La Guelaguetza de Oaxaca contada a través de su indumentaria

Previous
Next

La Guelaguetza de Oaxaca contada a través de su indumentaria

Durante el mes de julio de cada año, Oaxaca es pura algarabía gracias a la Guelaguetza; la mayor fiesta folclórica en la que se afianza el valor de sus raíces.

Por Fernanda Pérez Sánchez, Fotografías por Luvia Lazo. Vogue.mx

Entre el infinito mosaico de tradiciones oaxaqueñas, la Guelaguetza expone indiscutiblemente por qué el estado de Oaxaca sigue cautivando a quien lo visite a través de un profundo arraigo por todo aquello que se relaciona con sus rasgos culturales de identidad. Esta celebración –que se lleva a cabo cada mes de julio– encuentra su etimología en la palabra zapoteca guendalizaa, que se refiere a dar un presente o una ofrenda, y es que su origen data de tiempos prehispánicos, en un ritual de sacrificio que los mexicas ofrecían a la Diosa Centéotl (la Diosa del maíz).

Sin embargo, este acto de ofrecer evolucionó durante el México posrevolucionario, cuando la dinámica social del país se vio envuelta en una intensa campaña nacionalista que buscaba reivindicar el pasado indígena. Esto también se vio evidenciado luego de un terremoto en 1931 que tuvo consecuencias devastadoras para la ciudad de Oaxaca; tras esta catástrofe, se emprendió una estrategia que tenía como propósito reactivar la economía por medio de un movimiento cultural que se materializó en el Homenaje Racial de 1932, una celebración que, además, se conjuntaba con el IV Centenario de la ciudad.

Dicha ceremonia sentó las bases para lo que hoy se conoce internacionalmente como la Guelaguetza de los Lunes del Cerro. ‘Las regiones del Estado acuden, las más simbólicas y significativamente representadas, vistiendo sus mejores galas, con sus atributos más preciados y más genuinos, en son de espléndido agasajo, llevando sendos regalos y homenajes para ofrendarlos a Oaxaca, la perla del Sur’ describe un texto escrito por uno de los miembros del Comité de Festejos de aquel entonces.

El paso del tiempo no ha desgastado la tradición en absoluto, al contrario, se mantiene más viva que nunca. Desde aquel Homenaje Racial de 1932, la cita en el Cerro del Fortín –el punto geográfico más elevado de la ciudad– consistió en múltiples actos musicales y folclóricos que destacaron las cualidades más representativas de, en aquel entonces, siete regiones del estado. Actualmente, los trajes típicos de las ocho regiones y las mujeres que los portan tienen una relevancia contundente en la Guelaguetza, pues es difícil imaginar esta fiesta sin las calles dibujadas por los colores de la indumentaria tradicional. Desde aquella primera fiesta, se seleccionaron a embajadoras de cada una de las delegaciones que asistieron portando magníficos huipiles.

Al pasar de los años, se han sumado al programa de la Guelaguetza otras actividades como la Feria del Mezcal y múltiples muestras gastronómicas, pero el alma del evento aún se conserva en el escenario del Auditorio Guelaguetza, donde se enaltecen los bailes distintivos de las ocho regiones de OaxacaValles CentralesSierra NorteLa CañadaTuxtepecLa MixtecaLa CostaLa Sierra Sur y el Istmo de Tehuantepec.

¿Qué historias resguarda la indumentaria que desfila por las calles de Oaxaca durante esta celebración? Sus testigos, quienes viven esta experiencia en primera persona y quienes tejen sus hilos, pueden contarlo. Aquí los relatos detrás de ocho trajes tradicionales que se observan cada año en el Cerro del Fortín.

