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Tolerar la violencia

Posted on 20 Enero 2012 by Virginia Carrillo

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Desafortunadamente la agresión física o simbólica al otro es una forma normalizada de interacción social. Aquí el relato de dos incidentes que conducen a la reflexión

Por Virginia Carrillo.

Hace poco escuchaba en una entrevista al productor de televisión Epigmenio Ibarra afirmar que “la discriminación es negarle la humanidad al otro” y que en ello está uno de los orígenes de la violencia que actualmente  ahoga en sangre a nuestro país. Más allá de la cifra espeluznante de asesinatos que todos los días perpetra el crimen organizado en México, la inferiorización y la negación de la dignidad humana del otro es una forma de relación que está normalizada en nuestra sociedad y que se manifiesta con la discriminación de variada índole que se ejecuta en las esferas de lo personal, lo familiar, lo comunitario y lo público.

Así, todos los días vemos y vivimos actos de violencia de múltiple intensidad que va de lo simbólico a lo físico en cualquier interacción de la convivencia social, pero que al ser tan frecuentes y corresponder a creencias de la dominación y la superioridad de unos sobre otros, no los detectamos como tales. La reflexión viene a cuento a raíz de dos incidentes ocurridos en la celebración familiar por un bautizo a la que asistí, donde se puso en evidencia la violencia cotidiana con la que nos relacionamos, caso particular que es reflejo de lo que ocurre en lo macrosocial: Primero, la mujer que controlaba el desarrollo del ritual en la parroquia donde se efectuó el acto religioso, impidió a una pariente joven pasar a hacer una lectura en voz alta porque, según su criterio, eran ajustados los pantalones que llevaba. Discriminación por el atuendo, control desde una perspectiva machista de lo femenino que amenaza –según el retorcimiento propio de la misoginia- con su presencia. No faltó quien opinara que la muchacha “debió vestirse de otra forma”…

Después, durante la fiesta, un invitado de nombre Saúl Felipe Peraza García, golpeó a dos sobrinos míos de cuatro y tres años de edad para bajarlos de un juego infantil que quería para su hija. Aprovechando la ausencia de los padres y de otros adultos, se quitó los zapatos, se subió al juego –era uno de los llamados “brincolines” – sujetó a los niños, le pegó a uno en la espalda y al otro le propinó una nalgada. Los menores llorando corrieron a buscar refugio en los brazos de sus papás y sí hubo personas que alcanzaron a ver la agresión. La reacción de los adultos, padres y abuelos, fue reclamarle a gritos, algunos de ellos fuera de sí, pero el agresor con actitud retadora no se retiró del lugar. Aparte de la gravedad del hecho, me sorprendió después enterarme de que varios asistentes se sintieron molestos porque el escándalo consecuente “descompuso” la fiesta, sin darse cuenta que el responsable del acto de violencia nos hizo víctimas a todos, además de los niños golpeados, principalmente a los anfitriones que amablemente habían invitado al señor Peraza y su familia. Esa postura del disimulo, del silencio para “no escandalizar”, incluso de justificar su proceder, es lo que permite que la violencia se perpetúe, no reciba sanción y siga haciendo daño.

Es lo mismo en el lamentable caso del empresario Miguel Sacal. Si el video de la golpiza que le propinó al recepcionista de un edificio no hubiera sido difundido, quedaba impune, por lo menos del castigo que representa la denuncia pública que muchas veces pesa más que aquel que proporciona la propia ley. Una feminista me sugería hace poco una táctica que puede ponerse en práctica en lo cotidiano para contribuir en la eliminación de la violencia: al detectarla, hacerla evidente y después con el diálogo deconstruirla (¿Te das cuenta que tal acción es violencia?).

Negar la violencia simbólica (por los pantalones ajustados) o física (golpes a los infantes) la invisibiliza, la perpetúa y nos hace a la vez víctimas y cómplices de ella. Por eso, si deseamos tener una sociedad justa y que respete y reconozca la dignidad de todos sus integrantes, nunca bajo ninguna circunstancia se debe tolerar la violencia. Venga de quien venga y en el sitio y circunstancia que sea.

