Chuburná Carboneras: Edén perdido del carbón

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Chuburná Carboneras: Edén perdido del carbón

Texto: Ana Preciado

Fotografías: Julio Leal Ortiz

Envuelta entre un amasijo de sinuosas ramas, frondosos mangles con variados colores y el bullicioso parloteo de las cigarras se encuentra la zona de petenes del puerto de Chuburná, Yucatán, mejor conocido como Carbonera.

La razón de su nombre se remonta a 80 años atrás, cuando en Yucatán existía una auténtica mina -involuntaria- natural de carbón, ahí la gente iba y venía en el trajín de producir y transportar carbón de un gran petén en medio del mar. Para crearlo, cubrían una extensa porción de suelo con ramas y plantas, para luego encender fuego y obtener el producto final, unos pedazos de madera tiznados: el carbón vegetal. Dentro de los sinuosos caminos rudimentarios perdidos en los bosques de manglar, se podían distinguir varios rieles de truck el cual transportaba el carbón hasta la costa de Chuburná, para luego ser llevado en chalanas palanqueadas con un largo palo de madera, hasta las playas de Progreso y Sisal con el fin de ser distribuido al exterior.

Don Mario Villajuana Canul, proveedor de servicios turísticos desde hace más de 18 años en el puerto de Chuburná, nos cuenta esta historia mientras nos encaminábamos al cenote Dzul Há, epicentro natural y turístico de Chuburná Carbonera, que se consagró con tal nombre debido a aquella actividad pasada de la que todos los de por ahí conocen, pero de la que al que final, ya prácticamente nadie habla.

El trayecto hasta el ojo de agua es una verdadera aventura debido a que luego de salir del puerto de abrigo hacia mar abierto en una lancha rápida, a la mitad del camino ésta se detiene y se ancla para continuar con la odisea sobre unos kayaks que nos llevarían hasta el destino.

La remada puede ser un trabajo individual o en equipo, durante el camino se puede apreciar la rica fauna que caracteriza al sitio como las silenciosas mantarrayas, los cangrejos que caminan presurosos sobre la arena o el sinfín de vigías del viento: las fragatas, las golondrinas marinas, los p’onto’ o pelícanos, entre otros.

Una vez llegado al petén que custodia entre sus ramas al cenote Dzul Há, el recorrido en kayak se torna en un espectáculo natural ante el ojo humano: el frondoso bosque de manglar se vuelve un largo túnel color esmeralda por las viejas y boscosas ramas de mangle rojo, negro y botoncillo abrazadas entre sí; el agua es de un color tan diáfano, que puedes contemplar a tus manos danzar ligeramente dentro de ella. Es un sitio aislado y solemne donde únicamente se escucha el piar de los pájaros, el repique de los remos en el agua y el sutil rozar de las hojas (posiblemente por un animal atravesando las ramas).

El núcleo del petén es aún más espeso, lo que resalta la ferocidad del ojo de agua rodeado de incontables plantas, un mullido lodo con pequeños cangrejitos saltarines y en medio del cuerpo de agua, se alza un mangle rojo gigantesco de más de 100 años de antigüedad.

Después de tan larga remada, era hora de echarse un chapuzón*. El agua calma del cenote te recibe ceremonioso, por lo que una vez dentro de ella tu cuerpo recupera energías y entras en un estado de paz que solo un sitio fundido entre la naturaleza podría brindarte.

Pasada la media hora, llegaba el momento de subirnos nuevamente en los kayaks, para regresar a la balsa anclada y de ahí ser transportados a una playa apartada sobre la misma franja costera de Chuburná.

El cambio radical de agua dulce (por el ojo de agua) a salada, quizá lo resientan algunas pequeñas heridas que tengas y que igual desconoces su existencia, aunque el panorama hará que valga la pena.

Entretanto en el bote, Don Mario se encontraba preparando un jugoso ceviche de frescos pescados variados, aderezados con brotes de cilantro, trozos de tomate, cebolla y bañados en jugo de limón indio, acompañado con bebidas para hacer de tu recorrido una experiencia completa.

Mientras devorábamos el ceviche, Don Mario nos comenta que el huracán Gilberto abrió varios senderos que facilitaron el acceso de las lanchas a  esas nuevas ‘playas’ o zonas costeras. Actualmente son áreas recreacionales donde locales y extranjeros vienen a pasar un rato y disfrutar de la brisa marina.

Por último, ya al haber escuchado las historias de Don Mario, haber nadado por un buen rato en el agua y degustar un sabroso y condimentado ceviche, aprovechamos para tomar unas cuantas fotos para la posteridad, ya que por más cerca que se esté de Mérida, uno se pregunta cuándo volverá a tener el tiempo suficiente para regresar y disfrutar de tan magnífico entorno.

Si estás en Yucatán aprovecha las maravillas de la zona, acércate más a la naturaleza y convive con ella a través de los tours que ofrece Don Mario, quien sigue todas las medidas de higiene necesarias y requeridas por el Gobierno del Estado y que además del recorrido por lancha y kayaks con destino a Dzul Há, también ofrece un tour de pesca recreativa y la renta de kayaks.

Los tours salen a las 8:00 a.m. del puerto de abrigo de Chuburná y terminan poco después del mediodía. Además, tienes la posibilidad de llevar tu propia comida y bebida, ¡es tu decisión!

Asómate a la Península y conoce este edén perdido del carbón conocido como Chuburná Carbonera, verás que se quedará guardado por siempre en tu corazón.

(*) No olvides llevar tu traje de baño y usar un bloqueador solar biodegradable, que no afecte el medio ambiente.

¿Quiéres formar parte de esta aventura?

¡Contacta a Don Mario Villajuana!

Tel.- (999) 351-38-00

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