Huajuapan de León, región de La Mixteca

Alitzel Soriano Silva, de 26 años, ha bailado una vez en la Guelaguetza y la describe como ‘una de las mejores experiencias de su vida’. En su voz se filtra el orgullo de ser una mujer huajuapeña y en la historia de su indumentaria pueden hallarse pequeños fragmentos de las mujeres de su familia: ‘Ciertas partes de tu familia que a lo mejor no son bailarinas, que no te enseñaron a bailar, porque no lo aprendieron, sí te apoyan. Hay esa solidaridad y respaldo que puedes portar en tu traje’. Ella baila el Jarabe Mixteco creado por Antonio Martínez Corro y Cipriano Villa Hernández en 1922. En esta región, ser seleccionada para formar parte de la pareja que bailará en la Guelaguetza es todo un honor. Las duplas son seleccionadas por un jurado que ya ha ejecutado el baile previamente, pero el orgullo no solo consiste en bailar en la Guelaguetza, ‘nos comprometemos a difundir nuestra cultura durante todo el año hasta que vuelva a salir la convocatoria, no solamente en el Estado sino a nivel nacional y si se puede a nivel internacional’.

El Jarabe Mixteco es un baile ‘particularmente difícil, requiere mucha condición física agilidad y destreza’, describe. La pieza musical cuenta la historia de amor de una pareja a través de sus siete sones. ‘Lo que simboliza es un baile de amor, de coquetería, el hombre está cortejando a la mujer y al final ella cae rendida a sus brazos’. Para bailarlo, Alitzel porta un traje compuesto por una blusa de manta bordada por su madre, con motivos florales en color rojo. Su blusa es un tributo a la doctora Olga Manzano Angón, promotora cultural de la región; ‘la tercera mujer que ganó el concurso de Huajuapan para bailar en el Auditorio Guelaguetza en 1989, es de las primeras blusas que se hacían con este tipo de bordado en la parte del pecho con hilo rojo de la floral de la región”, cuenta, quien portó la blusa original de la doctora Manzano cuando bailó en la Guelaguetza de 2017.

Alitzel Soriano lleva traje regional y accesorios, todo propiedad de Alitzel Soriano. Luvia Lazo.

Sobre dicha prenda se lleva una pañoleta que se emplea durante El son del toro, ‘cuando la mujer demuestra su fuerza, su carácter y autoridad ante el hombre’. Esta mascada sirve para emular la manera en la que un torero se enfrenta con un toro en el momento climático de la melodía antes de terminar simulando un beso.

Después está la falda, ‘la parte más espectacular’, como la describe Alitzel. Es una prenda que puede estar hecha de popelina campesina o algodón jamaica, lleva estampado floral y tiene un vuelo de 10 a 12 metros, es una de las faldas más vistosas que puede verse en el festival y adquiere vida propia cuando se hondea al ritmo del Jarabe Mixteco. La falda lleva tres listones bordados en la zona inferior y siete más penden a la altura de la cintura, al igual que un rebozo negro. Alitzel lleva uno que perteneció a su abuela como un símbolo de maternidad.

La indumentaria de la mujer que participa en el Jarabe Mixteco adquiere aún más color gracias a los accesorios. Sus trenzas van decoradas con listones que contrastan con el color de su falda, mientras que al lado derecho de su cabeza incluye un clavel rojo que se utiliza durante el Son del Palomo, el momento más popular de este baile, cuando el hombre intenta quitar la flor de los labios de la mujer. A esto se suman los collares, pulseras y pendientes de papelillo hechas por su hermana. Los huaraches de Alitzel son producto del trabajo artesanal de Huajuapan. Ella cuenta que en el taller del señor Vicente Osorio es el único lugar de la región donde se produce este calzado de correa blanca, son piezas únicas y hechas a medida por el artesano, quien ha heredado el oficio de su padre.

San Felipe Usila, región de Tuxtepec

Las mujeres que bailan Flor de Piña en la Guelaguetza, representando al Distrito de Tuxtepec, lo hacen con una sonrisa permanente, enalteciendo la belleza de los coloridos huipiles distintivos de los municipios de donde provienen. Irasema Martínez Díaz, de 21 años, es una de ellas y ha tenido la oportunidad de bailar en el Cerro del Fortín en 2016 y 2018, luciendo un huipil hecho por artesanas de Usila con la técnica de telar de cintura.

