Turismo

Improvisar no siempre es divertido

 

Incluso… morir en el intento

Por Gabriela Pérez

Viajé a San Francisco de Campeche para disfrutar su carnaval, nunca hago viajes improvisados, siempre trato de planear todo con anticipación, incluso si es una escapada de fin de semana, pero en esta ocasión me decidí por hacerle caso a mi anfitriona que habita en “la tierra del pregonero”. Llegué justo para el evento que llaman “Bando”, la celebración más grande de su carnaval; fue una verdadera odisea llegar hasta un lugar en el que el tráfico no estuviera saturado.

CAM_campeche17Tenía separadas unas sillas, pero el reloj estaba en mi contra y las fiestas de Momo ya comenzaban a poner eufórica a la multitud, así que mal que bien y con mi nevera con mucho hielo, refrescos, aguas y unas cervezas que comenzaban a sudar, decidí instalarme, junto con mis primos, en un pequeño espacio que encontramos por ahí.

Después del paseo que duró lo suficiente como para entretener a todas esas almas ávidas de esa fiesta carnal, muchos se trasladaron al “foro”, una explanada semejante a lo que los yucatecos conocemos como “la plancha”, otros más decidieron quedarse a tomar sus cervezas y botanear en el malecón que regala una vista inigualable, por mi parte, decidí ir en busca de un hotel, no les voy a complicar el texto con las largas vueltas que dimos recorriendo un gran número de hoteles, no omito comentar que el auto iba lleno y nuestros ánimos decaían poco a poco, después de casi dos horas, encontramos un hotel el cual mi prima bautizó como “el hotel del terror” un lugar que poco tenía relación de calidad-precio, bastante grande, pero con habitaciones a las cuales no podría llamar rústicas, sino antiguas, con el teléfono de esos que los Millenials y generación Z ven como reliquia, una televisión que tenía la panza muy gorda y podría aseverar que la alfombra tiene muchos años de vida. No quieroIMG_2181 causar una confusa opinión al lector, quiero aclarar que todo esto sucedió debido a mi mala organización, Campeche me parece un lugar por demás pintoresco y bastante agradable para pasar unas vacaciones tranquilas.

Casi al final de la noche, un pequeño alto de disco fue ignorado por la persona que manejaba el auto en el que íbamos, tuvo un choque que parecía más aparatoso de lo realmente fue, no debo omitir que ese auto era en el que llegamos a Campeche y en el que evidentemente pensábamos regresar, ahí permanecimos hasta las 4 de la mañana, todos agotados y decepcionados, ya no había manera de ir a visitar las murallas y los baluartes, decidimos tomarlo a la ligera y aprovechar el resto del día. Mi moraleja es, que aquel dicho que menciona que lo improvisado sale mejor es totalmente lo contrario. Tenemos un artículo que habla de cómo preparar una escapada y no morir en el intento, hazle caso a tus instintos, y sobre todo planea con anticipación, para que tu pequeño viaje no sea un paseo del terror.

 

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