Ildefonso y Malú, fundadores de Revista Yucatán y amigos de Chuburná

Por Julio Leal Ortiz

Estaba en Chuburná Puerto, a la orilla de la playa, admiraba el revoloteo de los colibrís que acudían por néctar combinado con el oleaje del mar, la brisa fresca del mediodía y una charla de esas que no quieres que acaben, así tuve un ameno momento con Ildefonso Pérez Manzanero, fundador de Revista Yucatán, quien aparte de vivir en su retiro voluntario de su actividad que fue el periodismo, se dedica al diseño y construcción de residencias para los extranjeros.

Llegó un punto de su vida en el que decide retirarse de la actividad citadina y empresarial, con el sueño de tener unas cabañas para rentar y vivir en una de ellas, pero las circunstancias de la vida hicieron que todo tome un giro drástico, y así fue como diseñó y construyó una casa tipo maya, con techos preponderantes, paredes elípticas y amigables con el ambiente. Terminada la construcción un extranjero le preguntó quién la había diseñado, a lo que le respondió que él mismo. En ese momento le surgió la idea de comenzar esa nueva etapa laboral y desde hace 16 años no ha parado de construir decenas de casas y ha gozado de una vida que muy pocas personas pueden darse el lujo de tener, eso sí, con la sencillez que lo caracteriza.

“Mérida es una ciudad enferma” me afirmó, “la gente vive estresada, la irritabilidad causa estragos sociales”. Cuando vivían en la ciudad en alguna ocasión le planteó a su esposa Malú la opción de buscar un lugar para ellos con mejor estilo de vida. Hacer, deshacer, resolver cuestiones laborales, fueron los primeros pasos para emprender esta aventura, “yo no voy a ir a emprender una nueva vida, viviéndola de recuerdos”. En este punto de su vida se sienten mejor de lo que se imaginaron.

¿Cómo era hace 16 años y cómo es ahora? Le pregunté. El mismo –inmediatamente me contestó-. Es social, conversador, le gusta la fiesta, responsable y preocupado por la sociedad. Le tocó vivir, tener y estar en esta casa, sí, pero ese toque de humildad jamás se borrará de su sonrisa. A las 4:30am ya está de pie, tomando un cafecito e informándose del acontecer, manteniendo limpia la calle, recolectando conchas y caracoles, pasear con “Lobito” y “Trenta”, ver que las obras estén en marcha, son parte de la rutina que tiene, eso sí, a las 4 de la tarde, ni un golpe más, a disfrutar lo que queda del día. 

Su filosofía de vida es “el único modo de ser feliz, es ser bueno”, y de ahí se deriva algo de su propia cosecha que dice “es bueno ser bueno”. Ildefonso es una persona que se ha preocupado por leer, aprender, escuchar, intercambiar puntos de vista y que le han dado un océano de conocimientos. “Con poco te llenas, inclusive no sólo el estómago, hasta el espíritu”, concluyó.
Antes de terminar rescato un fragmento de la última carta editorial que escribió, antes de entregarle la estafeta al Sr. José Luis Preciado:
“Cuando tienes claro que lo material y el alcanzar ser ‘el más rico del cementerio’ no figuran en tu escala de valores -objetivos de tu vivir-; cuando todo eso se da, hacer un alto en el camino se impone…”
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