El huipil de Irasema se divide en tres franjas marcadas por líneas en color rojo y negro que representan a la serpiente coralillo, una especie común en Tuxtepec. ‘El huipil siempre representa la flora y la fauna de la región’, explica, haciendo especial énfasis en el águila de dos cabezas ubicada en la zona superior, justo debajo de sus collares de coral y de la figura de los puntos cardinales que se ubican en la pechera. El águila de dos cabezas tiene múltiples interpretaciones en textiles indígenas, especialmente de Oaxaca.

Baile de flor de piña en la Guelaguetzza
Irasema Martínez viste huipil y aretes de San Felipe Usila, todo propiedad de Irasema Martínez. Luvia Lazo.

Otras iconografías del huipil de Irasema incluyen la serpiente emplumada que se presenta con mayor dimensión en la zona media del diseño, así como unas pequeñas figuras puntiagudas que evocan las montañas que caracterizan los paisajes de Tuxtepec.

Las 36 mujeres que participan en el baile van descalzas y llevan un peinado trenzado alrededor de su cabeza con un nudo en el medio. ‘En Usila se tiene la tradición de que entre más grande o más alto el nudo, mayor nivel socioeconómico tienes’, cuenta Irasema. De sus trenzas penden unos tlacoyales, que se refieren a un tocado o elemento decorativo en los peinados de algunas de las regiones de Oaxaca. En honor al nombre de la danza que ejecutan, las tuxtepecanas cargan una piña decorada con un moño rojo sobre su hombro. Irasema platica que, para la creadora de la coreografía, la maestra Paulina Solís Ocampo, el baile de Flor de Piña ‘representa la felicidad de la mujer por la buena cosecha de piña’, un fruto que suele darse en abundancia en pueblos vecinos de Tuxtepec. Al terminar el baile, las mujeres regalan la piña a los asistentes.

Oaxaca de Juárez, región de Valles Centrales

Con el porte que las caracteriza, las Chinas Oaxaqueñas también engalanan la fiesta de los Lunes del Cerro. Guadalupe Estefanía Sumano Benítez, de 21 años, pertenece a la delegación de las Chinas Oaxaqueñas de Doña Genoveva, un grupo con más de 60 años de tradición que sube al escenario a bailar el Jarabe del Valle.

Guadalupe describe a la China Oaxaqueña como ‘una mujer trabajadora, principalmente de los mercados, de carácter, con profunda fe católica, que busca rendir culto a través de su ofrenda floral y baile a la Virgen o Santo de su devoción’. Y todo esto se ve reflejado a través de la indumentaria que lleva para presentarse en la Guelaguetza: una blusa cubierta por una mascada, falda y zapatillas.

La blusa de Guadalupe es una pieza rescatada por la maestra Zaira Altamirano –actual líder de la delegación–, ‘esa blusa es la que originalmente ocupaba doña Genoveva Medina’, señala. La prenda es larga, aunque se pierde debajo de la vibrante falda, lleva detalles delicados como el pasalistón para ajustar las mangas y motivos bordados. Estos mismos detalles de feminidad tradicional se trasladan a la mascada que cubre la blusa: ‘Se usa para poder cubrir los atributos de la mujer. Ya que en esos tiempos, no se ocupaba el sostén. En la parte de atrás se le bordan pequeñas flores, como un símbolo de feminidad, y el color debe ser contrastante al de la falda y el listón de las trenzas’.

Quines son las Chinas Oaxaqueñas

Guadalupe Sumano viste traje regional y joyas de China oaxaqueña, todo propiedad de Guadalupe Sumano. Luvia Lazo. 

En cuanto a la falda, se trata de una pieza hecha con tela de satín en colores brillantes. Las figuras con formas de picos que la decoran se llaman grecas y cada una se compone de listón plisado y encaje tipo guipur. Para que la falda adquiera volumen se usa un refajo almidonado debajo, así como una calzonera que, más que sumar cuerpo al atuendo, es una manera de recordar la ropa interior de antaño.