 

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Tener o no tener una presidenta

Posted on 07 Enero 2012 by Virginia Carrillo

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Por Virginia Carrillo.

En un primer golpe de vista podría pensarse que a quienes creemos en las causas del feminismo, nos atrae la sola idea de tener en México a una mujer presidente o presidenta (aunque a los puristas del lenguaje no les guste la expresión). Pero es importante desgranarlo con cuidado, haciendo algunas puntualizaciones sobre las búsquedas del feminismo y el contexto machista y sexista de nuestra cultura. Una falsa creencia es que la mujer por el sólo hecho de serlo es feminista, y un hombre, por su sexo, no tiene otro destino que ser machista. No es así, el machismo es una forma de masculinidad que se reproduce y perpetúa socialmente, hecho en el que participan tanto hombres como mujeres, de modo que encontramos en todos los estratos hombres y también mujeres machistas y a poca gente que entiende lo que en realidad es el feminismo, reduciéndose en el imaginario popular a una oposición excluyente machismo/feminismo, o a lo que se ha popularizado desde la cultura de masas como guerra de sexos. Nada más lejano.

De este modo, el feminismo que entre otras cosas busca la igualdad entre hombres y mujeres, la erradicación de valoraciones y roles asimétricos –por el sólo hecho de la diferencia anatómica–, y la justa participación de todos y todas en los diversos ámbitos de la vida social, no siempre se refleja en el desempeño político de las mujeres que ocupan cargos públicos. Cuántas veces hemos visto a diputadas, senadoras, mujeres en cargos del poder ejecutivo o en la impartición de justicia, que en una errada idea del feminismo adoptan un discurso sobre lo femenino que no es otro que el impuesto por la tradición patriarcal, pero presentado como “feminista” o “a favor de las mujeres”, y que además ejercen el poder con un machismo invertido radical y nada benéfico para la ciudadanía.

Por eso habrá que tener cuidado cuando desde una estrecha visión sexista se tienda a creer que el simple hecho de conseguir que una mujer llegue a la presidencia de la República será un triunfo de las causas feministas. Y desde esa misma visión cuántas veces me ha tocado escuchar últimamente la pobre expresión “no por favor, otra mujer más gobernando no”, lo que proviene de la creencia aún vigente de que las mujeres no deben desempeñarse en el espacio público porque les corresponde el privado y la transgresión de esa norma trae malos resultados. Tristemente sigue viva la sentencia que hiciera el escritor decimonónico Manuel Payno en sus Memorias sobre el matrimonio: “Una mujer que no sabe coser y bordar, es como un hombre que no sabe leer ni escribir”…

 

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Escritura lúdica: Aliteletras

Posted on 07 Diciembre 2011 by Virginia Carrillo

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 Por Virginia Carrillo.

En estos días en que el asunto del hábito de la lectura ha sido de interés incluso en la política, es alentador conocer el trabajo de quienes se dirigen a donde dicho hábito ha de tener su origen: la infancia. Es el caso del poeta yucateco Fernando de la Cruz, que acaba de presentar su libro de poesía “Aliteletras, de la A a la que quieras” publicado por Editorial Dante.

Esta colección de poemas lúdicos consiste en una propuesta para interesar a los niños y niñas en el mundo de las letras, mostrando de forma sencilla la amplitud de posibilidades de interpretación y de significados que permite la buena escritura, aquella que brota de la espontaneidad y del talento.

Fernando de la Cruz dice que dejó que se expresara su niño interior –ese que todo adulto lleva dentro pero que el entorno social manda reprimir– para escribir versos como este: “Remojada hasta su punto, jaló la jota un pez”. Además la publicación está ilustrada por Humberto Irigoyen, quien supo armonizar las imágenes con los textos a partir de trazos divertidos que resultan muy atrayentes a la vista de cualquier lector potencial.

