La tiranía de lo políticamente incorrecto

Publicado el: 17 abril 2017

Cuidado con lo que digas, lo que pienses, todo aquello que escribas. Ten cuidado, mucho cuidado. Puedes ofender irremediablemente buenas conciencias, a personas que sostienen encarnizadas luchas contra la desigualdad, fieros combates por sus derechos inalienables. Recuerda: la libertad de expresión tiene límites, fronteras de acero. Sométete a la dictadura de lo políticamente correcto.

Paradójico -por no decir pendejo- es el ambiente que estamos creando en torno a lo que es correcto, oportuno, pertinente, deseable y hasta bueno decir; en contra, claro, de todo lo que sea ofensivo, sarcástico, humorístico y, dios no lo quiera, puede que verdadero.

lucha-e1492027729777Hay cosas que son mejor enterrarlas en mazmorras, donde los custodios del bien decir las mantengan a raya. Hace tiempo nos inculcan que es malo decirle pan al pan y vino al vino. La divisa de hoy son los eufemismos. Dejamos de llamarle a las cosas por su nombre o le cambiamos el nombre a las cosas. Lo políticamente correcto se arrastra cual boa, empieza a oprimirnos, asfixia y ocluye.

La libertad de expresión vive una crisis en las sombras. Que el lenguaje construye la realidad, la influencia, visibiliza situaciones y circunstancias, pues muy bien por el lenguaje. Y también, recordemos, la palabra nombra al horror por lo que es, a la miseria como tal y a la jodidez por su calidad de mierda.

Qué difícil fue vivir la década de los 80 llena de subnormales y tarados, maricas y maricones, putas y marimachas, pandilleros y pendencieros, mequetrefes prietos, sirvientas, fanaticadas religiosas, indígenas y toda clase de minorías oprimidas que, gracias a la corrección política, hoy han superado sus limitantes impuestas por esta sociedad en vías de consolidación democrática. (Sí, este párrafo es puro sarcasmo, por si alguien tiene duda o quiere interpretarlo en sentido literal: Es sarcasmo).

Más complicado resulta este siglo XXI, donde el discurso de lo políticamente correcto ha tomado por asalto a los medios de comunicación. Vivimos tiempos en lo que el empoderamiento de grupos de presión, a través de las redes sociales, busca imponer ideologías. Y lo consiguen: es la postverdad, que le dicen. En este imperio de las percepciones, gana el que denuncia haberse ofendido primero.

Existen, sin lugar a dudas, situaciones intolerables, condenables, que atentan contra la dignidad humana. ¿Ser políticamente correctos terminará el hambre, la guerra, la depredación de los recursos naturales, la pederastia, la violencia doméstica y un largo etcétera? Pienso que la tiranía de lo políticamente correcto nos arranca la capacidad de mentarle la madre en su justa dimensión a quien merecido lo tenga.

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