Las Chinas Oaxaqueñas se distinguen por su joyería y, por supuesto, sus largas trenzas cuya extensión debe ser uniforme para cada una de las bailarinas del Jarabe del Valle. En los accesorios, se encuentra la representación de la devoción religiosa que también es característica en estas mujeres de Oaxaca de Juárez: ‘Nosotros ocupamos una cruz que es símbolo de la fe, la religión y el amor que le tenemos a Dios y a Jesús. Ese siempre va con nosotros’, explica Guadalupe. Por otro lado, lo que distingue al traje de gala del traje ‘de diario’ es el bejuco, un collar largo que puede enlazarse a la izquierda (para indicar que están solteras), o a la derecha (para indicar que están casadas); y más cerca del cuello, se emplea otra joya llamada ‘ahogador’ para combinar con los pendientes. Cada pieza está hecha con un trabajo de filigrana en paño de oro.

Como último detalle de fe se encuentra un portarretrato: ‘Lo ocupamos a la altura del corazón, llevamos la foto de un ser querido, el Santo o Virgen de nuestra devoción’. Guadalupe lleva la imagen de la Virgen de la Soledad, patrona de los oaxaqueños.

Santiago Pinotepa Nacional, región de La Costa

‘Cuando me pongo mi traje me siento hermosa. Verme ahí trenzada es maravilloso porque hasta cambia tu cara’, dice Simoni Baños Acevedo, de 21 años, al recordar la sensación que experimenta al prepararse para bailar la tradicional Chilena de Pinotepa Nacional, una danza que representa el cortejo entre un gallo (el hombre) y una gallina (la mujer).

Teniendo su origen en las costas oaxaqueñas, la Chilena es un baile mestizo que proviene de Chile y cuenta con herencia multicultural: ‘Cuando estaba la fiebre del oro en Estados Unidos [California, 1848-1855], muchos barcos viajaban de Sudamérica a intervenir en el conflicto y muchos encallaron en nuestras costas, en Puerto Minizo’, relata Simoni.

La Chilena es de carácter seductor y jocoso, así como las mujeres que la bailan en la Guelaguetza, quienes se visten de vivos colores con una blusa y falda de vuelo.

Simoni lleva una blusa de popelina que ha sido recuperada de los tiempos en los que su abuela la portó para ejecutar la misma danza en 1978. La prenda luce bordados de chaquira con figuras de rosas y pavo reales al centro del pecho que representan ‘la elegancia de las mujeres’.

Para la falda, se utiliza raso de novia, una tela que se caracteriza por su brillo y grosor para aportar volumen; como decoración, lleva listones y organza o blonda plisada. A la altura de los tobillos, la falda deja al descubierto los zapatos de tacón de siete u ocho centímetros con los que bailan las mujeres, como una muestra más de coquetería. Y es que el juego de atracción es la clave que distingue este baile de tierra caliente, esto se materializa a través de los complementos del atuendo de Simoni. Si con su falda emula la forma de las alas de las gallinas, con su pañoleta –que porta del lado derecho a la altura de la cintura– se hace una representación de las crestas de esta ave: ‘es un símbolo de alegría, es un símbolo de: ‘te estoy saludando, nótame’’.

Pinotepa Nacional en la Guelaguetza
Simoni Baños viste traje y joyería de Pinotepa Nacional, todo propiedad de Simoni Baños. Lluvia Lazo.

Como peinado, Simoni luce unas trenzas con listones a tono con la falda y la pañoleta. Del lado izquierdo lleva una rosa roja para enaltecer su belleza, aunque la joven cuenta sobre un mito que se ha extendido con el paso de los años entre las mujeres de Pinotepa Nacional: ‘para saber si la señorita es virgen [la flor va] del lado izquierdo, o lado derecho si ya no es virgen’. Para las mujeres que representan a la región de Pinotepa Nacional, el maquillaje no es una trivialidad. ‘Es para vernos aún más hermosas. Va con labial rojo obligatoriamente, que las pestañas se vean muy lindas, porque al momento de bailar con la pareja es [un juego] de miradas, de coqueteo’.

