Mi experiencia en un pueblo pequeño

Mi experiencia en un pueblo pequeño

Por Abraham Guillén

Las calles silenciosas de un pueblo pequeño se disfrutan, a veces se escucha a lo lejos los niños jugar, en un pueblo pequeño es donde aún se conservan algunos de los juegos tradicionales de Yucatán, como trompo, canicas, caza venado, kimbomba, entre otros. Parece ser que el tiempo se ha detenido, las tradiciones aún se conservan. En un pueblo pequeño se vive totalmente diferente que como se acostumbra en la ciudad.

El pueblo del que estoy hablando es Maní, se encuentra a 100 km al sur de la ciudad de Mérida. Es común ver a los turistas pasearlo. Con su arquitectura e historia atrae a mucha gente, es una parada obligatoria si estás de paso por Yucatán. Su nombre viene de la lengua maya, significa “Ahí pasó”. Se le atribuye el nombre al ocurrir un suceso importante de la historia, conocido como “Auto de fe” donde se quemaron códices y libros de la cultura maya en el afán de los frailes por cristianizar a la población maya.

Caminando por las calles te encuentras con una gruta custodiada por una enorme ceiba, con acceso al público. Cuenta la leyenda que cuando llegue el fin de los tiempos y toda el agua se agote, sólo en esta gruta brotará agua, entonces llegará una anciana que se encargará de vigilarla y para poder obtener tan preciado líquido deberás sacrificar a un bebé que a su vez ella se lo otorgará en ofrenda a una serpiente quien es Kukulcán, a cambio te ofrecerá en una cáscara de cocoyol un sorbo de agua y que después de beberla ya no sentirás más sed. Con cuidado bajas a la gruta por unas escaleras de piedra, algo descuidadas, mas eso no le quita lo interesante; cuando llegas al final mira hacia arriba y observarás un agujero que da hacia el cielo y a un costado se encuentra un pequeño manantial razón de la leyenda.

En el centro de Maní está el convento San Miguel Arcángel, su color marrón destaca a lo lejos; tiene una explanada que te deja disfrutar de ella mientras cae el sol, también puedes descansar en las banquetas del parque que tienen una vista muy buena del convento.

Adentrando al convento te maravillas con la arquitectura de la fachada principal adornada por relieves. A un costado hay un pequeño cuarto donde puedes pedir información y comprar algún souvenir. La iglesia normalmente está abierta, en atención a los visitantes. Puedes pasear por todo el convento, llegar a un cuadrángulo adornado con palmeras en el centro, también tiene un segundo piso, aquí es el lugar perfecto para hacer fotos de recuerdo de tu visita.

Algo que encuentras fácilmente son las tiendas de bordado donde abundan las blusas, playeras, pulseras y bolsos hechos a mano o con máquinas de coser, confeccionados por los mismos habitantes, en diferentes precios dependiendo de la calidad o lo elaborado de las prendas.

Durante el recorrido verás pequeños puestos de comida para que puedas satisfacer tu hambre, o si lo prefieres, puedes ir a los restaurantes que se encuentran en el centro y pedir un platillo tradicional como el poc chuc.

Aquí practicante hay de todo un poco para escapar un fin de semana y hacer algo diferente de lo habitual. En Ticul, municipio vecino, encuentras hoteles por si quieres pasar la noche en esta zona sur del Estado.

Si visitas Maní quedarás encantado y no te faltarán las ganas de contarle a tus amigos o conocidos lo mágico que es y querrás volver. ¡Vive la experiencia de éste u otro municipio que no conozcas!

Instagram: @verdeguillen

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