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Eh, Sabina: perdóname pero discúlpame

Posted on 31 Octubre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 31 de octubre de 2011.- “Que no arranquen los coches, que se detengan todas las factorías, que la ciudad se llene de largas noches y calles frías”… emblemática, la voz del flaco de Úbeda detuvo la respiración de medio recinto… “Que se mojen las balas, que se borren las fotos de las revistas, que se coman a besos las colegialas a los artistas”… Mérida fue estación para el Penúltimo tren: Joaquín Sabina arrancó las máquinas con esa rola insignia.

Su entrega fue absoluta. Lástima que una buena franja del público no lo mereciera. El auditorio era paradigma de la mediocridad, donde los extremos estaban al tope de prendidos, mientras el centro permanecía gris, apoquinado, entre lo comatoso, con puro escucha de ocasión. Si bien las primeras filas eran puro Sabina, el cabús, las gradas del fondo, eran el alma de los sabineros de corazón. Y en medio, el snobismo barato.

Ésta, la más reciente gira del otrora llamado poeta del rock, se esperaba con grandes expectativas. Tras el éxito en Nueva York, Los Ángeles y Miami, Sabina regresaba con todo. Luego de una dolencia médica, que hizo se pospusiera la tocada del seis de junio en la blanquerrisísima Mérida, la noche del domingo 30 de octubre pintaba para mejor. Desde temprana hora había gente a la espera de ingresar al recinto del Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI. Buen augurio.

Dado como soy al tabaco, esperaba a las puertas del edificio cuando, ¡oh, qué buena onda!, Panchito Varona paseaba por ahí. De volada hubo quienes se apuntaron para la foto. Y fue cuando brincaron las alarmas. Un cuate lo que se dice bien pipirís nice pasa junto a la escena, acompañado de tremendas mujeres dignas de La Magdalena, observa cómo interviene personal de seguridad para llevarse al guitarrista, y sólo atina a preguntar de quién se trata. Es Pancho Varona, le contestan. Ah, es que pensé que era Sabina, alcanzó a decir el isoperutano. Mal indicio.

Resuelto a vivir la experiencia de a cómo fuera, había conseguido boletos de pasillo, en una zona ni muy cara ni muy barata (maldigo mi mediocre cartera). Sin embargo, a la hora de la hora cambiaron la distribución de los asientos y ¡toma tu pasillo!, la gentil acomodadora me sentó en una mejor zona, eso sí, pero en medio de toda la tribu. Ni dope, díjeme a mí mismo: mímismo no te amilanes. Para quienes saben de estos menesteres, comprenderán que una vez sumido en la masa, se dificultan las expresiones de euforia rayana en el fanatismo, ¿o no?

Justo detrás de donde me ubicaron, iniciaba otra sección, con barandal y toda la parafernalia. A mis lados, parejitas muy lindas. Noviecillos y chavas bien pero re bien vestiditas para salir de noche. Más parecían damnificados de Eurovisión que seguidores del autor de Princesa. Qué más da, pensé. A vivir la tocada.

Retumban los primeros acordes de Esta noche contigo. Vale prenderse. Hasta el frente la gente de pie, el coro, los gritos de bienvenida. Hasta el final de la sala otra ola de réplicas. En la zona media, la estulticia. Una verdadera franja de silencios y buenas conductas. Tan gris esa parte del público, que aquellos que osaron levantarse para seguir la canción fueron vituperados. Igual que manada de ensotanados, sus gritos fueron para acallar a los sabineros que por ahí estaban (estábamos) salpicados en tan infame zona. Carajo, asistieron a un concierto de Sabina, no de la Sinfónica. Ya ni mentarles la madre de regreso valía la pena.

Vino de inmediato Tiramisú de limón. Otra vez, voz en cuello las primeras filas y gayola. La prendidez de la fanaticada. Sí, esa fanaticada que puede acceder a las primeras filas y aquella que, sea como sea, aunque sea hasta el fondo de la sala, aprecia y asiste y sigue al Juaco. Porque lo que es el boleto de medio pelo, me quedó claro, sólo congrega a la crema y nata del snobismo al más puro estilo del yucateco clasemediero con ínfulas. Eso me pasa por pen… sante.