Tehuantepec, región del Istmo

Ana Hernández, de 30 años, porta su traje de gala del Istmo de Tehuantepec con la fuerza que caracteriza a las mujeres istmeñas. Ana es artista plástica y luce la indumentaria tradicional de su región en su vida cotidiana como una manera de preservar las tradiciones: ‘Nuestro pueblo es de usos y costumbres, al perder una vestimenta, se pierde una identidad y una raíz’.

El atuendo de Ana habla de celebraciones muy especiales como las velas de Tehuantepec, que son las fiestas comunitarias donde las mujeres lucen la opulencia de sus trajes compuestos por un huipil y falda de terciopelo con bordados de flores endémicas de la región. También es la vestimenta que usan durante la Guelaguetza, cuando bailan La Sandunga.

Aunque Ana no ha sido bailarina durante la celebración, habla de la indumentaria como si fuera un recuerdo de toda la vida. No podía ser de otro modo, su traje de gala perteneció a su madre y, anteriormente, a su abuela, es un conjunto con cincuenta años de historia. Sobre el huipil lleva una especie de capa a la cual se le denomina fleco, hecho de gusanillo de oro. ‘Algo muy importante en la vestimenta de la mujer del Istmo es el oro’, asevera Ana. Sobre el fleco cae un doble lazo, una joya con centenarios de oro que la familia de la joven ha añadido con el paso del tiempo. Las monedas van decoradas con enjardinados, diseños en formas florales hechos por joyeros del Istmo de Tehuantepec. Los pendientes –también de oro– son un tipo de moneda denominada ‘maximiliano’ con decoraciones parecidas a las de su doble lazo.

‘Las mujeres del Istmo toman el oro de la tierra y lo hacen bello’, cuenta Ana al recordar a su madre enterrando su joyería cuando terminaba de usarla. Las joyas con las que complementa su atuendo hablan de la opulencia que distingue a las mujeres tehuanas, pues el Istmo es conocido por su gran porvenir económico: ‘Es la constancia del trabajo de la mujer. [En el Istmo] hay un gran comercio, las mujeres trabajan todos los días, se dice que son muy comerciantes, se dice que si ven al diablo, lo venden. La mujer istmeña tiene una posición de enaltecer quién es ella y una manera de hacerlo es portando su traje’.

El conjunto de gala de las mujeres tehuanas es complejo en su hechura, son varias manos las que se requieren para terminarlo. Ana explica que los muxes son quienes suelen dibujar las flores que posteriormente serán bordadas por una artesana; en la zona de la falda se lleva un olán de encaje que es almidonado por mujeres a quienes se les conoce como ‘planchadoras’, y se dedican exclusivamente al oficio del almidonado, pues es un trabajo meticuloso debido a la perfección que necesitan piezas como el olán del traje tehuano.

Ana peina su cabello con una diadema de trenzas rodeando su cabeza, aunque lo que más resalta es su moño de seda y flores naturales que se colocan a la derecha para anunciar que está casada y a la izquierda cuando se es soltera. Al peinado se añade un accesorio de papel dorado hecho por artesanas, una ‘lluvia’ que, con el movimiento, replica el sonido de las gotas de agua cayendo sobre el suelo: ‘Representa la cosecha, cuando hay lluvia quiere decir que vienen todas las cosas a florecer: maíz, las flores, la calabaza, los elotes’, comenta, Ana.

Después está el resplandor, un accesorio que va en la cabeza de las mujeres del Istmo de Tehuantepec. Se lleva en los desfiles desde que se popularizó el traje en los años 30 y consiste en una pieza de encaje blanco almidonado. La pieza tiene dos modos de uso: sobre la cabeza, mostrándose cuan grande es (así se lleva en los convites y en la Guelaguetza), o enmarcando el rostro (para eventos religiosos).

