París en tiempos de pandemia

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En cualquier otro momento sería imposible ver un panorama similar de la Ciudad de la Luz: con las principales avenidas vacías, sin autos, ni ciclistas, ni gente paseando, y ese silencio impensable a las dos de la tarde

Por Ada Lía Tzab Poot*

Tras el anuncio del presidente Emmanuel Macron el pasado 12 de marzo de detener las actividades no esenciales, hice un balance de los pros y contras de mantenerme en Francia, pues mi situación económica, como la de todos, se desbalancearía durante el confinamiento. Le planteé la situación a la Embajada de México y me brindaron apoyo económico para mi regreso a casa.

Me encontré caminando por algunas calles del primer y segundo distritos de París, ubicados en la zona central de la ciudad. En mi camino hacia la Embajada no pude dejar la oportunidad de salirme un poco de la ruta para disfrutar brevemente del paisaje, ya que los desplazamientos son limitados y deben ser justificados con una declaración en papel firmada. La extraña sensación del abrumador silencio y la tranquilidad en las calles era increíble, un enorme contraste con la tensión de los últimos días.

La primavera llegó adelantada este año y ha estado llena de días de cielo despejado color azul brillante, días templados y las flores y árboles dejando ver sus primeros retoños. El alma puede respirar en momentos de dificultad al ver la naturaleza reverdecer y el sol brillar. Entre las mil y un dificultades de estos momentos, sin duda fue un privilegio contemplar escenas como ésta y apreciar cierta paz que se opone al ambiente general.

Es curioso cómo nos afecta a todos de diversas formas, pues para algunos se trata de esperar en casa y para otros nos define el final de una etapa importante. De nueva cuenta, era momento de poner mis sueños en las maletas. Me despedí de mis caseros con mucho sentimiento por no poder abrazarlos, y mi habitación quedó vacía.

Afortunadamente pude retornar en un vuelo semivacío de París a la Ciudad de México. Fue impactante llegar al aeropuerto internacional “Charles de Gaulle” en París y encontrarlo desierto, con apenas unas ventanillas abiertas y contados agentes de las aerolíneas. 

Después de un trayecto de la CDMX a Cancún, finalmente pude emprender el último tramo hacia mi natal Motul en automóvil. Esta travesía fue complicada, pues en el camino encontramos que diversos poblados tenían bloqueado el acceso, por lo que tuvimos que buscar múltiples rutas alternas que resultaron en un viaje de más de cinco horas.

(*) Arpista yucateca, Licenciada en Artes Musicales y actualmente estudiante del Conservatorio Regional de Rueil-Malmaison.

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