Gran sorpresa, que para muchos pasó desapercibida, fue la presencia en el escenario de Jaime Asúa, ex guitarrista de Alarma!!!, secuaz en las composiciones de la triada Sabina-Varona-García de Diego, y uno de los guitar hero nacido cuando murió La Movida. Co-responsable, en mucho, del salto que fue pasar del Sabina cantautor al Sabina rockero, allende un lejano 1984. Pese a que su presencia fue revelada a mitad de la choteadísima Llueve sobre mojado, casi al final del concierto, Asúa dictó cátedra haciendo de la Rubia platino un poderoso rock.

Hubo compas de primera fila que, en realidad, vieron un concierto que rebasó las expectativas; otros en galeras también sintieron esa energía que emanaba del escenario. Lo que a mí respecta, fue la observación de un público mediocre que sólo pudo entonar las mega popularsonas Y nos dieron las diez y La del pirata cojo; porque hasta eso, los coros en Y sin embargo, eran claritos sólo al frente y al fondo de la sala. Chale.

Indudable, eso que ni que, fue la entrega de Sabina, Pancho Varona, Antonio García de Diego, y en total, el conjunto de músicos que, pese a la medianía de una parte del público, consiguieron arrancar emociones y dejarnos con el deseo de que, antes de que un monaguillo se ordene sacerdote, el compadre de Chavela Vargas regrese por más aires del Mayab.

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Haz patria, lee un libro

Posted on 15 Septiembre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 15 de septiembre de 2011.- Seré honesto. El sentimiento que me provoca todo el choro de las fiestas patrias lo resumo en la ingenuidad e inocencia de quienes desean un ¡feliz día de la independencia! Ahora sí: Háganme el fabrón cavor. Sólo en la desmemoria cabe tal frase. Y nada tendría qué decir al respecto, a no ser porque una buena amiga de Veracruz me preguntó sobre el tema. Dejo pública la respuesta que le di en privado a la buena Erika.

¿Qué sentimiento me produce este 15 de septiembre?- cuestionó hace ya un par de semanas desde la discreción de un inbox del FB.

Y así empecé (aclaro que esta es la versión corregida y aumentada, sin tapujos y –lo sé de cierto- políticamente incorrecta):

Amiga, disculpa la tardanza en responder. Me pusiste en un brete. Pero ahí te va la reflexión.

El sentimiento, por supuesto, es de orgullo, grandeza, nacionalismo, ánimo guerrero que me inunda. Al menos eso me han hecho creer los innumerables spots televisivos y radiofónicos, los carteles de cuanto bar y restaurante que invitan a dar el grito, además de la parafernalia de rojos y blancos y verdes que invaden las calles con pitos, cornetas, sombreros, charros panzones, adelitas que nada tienen que ver y banderas. En corto: la enajenación patriótica está al máximo. Y recuerdo que en México si no somos machos, somos muchos y sabemos fajarnos los pantalones, o de perdida ajustarnos el cinturón ante las crisis recurrentes.

Superado ese trauma, y ya movido el tapete con tu incisiva pregunta, tengo que decirte que hace un año debió revalorarse el significado de la Guerra de Revolución de Independencia (que es el nombre que recibe el período comprendido entre 1810 y 1821 en la Historia de México). Sin embargo, en el mal hecho Bicentenario, el asunto se redujo a un fastuoso y horripilante desfile; además de que se gastaron y robaron, muy a la mexicana, cientos de millones de pesos en la inexistente Estela del Bicentenario. Nunca, como mexicanos en conjunto, y mucho menos en ese momento ahora sí que histórico, nos detuvimos a pensar lo que fue ese derramamiento de sangre para que, al final, Don Juan de O’donojú firmase el acta de Independencia. Pienso que, para la época, fue al primer diplomático que se le aplicó el comes y te vas. La separación de la Nueva España de la Corona y el nacimiento de México como nación soberana, fue un proceso cruento encabezado por los criollos, es decir, los hijos de españoles que reclamaban su pedazo en la tierra. Los verdaderos mexicanos, por decirlo así, aquellos que eran depositarios naturales de los tesoros de este territorio, los hijos de los hijos de los pueblos originarios, fueron simple carne de cañón.

Agrega a lo anterior que el movimiento independentista de México fue producto de un devenir ajeno a lo americano y vinculado en lo íntimo a la ideología de la Ilustración originada en Francia. A ello, se conjuntó que Napoleón III invadió España, lo cual puso bajo sus garras al rey Fernando VII. Esas dos jugadas francesas crearon la coyuntura que permitió a un grupillo de insurrectos, conspiradores, inconformes y encima excomulgados, volverse verdaderos insurgentes, claro: artillados con el pensamiento traído vía directa las logias masónicas trasatlánticas y en especial, una vez más, francesas. Todo lo cual tuvo lamentables consecuencias en el resto del siglo XIX.

