Viajar desde casa, el confinamiento y las palabras

“¿y si los misterios del viaje no hubieran existido
más que en la ilusión de los que han relatado sus viajes?”
-Rosa Beltrán

Por Guadalupe Meza

Suena trillado, pero es real, los libros le han permito al hombre, durante siglos, conocer sin tener que salir de casa. Suena impensable ahora porque los avances tecnológicos han vuelto al mundo un lugar pequeño y accesible, pero a finales del siglo XIX, el famoso poeta Arthur Rimbaud escribió sobre el mar sin haberlo visto nunca, inspirado por las lecturas de Julio Verne. Hoy, sin conocer el mar, podemos verlo a través de un dispositivo.  

Para los amantes del viaje, como todo aquel recorrido fuera de casa en el que descubrimos o nos redescubrimos, la pandemia ha sido fatal. Es difícil mirar adentro estando dentro. Sin embargo, la tecnología ha permitido conocer nuevos sitios sin salir de casa: documentales, fotografías, videos, recorridos digitales de los principales museos y sitios arqueológicos de México y el mundo han sido un respiro… hasta que uno descubre que las imágenes no son capaces de llenar el vacío del “viaje”. Porque como señala Mónica Lavín “el viaje, siendo desplazamiento, es lo que más cerca nos coloca de nosotros mismos, en un diálogo íntimo y refrescante donde nos preguntamos quiénes somos”.

Entonces, quedan las palabras como un olvidado pasaje a la imaginación. En este mundo de sobre estimulación audiovisual resulta complicado encontrarnos de frente con la palabra, interpretarla y permitirle su función de transporte. Sin embargo, al menos para mí, como para otros viajeros (como Rimbaud antes de viajar hasta África), resultan más efectivos los libros que cualquier otra artimaña visual, para llevarme lejos, allá donde conozca otras lenguas, otros paisajes, otras costumbres; donde conozca a otros que me enseñen cómo lo que hay allá, cabe también aquí, adentro, porque al final, Ítaca estará donde vayas, como decía el poeta Cavafis.

En estos tres meses, he viajado mucho gracias a diversos autores y su capacidad para hacernos soñar con otros lugares:

Ligeros de equipaje, cuentos de viajes y viajeros, compilación realizada por Mónica Lavin y Jorge Abascal.

Este libro de catorce cuentos nace de la inquietud que ha generado la pandemia respecto a la falta de viajes. Responde a esa necesidad del viajero y cada historia logra su cometido, el lector se enfrenta a las ilusiones y las desilusiones, conoce los destinos o vive sólo en la tortura del camino, pero en todos los casos, queda con la curiosidad satisfecha.

Cosas conocidas y extrañas, de Teju Cole.

Uno de los grandes descubrimientos que me trajo el encierro fue a Teju Cole. Este libro recopila algunas de sus vivencias en las que siempre se entre mezclan la travesía con la literatura; los lugares y la gente que conoce cobran sentido porque un antecedente en las letras o un afamado autor los valida. En cada viaje y en cada libro, Cole se encuentra o se construye y todo pasa a formar parte de él: la vida del viajero.

El castillo de los destinos cruzados de Italo Calvino.

El recorrido, el percorso es un tema recurrente en la literatura de Calvino, quizá porque su vida estuvo llena de viajes desde su nacimiento. En esta novela experimental, una serie de viajeros se encuentran y se conocen a través del tarot, algo así como lo que sucede cuando uno hace amigos en un hotel o en un crucero.

Mención especial para un libro inconcluso de Italo Calvino: Bajo el sol jaguar. Si bien es un libro que se concibió como un homenaje a los sentidos, el cuento que lleva el mismo nombre hace un recorrido gastronómico por Oaxaca en el que se redescubre al amor y al otro en uno mismo.

La vuelta al mundo en 80 días de Julio Verne.

Un clásico al que siempre da gusto volver y del que todos hemos escuchado (por lo menos) alguna vez. La historia sigue los pasos de la apuesta que realiza Fileas Fogg, gran inventor que se cree capaz de darle la vuelta al mundo en 80 días, el señor Fogg lleva de la mano al lector por paisajes, costumbres y transportes que a pesar de ser reales, nos parecen fantásticos.

Como dato curioso, siguiendo la misma técnica de Fogg, en 1889 la periodista Nellie Bly retó a Julio Verne y le dijo que podía hacer el mismo viaje en menos de 80 días. Lo logró, 72 días con 6 horas, a pesar de los problemas de clima y, sobre todo, los obstáculos que le impuso su género en la época.

Diarios de bicicleta de David Byrne.

La libertad de poder trasladarse en cualquier momento y de verlo todo, de estar en contacto con el entorno, es lo que nos transmite David Byrne en estas páginas. Diarios de bicicleta es un recorrido por la libertad, la autonomía, el descubrimiento y la sorpresa, aquellos elementos que vuelven adictivos los viajes.

Aún no tenemos certeza sobre los viajes, mientras tanto, podemos conocer a través de los ojos de otros y trazar con ellos, el camino a nuestro próximo destino.

(*) Escritora, viajera y editora de tiempo y medio.
Twitter: @Lupita_Meza_  |  Instagram: lupi.mesz

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