Turismo oscuro

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Turismo oscuro

Por Guadalupe Meza 

 
También conocido como tanatoturismo o ‘dark toursim’, es un término utilizado para designar los sitios que se han vuelto destinos turísticos por tener alguna historia trágica detrás y que además, involucra muertes. Por ejemplo, la reciente moda que trajo consigo la miniserie Chernóbil de viajar a la famosa ciudad donde sucedió en accidente nuclear.  

El ser humano es curioso por naturaleza y si algo sabemos, sobre todo los mexicanos, es que disfrutamos de esa adrenalina que nos provoca mirar de frente a la muerte, ¿no es acaso ese el gusto de pintarnos de catrinas y catrines? Tener presente que hoy estamos vivos y quién sabe si mañana también.  

No sorprende, pues, que México sea una recomendación natural para los amantes del turismo oscuro. Incluso el periodista David Farrier en su serie documental Dark Tourist, le dedica el primer capítulo a México para conocer más sobre el culto a la Santa Muerte en Tepito y hacer un tour guiado para pasar la frontera como indocumentado. Y francamente se quedó corto, porque México está lleno de leyendas y sitios misteriosos, también es normal que extranjeros se encanten y aterren con las representaciones de calaveras y monstruos de manera festiva, como ocurre en el Día de Muertos o con leyendas como las  de las Momias de Guanajuato. 

Me gusta pero me asusta  

Se lo pregunta constantemente Farrier en su documental, pero también se lo preguntan los agentes viajeros y los turistas mismos: ¿Qué lleva a un grupo de personas a querer conocer un campo de concentración en Polonia o un bosque donde continuamente se suicidan personas en Japón? Las respuestas son variadas, pues cada sitio o tradición reconocidos como dark tourism representan algo diferente para los locales; pensemos en el respeto de los berlineses por los rastros del muro de Berlín que permanecen como una cicatriz por toda la ciudad o la importancia histórica y arquitectónica de panteones como el Cementerio de la Recoleta en Buenos Aires, o el Cementerio de Montparnasse en París. 

Nuestra historia está construida sobre cadáveres y es normal que los monumentos más importantes contengan los restos físicos de nuestros héroes; el Ángel de la Independencia o la Rotonda de los Jaliscienses Ilustres, por ejemplo. Conocer nuestro pasado también implica enfrentarse a escenas poco agradables y reconocernos humanos, es decir, que somos mortales y además, capaces de lastimar a otros por una ambición que resulta absurda y mundana frente a la perdida de vidas inocentes (Hiroshima y Nagasaki, por mencionar algunos casos).  

El turismo negro tiende a verse como algo morboso y masoquista. Y es que sí hay algo de ello, es innegable: ¿qué te hace querer conocer la Isla de las Muñecas en Xochimilco o la famosa Mansión Winchester en California? Detrás está la búsqueda de una experiencia paranormal, pero también responde a una necesidad de entender y de vivir; de lograr ver más allá de lo que creemos que existe.  

El gusto por los eventos paranormales y por los sitios en donde ocurrió un crimen también es una manera de conectar con la monstruosidad que todos llevamos dentro para controlarla; mirar la calle Cielo Drive (donde ocurrió el asesinato de Sharon Tate) y preguntarse, ¿qué lleva a alguien a cometer semejante masacre? Es como aterrizar dentro de una película de terror después de que han pasado los hechos y saberse a salvo, tanto de ser el monstruo como de ser la víctima.  

Más negro que la noche  

Este tipo de turismo permite también un rencuentro y apreciación estética de lugares que han sido abandonados o no concuerdan con la estética general de una ciudad: los oscuros túneles de Guanajuato en una ciudad tan colorida, o la trágica historia de la cárcel de la Isla de Mezcala en medio de un paisaje paradisíaco como es el lago de Chapala. Incluso, algunos expertos del tema se refieren a algunos cenotes como un destino de tanatoturismo por su relación con los sacrificios mayas.  

Hay que tomar en cuenta que para realizar esta clase de turismo es necesario ser respetuoso y cauteloso, pues para algunas personas forma parte importante de sus tradiciones o representa una herida profunda en su pasado cultural y no les hace ninguna gracia ver selfies de caras felices en Chernóbil o Auschwitz. Así que si estas pensando aprovechar la temporada para conocer las casas embrujadas o los pueblos fantasmas más cercanos a ti, investiga primero el tipo de patrimonio cultural que representa para los locales y la situación legal de los espacios (hay muchos predios abandonados que continuamente son vandalizados y pueden ser peligrosos por presencias reales: delincuentes o animales venenosos).  

Recordemos que todos los fantasmas tienen una historia qué contar y es interesante acercarse a esos sitios para aprender de ellos, siempre desde el respeto y la cautela: tampoco te obligues a vivir experiencias para las que no estás preparado.  

(*) Escritora, viajera y editora de tiempo y medio. 

Twitter: @Lupita_Meza_  |  Instagram: lupi.mesz  

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