Explorando Aokigahara, el Bosque de los Suicidas en Japón

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Explorando Aokigahara, el Bosque de los Suicidas en Japón

Por Natasha Puente*

Cuando fui a Japón por primera vez en el 2017, no podía irme sin conocer el Monte Fuji. Además de ver en persona el volcán más emblemático del país nipón, tenía muchas ganas de recorrer Aokigahara, el famoso bosque suicida de Japón; pues ambos están en la misma zona la cual, por cierto ofrece muchas opciones para ver y hacer… pero hoy les quiero platicar mi experiencia en el bosque:

Reservé dos noches en un hostal que Google me recomendó en Fujiyoshida, una ciudad en la base norte del volcán; tomé un camión en Shibuya (Tokio) a las 6:00 de la mañana y dos horas después ya estaba en Fujiyoshida. En ese entonces no hablaba mucho japonés pero con el traductor de Google y la amabilidad japonesa, es imposible perderte.

Después de registrarme en el hostal tomé un camión que me llevó a uno de los accesos al bosque. Por su aparente popularidad, creí que habría un letrero grande anunciando la entrada, pero no fue así, por el contrario, se trata de un pequeño sendero en el estacionamiento de una tiendita de souvenirs. Entré para asegurarme que estaba en el lugar correcto y el encargado, después de hacer bromas sobre fantasmas, me platicó que ese bosque lo conocen como “Jukai 樹海”, o Mar de Árboles, en español. Me explicó también cómo salir y me deseó suerte.

El bosque nació sobre la lava endurecida de una de las explosiones más grandes del Monte Fuji hace 1,200 años. Es un ecosistema relativamente joven y en él habitan abetos, cipreses japoneses, árboles de hojas perenne, acebos, andrómedas japonesas, robles mongoles, arces y cerezos japoneses; mientras que puedes encontrarte fauna como topos, pájaros carpinteros, escarabajos y más insectos. Hay muchísima vegetación por todos lados y el moho pinta casi por completo rocas, raíces y troncos de verde, dando así realmente la sensación de estar sumergido en un hermoso mar de árboles.

Hay leyendas que afirman que el bosque está maldito. En el siglo XIX en medio de la hambruna y la epidemia, muchas familias abandonaban en el bosque a sus hijos o familiares mayores que ya no podían alimentar (práctica conocida entre los nipones como “ubasute”).

Además, mucha gente va al bosque a terminar con su vida y nadie sabe exactamente por qué. Según Wikipedia, en el 2003 se encontraron 105 cadáveres en el bosque; en el 2010, 200 intentaron suicidarse y 54 lo hicieron; para el 2011, la forma más común eran ahorcamientos o sobredosis de drogas. Se dice que éstos aumentan durante marzo, el final del año fiscal en Japón.

En los últimos años, las autoridades han dejado de publicar las cifras en un intento de disminuir la asociación de Aokigahara con el suicidio.

Mi experiencia dentro del bosque

Mucha gente me pregunta si vi cosas raras, al parecer se han encontrado zapatos y huesos. Yo lo único que vi extraño fue una cuerda muy grande en el piso, se veía vieja, quiero pensar que esa cuerda la usaron para sostener alguna rama que se estaba cayendo, o tal vez para marcar el camino y no perderse. No le tomé foto ya que si alguien realmente la usó para suicidarse, sacarle foto me pareció una horrible falta de respeto.

A pesar de las historias que leí, adentro jamás sentí “mala vibra”… en todo caso, lo que sentí fue una tranquilidad inmensa. No se escucha absolutamente nada adentro, solamente algunos pájaros; también llegué a escuchar ramas crujiendo, pero de ahí en fuera nada extraño. Al respecto, el gerente del hostal me dijo que esto ocurre debido a que el piso del bosque es pura lava solidificada, por lo que tiene una porosidad alta y absorbe el sonido.

También vi algunos letreros pero estaban en japonés, al parecer algunos son palabras de aliento para que la gente piense en su familia y su vida antes de tomar esa dura decisión. Otros simplemente señalan los tipos de árboles que hay.

Después de haber caminado un tramo, me encontré con una intersección con otros letreros pero tuve la suerte de encontrarme con un grupo de turistas japoneses, que no hablaban inglés pero les dije a dónde quería salir y me dieron indicaciones, me pidieron que tuviera cuidado y todos me sonreían mucho. De por sí la gente en Japón es muy amable, pero ellos se portaron extremadamente amables… tal vez, como iba sola creyeron que tenía otros planes. No lo sé, pero estas fueron las únicas personas que vi adentro.

Hubieron dos momentos que me pusieron nerviosa: El primero fue cuando llegué a otra intersección, cuya señal marcaba un camino a la derecha y otro a la izquierda, no tenía la menor idea para dónde ir. Soy parte de muchos grupos de Facebook y uno de ellos es para aprender japonés, entonces lo que hice fue sacarle una foto al letrero y pedirles que me ayudaran. Contestaron muy rápido y me sacaron del apuro.

La segunda ocasión fue casi a la mitad del recorrido, cuando el bosque se puso muy denso y era difícil distinguir el camino. Pero me paré, respiré hondo y traté de no pensar en todas esas películas de terror, como la versión japonesa de El Aro o La Bruja de Blair, que de pronto vinieron a mi cabeza. Empecé a escuchar coches y cuando menos lo pensé ya estaba afuera del bosque, a un lado de la parada del camión que me acercaría mi hostal, en Fujiyoshida. Duré aproximadamente dos horas adentro.

De regreso a Fujiyoshida

En la noche fui al bar del hostal y platiqué con algunos locales sobre mi hazaña. Bueno, “platiqué”, ya que mi japonés era muy limitado, pero suficiente para hacer un poco de conversación; entre los comentarios, un señor me dijo que tuve mucha suerte porque en ese lugar, usualmente las brújulas y los celulares no sirven. Recuerdo con cariño que cuando les dije que era mexicana se emocionaron mucho, compraron shots de tequila, me invitaron a cenar con sushi y no me dejaron pagar nada. ¡Fue una bonita manera de terminar ese día!

Si alguna vez van a Japón y visitan el Monte Fuji, les recomiendo visitar el bosque, especialmente para los amantes de la naturaleza. No hay que dejarse llevar por las historias que cuenta la gente en internet, es un lugar muy especial, de mucha introspección y de conocimiento.

(*) Creadora de contenido y viajera lenta

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