Finalmente, el traje de tehuana se complementa con una xhigagueta (jicalpestle), un recipiente que originalmente está hecho con calabaza como el que lleva Ana. Se decora con figuras florales pintadas a mano y, en su interior, se llevan frutas para obsequiar en los desfiles, o bien, las bailarinas de la Guelaguetza los ofrecen al público al terminar su espectáculo.

Villa Hidalgo Yalalag, región de la Sierra Norte

‘Este huipil es de una finura tremenda’, señala Don Remigio Mestas acerca de la indumentaria tradicional yalalteca. Don Remigio es originario de Villa Hidalgo Yalalag, en la Sierra Norte, y se dedica al arte textil desde hace más de tres décadas, preservando materiales, viajando por todas partes del mundo para extender el trabajo de artesanos indígenas y, a su vez, crear una extraordinaria fusión cultural a través de los hilos de otras comunidades.

La prenda que se muestra en las imágenes se ha hecho con hilos de algodón egipcio en el taller de Don Remigio, sin embargo, el huipil de la mujer yalalteca comúnmente se teje en lana y algodón con la técnica de telar de cintura, puede tomar hasta seis meses en concluirse, dependiendo de la finura de los hilos con los que se crea. El huipil de gala Yalalag se usa durante fiestas especiales, como la Guelaguetza, por supuesto, donde las parejas bailan jarabes serranos. Es una de las prendas que mayor mitología resguarda entre sus hebras. Quien lo porta representa la leyenda de la Diosa 13 Serpientes, una deidad que nació cuando los conquistadores españoles tumbaron un árbol de copal durante su paso por Yalalag para construir la iglesia de San Juan Bautista. En la cultura zapoteca, la Diosa se asocia con la fertilidad vegetal y la creación de alimentos para humanos y animales.

‘Es una culebra en forma de mujer’, explica Don Remigio sobre la vestimenta, ‘lo que lleva arriba se llama tlacoyal’, esta pieza también se conoce como rodete y emula la forma de las serpientes enrolladas. El artesano cuenta que muchos de los detalles del huipil se relacionan con este reptil: en los hombros, por ejemplo, se tejen sus formas en relieve, mientras que en el borde de la prenda, se borda un ribete de colores para representar a la serpiente coralillo.

La pieza en color café que se lleva debajo es un enredo que se tiñe con corteza de encino para obtener su pigmento. Gracias a que se teje urdido, se logran esas líneas paralelas que también representan las víboras rodeando el cuerpo de la mujer. Al centro y a los costados del huipil veremos hileras de flores bordadas en color morado, rosa y azul, es el detalle que distingue al traje de gala yalalteco. Justo donde comienza la fila central, en la ‘V’ del escote, se encuentra un detalle de hilos en color borgoña: “Son trenzas que simbolizan culebras colgando”, afirma Don Remigio. Sobre el cuello de las mujeres pende un collar de coral rojo que revela la mítica cruz de Yalalag, una muestra más de la fusión cultural como resultado de la colonización. Las bailarinas yalaltecas asocian su significado con los cuatro puntos cardinales y la unión de los pueblos serranos.

Huautla de Jiménez, región de la Cañada

Huautla de Jiménez es un lugar conocido por sus paisajes entre montañas que alojan historias místicas, algunas de ellas se encuentran en los huipiles que tejen las artesanas mazatecas. Son prendas que gozan de gran popularidad en Oaxaca, sobre todo durante la Guelaguetza, cuando las mujeres bailan descalzas el son de Flor de Naranjo, portando su colorida indumentaria que se distingue por sus listones rosas –representando el café que se siembra en la región– y azules –aludiendo al cielo–.