Convertir el oficio de la escritura en un modo de ver la vida y además compartirlo de manera entusiasta, es lo que caracteriza la vocación de este poeta yucateco que se esfuerza por impulsar el hábito de la lectura cada sábado en el evento Café Poesía y que se dedica a la docencia en la Escuela de Creación Literaria del Centro Estatal de Bellas Artes. Máster en Español por Ohio University, Fernando de la Cruz es autor de “Redentora la voz” y de “Seven Songs of Silent, Singing Fireflies” y ha obtenido diversos premios de literatura, tanto nacionales como regionales. Aliteletras se puede adquirir a un precio módico (49 pesos) en las Librerías de Editorial Dante.

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Medalla a Roldán

Posted on 05 Noviembre 2011 by Virginia Carrillo

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Por Virginia Carrillo.

Al fin le otorgan la medalla. Ha pasado mucho tiempo desde que se hizo merecedor de recibirla y ya la tendrá este año. El narrador, poeta, ensayista, crítico de arte, investigador, además de traductor y dibujante, Roldán Peniche Barrera, recibirá la Medalla Yucatán 2011 el próximo 21 de noviembre.

Hijo del insigne escritor yucateco Leopoldo Peniche Vallado, don Roldán ha ocupado cargos públicos relacionados con la literatura y la difusión cultural: ha sido director de la hemeroteca José María Pino Suárez, coordinador de Bibliotecas Públicas Municipales y director de Literatura del Instituto de Cultura de Yucatán. Además se ha desempeñado como secretario del Fondo Editorial de Yucatán y como miembro y secretario de la Academia Yucatanense de Ciencias y Artes. Actualmente es presidente del Consejo Editorial del ICY.

Ha coordinado varios talleres literarios y es autor de veintiocho libros entre ellos El libro de los fantasmas mayas, La sublevación del brujo Jacinto Canek, Bestiario Mexicano, Yum Pol, el escriba de Dios; Veneración del dios efímero y otros relatos, Historia de un lunes, Versos de luna negra y La pasión según Cristóbal Cupul, entre otros.

Sus poemas a Mérida que construyen imágenes sobre nuestra ciudad desde una perspectiva distinta a la común, tienen la singularidad de mantener el aliento tradicional de la poesía yucateca siendo a la vez francamente contemporáneos. Asimismo su trabajo literario refleja fielmente el espíritu de la yucatequidad, como puede constatarse en su libro Yucatán insólito.

Don Roldán Peniche ha traducido a Freud y a Tennessee Williams y recientemente tradujo y prologó la primera edición en español de El Egipto Americano, testimonio de un viaje a Yucatán, mejor conocido como “El libro negro de Yucatán” que fue publicado a principios del siglo XX por un par de ingleses, Channing Arnold y Frederick J. Tabor, tras haber pasado una temporada en estas tierras y conocer los horrores de la esclavitud del pueblo maya en las haciendas henequeneras.

La Medalla Yucatán la otorga el Gobierno del Estado de Yucatán desde 1967, la han recibido entre otras personalidades de la cultura y el arte, el poeta Ricardo “El vate” López Méndez, el pintor Fernando Castro Pacheco, el compositor Enrique “Coki” Navarro, la investigadora Sara Poot Herrera y el actor Arturo de Córdova. Con el maestro Peniche Barrera, la Medalla Yucatán 2011 la recibirá también el promotor de la canción yucateca, Raúl Esquivel Díaz, quien ha sido por más de 20 años representante en la Ciudad de México de la asociación Los Amigos de la Trova Yucateca y del Museo de la Canción Yucateca.

