no importa si la administración es federal, estatal o municipal, no importa si es un Instituto, un Consejo, una Secretaría o una Dirección de Cultura, en todas, sin excepción, existe siempre una constante: el increíblemente retraso en los pagos de honorarios, depósitos que tardan dos, tres, cuatro, seis… ocho o hasta nueve meses en caer en las cuentas de los artistas (y lo triste es que ante cualquier reclamo, una respuesta común es “tú te lo buscaste por querer vivir del arte”).

Otro bemol cultural radica en el tema de que la capital yucateca ha sido el eje artístico del estado. En los últimos años se han llevado a cabo políticas con el fin de proyectar a Mérida como uno de los principales atractivos del sureste, como los nombramientos de Capital Americana de la Cultura en el año 2000 y en el 2017, la denominación como Ciudad Creativa Gastronómica por la UNESCO en 2019, entre otras más.

Lo anterior, si bien le ha dejado grandes beneficios a los meridanos, ha propiciado también un dejo de tener una cultura centralizada, dejando a los otros 105 municipios un tanto de lado, lo que responde a una falta de democratización del arte en Yucatán.

Muchos esperábamos un panorama esperanzador con la transición presidencial, pues desde siempre se prometió un cambio en materia cultural que se apreciaba palpable, pues dicho movimiento político recibió por mucho tiempo gran apoyo de la comunidad artística. Cuál sería la sorpresa de muchos cuando se anunciaron recortes al presupuesto cultural para ser designado a otros mega proyectos que poco o nada tienen qué ver con el arte.

Ante estos panoramas, el año pasado tuvimos dos llamadas de alerta con la casi desaparición del MACAY (Museo de Arte Contemporáneo Ateneo de Yucatán) y la OSY, lo que nos habla de que nos encontramos ante un escenario en el que se deben realizar acciones destinadas a rediseñar las políticas culturales de Yucatán.

¡Necesitamos un mercado del arte!

Urge dejar de ver la creación artística como una actividad meramente recreativa y empezar a darle el valor que merece; engendrar una industria cultural que se convierta en fuente de empleos, ¡como ocurre con el turismo!

Y es que sería importante que los ayuntamientos y el gobierno estatal analizaran la forma en la que las artes y el turismo trabajen de manera conjunta, pues al igual que otras actividades económicas fundamentales, el turismo depende en gran parte del desarrollo cultural de Yucatán; ambos sectores comparten valores y públicos, y en definitiva, sumando esfuerzos podrían fortalecer sus capacidades de gestión.

De igual forma, hace dos años, la crítica de arte Avelina Lésper propuso una Ley de Mecenazgo Popular a través de la cual se buscaba convertir al arte en un mercado deducible de impuestos y, de esta forma, generar una verdadera industria del arte autosustentable que no dependa del paternalismo del Estado.

El objetivo de esta ley era el volver el consumo cultural un hábito social y, de igual forma, que las empresas pudieran realizar más donaciones y patrocinios al sector artístico sin esas trabas que hoy por hoy obligan a que sea solo un módico porcentaje en relación a los impuestos que pagan… ¿Alguna novedad al respecto?

Más allá de su impacto social, es menester que el arte también empiece a valorarse en cifras… ¿o qué opina usted?, ¿considera que la actividad artística debería asumirse como una actividad económica?

Por lo pronto, quiero invitarle a que haga ruido con este tema, a que comparta sus puntos de vista y así se abra el debate entre más gente, esto podría ser la puerta de entrada hacia una vida más digna para nuestros artistas.

@FranFernandoMX

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