Aun así, el nacimiento de México llevaba en sus genes el mestizaje. La mezcla de razas y rarezas, el sincretismo cultural, el todos contra todos en la arena sexual, que nos llevó -lo queramos o no- a lo que hoy somos como enjundiosos mexicanos. La raza de bronce, dirían algunos. Desde esa perspectiva, tenemos rasgos únicos, tanto en lo físico como en lo referente a las tradiciones. Somos amalgama de creencias, preferencias, idiosincrasias, quereres, desencuentros, pluralidad y -válgame el Santísimo- hasta fatalidad. Eso sí, adoctrinados desde la primaria con el respeto que debemos a esos hombres y mujeres que nos dieron patria y libertad (léase todo el santoral que empieza con Hidalgo, Morelos, Allende, Josefa Ortiz, Andrés Quintana Roo, Vicente Guerrero, Gertrudis Bocanegra, Iturbide, Guadalupe Victoria, et al).

Viéndolo de esa forma, y confrontado con los festejos, celebraciones, borracheras y de más linduras bien mexicanotas que hacemos hoy día, en realidad la conmemoración de la noche del 15 de septiembre es un despropósito en su forma y fondo. Es el refrendo de una apuesta a la desmemoria. Ritual de gobiernos que buscan ídolos donde sólo hubo hombres y mujeres que, iguales a nosotros, eran dueños de pasiones, virtudes, vicios, ambiciones, enterezas, ideales y defectos. En fin, personas de carne y hueso ahora sacralizadas cuyos nombres se recitan cual simple mantra. Nos volcamos al desenfreno, so patrio pretexto, porque dejamos de atender la Historia. Hagamos patria, leeamos un libro.

Sin embargo, a 201 años de ocurrido el alzamiento, algo perdura de esa histórica noche cuando la conspiración independentista fue descubierta: gracias a la visionaria estrategia de Miguel Hidalgo, quizá una de las primeras manipulaciones masivas, hoy en México somos bien guadalupanos y campeones en levantamiento de cruz, que si no, seguiríamos rezándole a la virgen del Pilar. Ya qué, nosotros los mexican@s, tenemos la contradicción por ideología.

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La música en mí

Posted on 20 Agosto 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 20 de agosto de 2011.- Comunica de forma universal. Su lenguaje son las emociones. Está comprobado que a través de ella nos volvemos mejores personas; y los niños y niñas, sobre todo, alcanzan nuevos horizontes de humanidad y superación. Su majestad la Música logra eso y más, y más cuando el objetivo es el desarrollo del individuo en comunidades marginadas, como lo hacen los miembros de Educarte.

En torno a este proyecto, impulsado desde hace cinco años por Sonia Galán Samper y Juan José Pastor Llorens, se han unido voluntades con el primordial fin de ofrecerles a niños y niñas herramientas artísticas para el desarrollo de su personalidad. Los resultados son palpables. Tanto así que personajes de la talla de Alberto Vázquez y Armando Manzanero decidieron apoyar el proyecto.

Lleno de esa juventud que linda con la madurez, Juanjo –como le llaman sus amigos- narra sorprendido el origen de la feliz coincidencia que tuvo con el ícono del rock&roll en México: “Subimos un video promocional de nuestro trabajo a Youtube, y de pronto nos llega un mensaje de un tal Alberto Vázquez; estaba interesado en lo que habíamos conseguido con los niños, y nos ofrecía todo su apoyo”.

Resultó, en efecto, que el intérprete de “16 toneladas” estaba dispuesto a sumarse a la propuesta y promoverla para que se mantenga viva. Surgió entonces la composición del tema “La música en mí”, interpretado por Vázquez y los niños a quienes Educarte ha enseñado solfeo, canto e instrumentos. Actualmente son 63 los niños y niñas que reciben instrucción en la colonia El Roble Agrícola, zona de alta marginalidad en el sur de Mérida.

Juanjo Pastor ejecuta el corno francés en la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), mientras que Sonia, su esposa, es licenciada en educación infantil. La unión de ambos talentos los llevó a plantearse nuevas metas, de tal manera que crearon la escuela Musicalia, donde pusieron en práctica Educarte.