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La desilusión de Chichén

Posted on 18 Septiembre 2011 by Virginia Carrillo

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Por Virginia Carrillo

Andrea es un italiano oriundo de la región de Friùli, que por mucho tiempo tuvo la ilusión de conocer Chichén Itzá. Las imágenes del Castillo de Kukulcán lo seducían y lo llamaban sobre todo después de que tantas veces las vio en promociones motivadas por la designación de esta zona arqueológica como una de “Las nuevas siete maravillas del mundo”.
Cuando al fin llegó la oportunidad de viajar a la península de Yucatán, lo primero que hizo fue ir a conocer Chichén Itzá. Pero aquella imagen imponente y admirable que guardaba se desmoronó con la desagradable experiencia que vivió durante su visita. Y no porque los edificios arqueológicos fueran menos de lo que esperaba, no, el desencanto se produjo por el ambiente que rodea la zona debido al dominio que tienen sobre ella los vendedores de recuerdos y artesanías que invaden prácticamente todos sus senderos. Y aunque muchos rompen con la atmósfera del lugar al estar instalados en interminables mesas a lo largo y ancho de sus terrenos pregonando sus mercancías, lo peor es la presencia de aquellos que persiguen y acosan a los turistas durante toda su estancia en la zona. Desde que ingresan hasta que salen. No los dejan tranquilos ni un momento.
Andrea salió de ahí disgustado y prácticamente huyendo. Expresó “jamás regresaré” y cuando estuvo frente a una computadora escribió su experiencia para advertir a otros en una de las páginas de turismo que conoce –y que los europeos suelen consultar con frecuencia para planear sus viajes–. Lo que más le molestó es que los vendedores se le acercaran con un silbato que hacían sonar cerca de él, emitiendo un ruido parecido a un grito y que se rieran cuando reaccionaba asustado: “¡Se están burlando de mí!”, decía incrédulo.
Desde la administración estatal pasada, cuando siendo Patricio Patrón gobernador de Yucatán se obtuvo la designación de Chichén Itzá como nueva maravilla del mundo, y en la actual que encabeza Ivonne Ortega, se le ha explicado a la ciudadanía que es necesario invertir grandes recursos para la promoción turística del estado. Las bellezas naturales y los tesoros arqueológicos e históricos son un efectivo imán para los viajeros de todo el mundo. Pero este sector de la economía nunca se podrá desarrollar si a los visitantes se les acosa en Chichén Itzá, se les pide que paguen un doble boleto por el ingreso a la zona, se les engaña queriendo venderles hamacas en el centro de Mérida a precios de oro, se les cobra una tarifa abusiva en los taxis del aeropuerto, etc. ¿De qué sirve atraerlos si cuando llegan se les maltrata? Véanse las cifras del propio gobierno, en 2011 bajó la afluencia a Chichén Itzá en un 50% en comparación con 2010. En los primeros seis meses del año dejaron de arribar 186, 213 turistas, lo que representa un aproximado de mil personas menos al día. Queremos que se conozca internacionalmente nuestra gallina de los huevos de oro pero aquí la estamos matando.

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El trazo de lo fantástico

Posted on 25 Julio 2011 by Virginia Carrillo

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Entrevista con el maestro Alfonso Durán Vázquez, creador en quien la literatura, la cultura maya y la naturaleza convergen para singularizar su expresión plástica.

Por Virginia Carrillo.

Hace poco, en un día caluroso de primavera, un niño perseguía en el parque las pelusas que soltaban los pochotes, las fascinantes esferas que encierran las semillas de la ceiba, el árbol sagrado de los mayas. Quiso detenerlo el gesto reprobatorio de una persona insensible a los signos de la naturaleza, pero como efecto contrario, le infundió mayor energía para continuar su recolecta de simientes sagradas. Pero observándolo detenidamente, ese niño que corría tras las navecillas flotantes es un artista; un creador cuya mirada aguda le permite encontrar la esencia de la vida en sus expresiones más sencillas, un pintor que con su trazo le da forma y color –a veces sin él mismo percatarse- al espacio fantástico en el que habitamos y que pocos reconocemos. Ese niño se llama Alfonso y su edad se desconoce, porque vive en el tiempo que no transcurre lineal; habita en el horizonte de la creación y recreación del mundo y de sus cosas.

En una entrevista para Grupo Fórmula platiqué con él, con Alfonso Durán Vázquez, artista plástico que conjunta en su obra el mundo fantástico de sus raíces mayas y yucatecas con las expresiones estéticas de vanguardia de otras procedencias.

¿Cómo fueron esos primero años en su relación con la pintura?