Este estilo de huipil es de aquellos que cuenta la vida cotidiana de la comunidad a la que pertenece. Investigaciones realizadas por la Corporación Oaxaqueña de Radio y Televisión, revelan que los listones llevan más de un significado para quienes lo portan: sus líneas horizontales y verticales representan las veredas que llevan a Huautla; también son un símbolo de los días de la semana y los huipiles de las mujeres adultas incluyen nueve listones para indicar los meses que dura un embarazo.

Huipil de Huautla de Jimnez en la Guelaguetza
Danae Sumano viste huipil de Huautla de Jiménez y collar de coral rojo, todo propiedad de Danae Sumano. Aretes de Oroarte de Oaxaca. Lluvia Lazo.

La pieza se borda sobre tela cuadrillé con motivos que muestran las aves y flores de la región, mientras que el cuello incluye detalles de olanes que hacen alusión al arcoíris y la neblina que suele cubrir las montañas de Huautla. Al igual que el huipil yalalteco, la prenda mazateca incluye un enredo en la parte inferior que se teje en cuadrillé de punto de cruz. Esta sección de la vestimenta también lleva bordados que se relacionan con la figura del arriero, sin embargo, otros artesanos como Don Remigio Mestos hablan de una relación con la mitología mazateca, pues en el tejido se observa un triángulo invertido en color negro que representa ‘el inframundo’. Las mujeres de Huautla de Jiménez llevan su cabello trenzado con listones particularmente largos y complementan su atuendo con largos collares. En sus manos cargan una jícara que, durante el baile de Son de Flor en la Guelaguetza, les sirve para guardar pétalos de azucenas que lanzan al suelo marcando el ritmo de sus pasos.

Sola de Vega, región de la Sierra Sur

El júbilo distingue a los sones chilenos y jarabes que baila la delegación de Sola de Vega en la fiesta de los Lunes del Cerro. Debido a la ubicación geográfica del municipio –se encuentra en el paso entre la capital y la costa– la indumentaria presenta una fusión de elementos propios de otros trajes típicos como el de la China Oaxaqueña, o el de Pinotepa Nacional (en la costa). De este modo, las mujeres soltecas dividen su vestimenta en tres tipos: campesina, media gala y gala; cada una se ha inspirado en ‘indumentaria tradicional de la época del Porfiriato y la Revolución Mexicana’, señala Netzahualcóyotl Huerta, exmiembro del Instituto Nacional de Investigación y Difusión de la Danza Mexicana. La vestimenta para la presentación en la Guelaguetza se compone por una ‘blusa bordada en punto de cruz en manta fina o popelina, con motivos florales o animales propios de la región; una mascada de seda a manera de sostén para sujetar los pechos, y una para secar el sudor o bailar la chilena’, explica Huerta. Las faldas se usan en múltiples colores, hechas de algodón campesino con estampado de flores. Debajo se usa un refajo en color blanco. El traje se complementa con unos botines ‘para protegerse de las víboras que abundan en la región’. Como joyería, se emplean collares de cuentas de oro y azabache con medallas religiosas.

Sola de Vega vestimenta tradicional
Mahob Atenea Guerra viste traje regional, aretes y accesorios de Sola de Vega. Lluvia Lazo.

El peinado solteca consiste en dos trenzas que se entrelazan con cintas de seda y se decoran con flores que representan la devoción hacia San Miguel de Arcángel y la Purísima Concepción. ‘Las mujeres usan la trenza derecha al frente, representando virtud y pureza’.

Trajes típicos de la Guelaguetza.

De izquierda a derecha: Yessenia Escamilla, Irasema Martínez, Simoni Baños, Ana Hernández, Guadalupe Sumano, Mahob Atenea Guerra, Alitzel Soriano y Danae Sumano. Lluvia Lazo

En este reportaje: Fotografía y video, Luvia Lazo; dirección creativa y realización, Enrique Torres Meixueiro; peinado, Netzahualcóyotl Huerta; asistente de producción, Tony Girón; locación y agradecimiento, Casa Armenta.

Facebook
Twitter
LinkedIn