La nieve no es como la pintan… y también sí

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La nieve no es como la pintan… y también sí

Por Ana Laura Preciado

El cielo comienza a revestirse de gris, las nubes pierden sus definidas siluetas para componerse de tiznes ahumados y monótonos. La temperatura ambiente está bajo cero, por lo que sientes mucho frío, pero curiosamente cada vez un poco menos, así que el azote del viento sobre tu rostro es soportable… todo esto sucede cuando, inesperadamente, cae el primer copo de nieve.

La euforia recorre tu cuerpo y giras emocionado para observar la reacción de las otras personas que están cerca de ti.  La ventisca ruge hurañamente y trae consigo a más cristales de hielo que descienden lentamente cual danza novelera, que se van posando suavemente sobre tu chamarra.

Con fascinación contemplas la geometría de los cristales y confirmas de una buena vez que la imagen tradicional que nos pintan en la televisión sobre los copos nieves es real, es auténtica: son hexágonos microscópicos que descienden del cielo, una infinita lluvia de estrellas congeladas que nacen y crecen del firmamento, para volver el escenario borroso.

Entre las precipitaciones, logré divisar figuras imprecisas pero admiradas por la primera nevada que llegaba a la encantadora Montreal, una de las ciudades más grandes en Canadá Algunos transeúntes se detenían a captar el momento mágico de la nieve cayendo, otros más, corrían presurosos a refugiarse de la helada bruma que nos envolvía cada vez más.

La nevisca arrecia y el suelo súbitamente se tapiza con un manto adiamantado que invita hasta el más aterido, a lanzarse sobre la aparentemente esponjosa nieve para jugar con ella.

Después de un rato, decidí sentarme a contemplar la escena una vez más, mientras me bañaba bajo aquella maravillosa nevada. También, decidí reflexionar acerca de lo que observaba y sobre cómo me sentía.

Estas fueron mis conclusiones:

  • La nieve es romántica, pero también despiadada: como turista la idealizas y la disfrutas pero como local, la sufres y la trabajas.
  • La nieve es suave, pero asimismo dolorosa: durante la nevada, los copos acarician dócilmente tu piel; transcurrido cierto tiempo, la nieve acumulada se congela y el piso se transforma es una trampa resbalosa a la que hay que tratar con cuidado… tanto residentes como viajeros, uno a uno, caímos al suelo, víctimas de la superficie glacial.
  • Simplemente, la nieve representa una dualidad tangible: es muy bonita, pero solo por un rato.
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