-Siendo muy pequeño vivía en el barrio de San Cristóbal en un caserón que tenía un patio gigantesco. Inesperadamente cayó en mis manos un libro pequeño que traía únicamente un cuento que me fascinó, que me llenó de miedo pero me atrajo. Era la historia de una casona abandonada impregnada de poderes sobrenaturales, pero narrada de una forma tan magistral, que consiguió ponerme en el pánico. Ya adulto me enteré que era de Hawthorne, uno de los escritores malditos, fue una muy buena lección. Eso mezclado con las historias locales del Huay Chivo, del Huay Toro, de la Xtabay, y de todas las leyendas mayas que me fascinan, se convirtió en un importante nutriente. Además siendo más niño tuve contacto con los cuentos de la Colección Marujita, que por la pureza de la línea en sus dibujos, fueron mis primeras lecciones sin saber yo que después sería pintor. Me sensibilizaron a la pureza del detalle, al buen gusto con sus duendecillos, brujas que volaban, magos, etc., fueron mis primeros nutrientes de lo fantástico que, combinado con la herencia fantástica de la región, me permiten esta expresión.

¿Cómo no abandonar el sentir de esta región teniendo influencia de otras corrientes estéticas?

-Lo llevo profundamente en mis raíces. El otro día fascinado por el sol de las quemas lo miré hasta lastimarme los ojos, más de lo prudente, a la mañana siguiente sólo tenía ganas de hacer color, mucho color. Por facilidad agarré las pinturas a pastel y me puse a hacer un cuadro abstracto para que, más que la puesta de sol vista figurativamente, fuera la impresión que me había dejado el sol de la quemas con ese colorido tan peculiar. De pronto apareció en la pintura un perfil y me pregunté ¿y ese perfil de dónde salió? Era un perfil maya, así, de esta manera tan profunda está imbuido en mí el arte maya, que me ha enseñado también una métrica diferente del arte grecorromano, porque los módulos de las figuras mayas no corresponden a los módulos grecorromanos, los movimientos, la estética, tienen una métrica distinta. Pero, si como dice Octavio Paz, uno es suficientemente amplio de criterio, puede despojarse de esta educación rígida, de sus patrones rígidos, para penetrar en un arte maravilloso, increíble como es el arte maya.

Vemos en su pintura una mezcla entre lo que puede ser considerado abstracto y lo que es figurativo, aparecen de pronto deidades mayas o personajes de la vida cotidiana…

-Así es. Pueden ser ángeles o demonios. Aparecen por allá, porque como decía por el impacto que hizo en mí Hawthorne, me atrae también la literatura sombría, el absurdo. También tuve un impacto cuando conocí “Esperando a Godot” de Samuel Beckett, fue un parteaguas, eso me permitió pictóricamente ser más libre, no tener miedo a expresar, porque los personajes de Beckett hablan pero no se comunican. Finalmente Godot, ni siquiera llega. Ionesco me atrajo también con su teatro del absurdo, eso se conjuga para mí con la plástica y me hace más libre, no tengo miedo de fantasear, afortunadamente he encontrado en todas las latitudes donde he estado aceptación de mi pintura.

¿Pintura fantástica? ¿Así define Alfonso Durán su trabajo?

-Definitivamente. Hubo otro parteaguas cuando en mi primera exposición individual conocí a esa gran pintora de lo fantástico que es Leonora Carrington (recientemente fallecida) con quien hice amistad, atesoro en el recuerdo los diálogos en casa de Leonora. Después se fue a residir a Nueva York, la vida nos separó como dice la canción. También tuve contacto con esa ilustradora, más que pintora, Remedios Varo. Como nos acogió la misma galería cuando ellas llegaron a México, las conocí. Remedios tuvo más reservas conmigo, nunca fuimos grandes amigos, andábamos espiándonos, viendo que hacía el otro, pero no tuvimos estrecha amistad, en cambio la amistad con Leonora fue para mí una bocanada de libertad, le encantaba que le platicase de mis raíces yucatecas, era una gran enamorada de los mayas, tiene un mural en el Museo Nacional de Antropología que se llama “El mundo mágico de los mayas”.  Por eso lo yucateco, lo maya, aunque no lo trabaje intencionalmente o de manera folclórica a modo de tarjeta postal, siempre estará presente en lo que pinto…

 

 

 

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“Tres tiempos”, tres generaciones

Posted on 15 Mayo 2011 by Virginia Carrillo

Por Virginia Carrillo.

En estos días puede visitarse la Galería del teatro José Peón Contreras para ver una exposición singular: “Tres tiempos”, que reúne obra de Juan Gamboa Guzmán, Ermilo Torre Gamboa y Ermilo Espinosa Torre.

Juan Gamboa Guzmán fue un ilustre grabador y pintor yucateco nacido en 1853 y de quien lleva el nombre la pinacoteca del estado. Ermilo Torre Gamboa es su sobrino nieto, también reconocido pintor nacido en Yucatán en 1924, cuya obra se caracteriza por la experimentación y quien se formó en la Academia de San Carlos en la capital de la república y en la Academia de San Fernando en Madrid. Sus pinturas han sido expuestas en diversas partes del mundo como España, Estados Unidos y Cuba.

El nieto de don Ermilo Torre, el joven artista visual Ermilo Espinosa Torre, es el tercer elemento en la exposición “Tres tiempos”. Nacido en esta tierra en 1983, se formó en la Universidad de Guadalajara y también en Europa, su obra pictórica se ha exhibido en el Distrito Federal, en La Habana y aquí en Mérida.

Estos representantes de tres generaciones en el arte de la localidad, demuestran que sin dejar de alimentarse de las corrientes estéticas del exterior, es posible manifestar el espíritu artístico que se forja en esta tierra peninsular con su singular entorno y color. Para acercarse a ellos, dese una vuelta por la Galería del Peón Contreras, le garantizo no se va a arrepentir.

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“Un mejicano. El pecado de Adán”

Posted on 10 Mayo 2011 by Virginia Carrillo

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Con el afán de rescatar del olvido las obras de otras épocas, es que se ha reeditado una de las piezas de la literatura yucateca más antiguas. Se trata de “Un mejicano. El pecado de Adán”, poema narrativo de Pedro Almeida Jiménez, que aparece en doce cantos y relata sucesos relacionados con la independencia de México desde la perspectiva peninsular.

Fue publicado por primera vez en 1838, y según el doctor Rubén Reyes Ramírez, autor del estudio introductorio que acompaña la edición del Instituto de Cultura de Yucatán de este libro, “constituye una novela -la primera que registran los anales de la historia cultural en Yucatán- o si se quiere ver desde su estructura formal, es un gran poema dividido en 12 cantos.”

Pedro Almeida nació en 1774 y fue integrante del grupo conocido como los Sanjuanistas, que creyeron en la libertad de imprenta, en la igualdad de derechos y combatieron las injusticias y la esclavitud que sufría el pueblo maya.

“Un mejicano. El pecado de Adán”, es una perla de la literatura yucateca que se presentó en abril pasado y puede conseguirse en la librería del ICY que se encuentra cerca del Parque de Las Américas.

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Adiós a Sabato

Posted on 02 Mayo 2011 by Virginia Carrillo

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El autor de “El túnel” ha muerto. Ernesto Sabato dejó de existir el pasado 30 de abril, a dos meses de cumplir 100 años de edad. Escritor y activista social, se dio a conocer en el mundo de las letras en 1948 con esa novela, “El Túnel”, pero también su valía como escritor se debe a su amplia obra ensayística sobre la condición humana.

También es muy conocida su segunda novela, Sobre héroes y tumbas, que incluye su estremecedor Informe sobre ciegos, que lo colocó entre los más importantes narradores de la literatura hispanoamericana de la actualidad. Se inició en el mundo de las letras al relacionarse con el Grupo Sur, donde conoció a Victoria Ocampo y a Jorge Luis Borges. Recibió en 1984 el Premio Cervantes.

Como luchador por los derechos humanos presidió la Comisión Nacional sobre Personas Desaparecidas en su natal Argentina. Él redactó el informe titulado “Nunca Más”, pero conocido también sencillamente como Informe Sabato, que dio origen al procesamiento y condena de los máximos responsables de las desapariciones durante la dictadura militar que gobernó la Argentina entre 1976 y 1983.

Sabato afirmaba creer en el hombre, “a pesar de ser el animal más siniestro. La vida es tan corta y el oficio de vivir tan difícil, que cuando uno empieza a aprenderlo, hay que morirse”, decía.

Aunque en sus últimos años se dedicó a la pintura, y su última novela Abaddón, el exterminador se publicó hace casi 40 años, en 1974, su fe en la vida fue lo que inspiró a quienes fueron tocados por su literatura y por su pensamiento. Apenas este primero de mayo, Sábato sería homenajeado en la Feria del Libro de Buenos Aires.

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La cola del león: retrato de lo lejano

Posted on 14 Marzo 2011 by Virginia Carrillo

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Palabras pronunciadas durante la presentación de “La cola del león” novela de Hernán Mena Arana, en la Biblioteca “José Martí” del Ayuntamiento de Mérida, el jueves 10 de marzo de 2011.

La cola del león: retrato de lo lejano

Por Virginia Carrillo

En otras épocas resultaba común que algún literato que también era periodista, político y pensador, fuera desterrado de su país de origen. Destierro padeció José Martí, el libertador de América que le da nombre al recinto en el que hoy hacemos esta presentación, como destierro sufrió también Miguel de Unamuno, el de la Generación del 98, o como el que padeció León Trotsky, quien encontró protección y muerte en México.

Dejando de lado a estas grandes figuras de nuestra modernidad, pongo, para asociar ideas, la atención en el terruño, pero siempre mirando un tiempo pasado: En el siglo XIX, Yucatán fue refugio de un desterrado colombiano, Darío Mazuera, quien firmaba así, como “El desterrado” los trabajos periodísticos y literarios que publicó durante los pocos meses que vivió en Mérida, antes de ser asesinado por el rumbo del Convento de Monjas. No fue tan luminoso, pero su paso por Yucatán, marcó nuevos rumbos en el periodismo literario de la localidad que poco se han reconocido. La idea del destierro pues, ha estado por lo visto en este ligero asomo, ligada a la escritura de manera importante.

Ahora me centro en este lugar y momento para dirigir la mirada a través del marco inicial, a Hernán Mena Arana, un “auto-desterrado” de nuestro tiempo, el muchacho –bueno, ya no tanto- de la ingeniosa escritura que se auto impuso el exilio, tras haber tenido una actividad destacada en el campo de la literatura y también del periodismo local.

Pocos meses después de conocer a Hernán Mena me dijo que se “exiliaría”, que se impondría a sí mismo la condición de destierro, al no encontrar en el horizonte de su tierra natal la posibilidad de desarrollarse profesional y económicamente como él aspiraba, aunque cierto desencanto originado en su interacción con el campo cultural y literario de nuestro entorno, impulsó también su decisión. Optó por la distancia el prolífico escritor que persiguió el ideal de romper esquemas denunciando la hipocresía de su mundo social al desnudar sus normalizados vicios y perversiones, a través del cultivo del periodismo literario plasmado en la memorable revista “Quórum” –yo la leía con sigilo en los pasillos de la universidad de los sacerdotes legionarios donde estudié Comunicación-, revista que, con la impronta del humor y la caricatura, no se sustrajo del eco decimonónico de aquella “sociedad de bulliciosos” que en el lejano 1847, hiciera Don Bulle Bulle, grupo de jóvenes impetuosos que no dejaron títere con cabeza entre las instituciones que detentaban entonces el poder: gobierno, familia e iglesia. Los extremos del tiempo se tocaron por un momento, para verse frente a frente, como en un espejo: muchachos irreverentes de los dos lados, los de mediados del diecinueve y los de principios de los noventa en el siglo XX, buenas plumas todos ellos, de las que se desprende para nosotros porque está aquí presente con su escritura, remontando destierro y desencanto, la de Hernán Mena Arana.

Aquí lo vemos con La cola del león entre las manos, esta novela acompañada sólo de una sugerente dedicatoria “a todos los de la vieja Mérida” a los vivos y los muertos, a los que la miran de cerca y a los que la miran de lejos -como él mismo lo hace desde algunos años atrás-, que nos hunde sin el salvavidas de un prólogo, en el retrato de un mundo sociocultural firmemente representado en el microcosmos de su diégesis, donde los personajes transitan alrededor de la empresa “Aluminios Castillo”. En el retrato está la denuncia: aparecen consignados ante los ojos del lector, los vicios más comunes del orden social que nos rige.

Es evidente la habilidad en la construcción del perfil de los personajes, en el relato de la anécdota misma, aunque de pronto cueste trabajo identificar el cambio de narrador entre capítulo y capítulo, la lectura del texto exige celosa atención para atar los cabos y encontrar las conexiones en la historia que posee una clara linealidad pero que el receptor sólo reconoce al ir obteniendo pieza por pieza, el rompecabezas completo en el que fue dibujada.

En su sencillo contar lo cotidiano, pero con el andamiaje del hecho literario, Hernán da en el centro de la esencia misma de las cosas: “El guardar un secreto sólo es difícil hasta que uno comienza a creer todas sus mentiras de tanto actuarlas”, dice Samuel, uno de los cuatro protagonistas, al hacerse preguntas en el espacio marginal que da sentido a su existencia: la relación con Lucero, su amante; vínculo edificado fuera de la norma social, paradoja indispensable para sobrevivir en el esquema tradicional que ahoga cualquier intento de ser libre y auténtico.

Las esferas principales de desarrollo de estos individuos, de estos personajes que son representación del tipo social de las clases media y alta, están corrompidas en su centro: se actúa por conveniencia, la ley es la del dinero y esto atraviesa familia, matrimonio, empresa y gobierno.

En La cola del león todo está herido, todo lo corroe la urgencia de aplastar al Otro para sobrevivir uno mismo: hasta el esparcimiento en un juego de fútbol entre camaradas de la oficina. Abusar se aprende en la infancia como revela el robo de dulces de Felipe niño o la sustracción de pilas que los hijos de Saúl, el personaje menos impuro del relato, hicieron en un supermercado.

Asimismo, la narración da fe de cómo las mujeres son moneda de cambio en una sociedad machista donde se compra de manera habitual el cuerpo femenino: desde la prostituta de burdel hasta la esposa, niña de familia, adquirida por la vía del casamiento. En La cola del león las mujeres son objeto.

Y es a partir de dicha visión, que me resulta imposible no hallar en su escritura, en la de esta novela de Hernán Mena, la misma impronta en su vínculo con lo femenino de otros escritores locales que puedo decir son de su generación, como Rafael Gómez Chi autor de El delirio de un alebrije, o Alejandro Pulido Cayón y La mejor defensa, donde las mujeres son ante todo, objeto y donde los personajes masculinos interactúan con ellas principalmente en mundos sórdidos y marginales mediados por el dinero y que al aparecer involucrados en amores socialmente aceptados, tienen el sabor de mero artificio. Dicotomía excluyente, asimetría en el eje de las relaciones de género. Esta arista que caracteriza la escritura de los yucatecos de hoy, como pueden ver en esta muestra elegida a vuelo de pájaro, tendría que explorarse más a fondo.

Pero la novela es anuncio de un mundo que se derrumba, que poco a poco desaparece y que va cediendo su espacio a otros vicios y a otros poderes fácticos donde el futuro seguramente no será mejor.

Es gratificante por otro lado, constatar que Hernán Mena sigue mirando a Mérida, a Yucatán, a su península, que sigue haciéndole retratos con el pincel de su capacidad narrativa y con el color de los recursos literarios que nos dan otras perspectivas de su rostro; así como testificar que las estampas que de ella tenemos, también las puede elaborar un escritor y aunque no quede en ellas bien librada, es signo de esperanza ver cómo este narrador-retratista ha podido ensanchar su mirada, haciéndola más profunda y más compleja, crecimiento que se observa desde aquellos relatos de En la penumbra de una ciudad blanca hasta las páginas de La cola del león; imagen en crudo, sin photoshop ni maquillajes, que nos pone ante los ojos una idea realista de lo que somos, aquella que asusta y duele… y a pesar de que Hernán Mena la dibuje desde lejos. Muchas gracias.

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