Originalmente, fueron auspiciados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), cuyos recursos se invirtieron durante los primeros dos años de trabajo. Con ese primer impulso atendieron a 620 niños y niñas en las colonias Emiliano Zapata Sur y El Roble Agrícola de Mérida, y en las comunidades rurales de San Antonio Dzodzil, Cepeda, Yaxcopoil, Maxcanú y Samahil.

Entre los beneficios de la exposición temprana a la música y las artes, explicó Juanjo, se consigue una mayor integración del menor con su entorno, la socialización se da con más naturalidad, y eso deriva en una formación humana integral.

Agotados los recursos internacionales, buscaron otras fuentes de financiamiento para darle continuidad al trabajo; de esa manera, obtuvieron respaldo de Conaculta, aunque en mucha menor cuantía que lo otorgado por la Aecid. Por ello la necesidad de disminuir la cantidad de participantes.

Convencidos de que la música transforma vidas, los fundadores de Educarte han creado una sinergia que involucra a numerosos artistas radicados en Yucatán, entre quienes se cuentan la promotora cultural Paula Haro y el documentalista Lorenzo Haggerman; el compositor Alejandro Subirats; los músicos Javier Álvarez, Humberto Casanova, Elías Puc, Juan Bautista Silla y Pancho Monteverde, por citar algunos. En complicidad, todos aportan sus dones contribuyendo al sano crecimiento de los niños y niñas que, de otra manera, percibirían limitadas aspiraciones.

“La música en mí” es una canción de aliento, un pequeño himno de paz engrandecido con las voces de los niños y niñas que le infunden vitalidad; el contraste de Alberto Vázquez en la voz principal, hacen de ella una pieza de lo más disfrutable, alentadora, de esperanza. Para redondear la idea, Alberto grabó un videoclip de ese tema, que servirá como material de promoción para crear un patronato, y con ello garantizar la continuidad y ampliación del proyecto.

El tema puede ser descargado vía internet desde iTunes, a un costo mínimo de 12 pesos. Los recursos que se recauden, serán para dar continuidad al proyecto.

Educarte, en contraste con otras ofertas institucionales, parte de la sociedad sin otro propósito que la filantropía. Despacio, pero a ritmo sostenido, sus notas resuenan en los aires del Mayab.

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El Efecto Tequila y secuaces

Posted on 01 Julio 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 30 de junio de 2011.- México tiene el grande honor de haber globalizado el “Efecto Tequila”, con el que puso a bailar el Jarabe Tapatío a las economías del mundo allende el año de Nuestro Señor 1995. Más reciente es la estrepitosa caída de los bancos industriales norteamericanos, que dejaron colgadas de una hebra las finanzas internacionales, con su debida crisis en 2008. Ahora, Grecia es la amenaza. Cuestiones sistémicas, dicen los iniciados en la espiritualidad fractal de los dineros.

Árido de por sí, el tema financiero ofrece vertientes argumentales para melodramones onda los ricos también lloran. Ejemplo de ello son películas como “Un trabajo interno” (Inside job) y “Demasiado grandes para fallar” (Too big to fail), las cuales abordan desde perspectivas y géneros opuestos los orígenes, causas y efectos de la crisis económica del 2008. A ellas, añadiría la producción mexicana “El Efecto Tequila”, que usa de disparador dramático el afamado “error de diciembre”, y con ello sufrir un fugaz paso por la cartelera nacional.

 Ya en 1987, en plena quiebra bursátil, Oliver Stone obsequió su punto de vista sobre el mundillo del dinero con la irremplazable “El poder y la avaricia” (Wall Street); filme que, fuera de su condescendencia moralina, hace de las finanzas mundiales la arena donde se discuten pasiones y perversidades humanas. Este es el antecedente inmediato.

Premiada con el Oscar como Mejor  Documental, “Un trabajo interno” escarba en el génesis de la crisis económica de 2008. Con una narrativa más didáctica que experimental, la película sienta al banquillo de los acusados a cada uno de los presuntos responsables de la debacle mundial que se originó en una “burbuja hipotecaria”.

Matt Damon presta su voz para narrar las consecuencias e impacto de esa crisis, cuyos efectos aún persisten. Con diagramas y una acertada elección de material de archivo, esta cinta dirigida por Charles Ferguson deja claro a quiénes consideran responsables y beneficiarios del monumental descalabro que llevó a la creación de los 10 bancos más grandes del mundo, sin que a la fecha haya poder humano que los regule. Por cierto, destaca la opinión de la recién electa directora del FMI, Christine Lagarde.

“Demasiado grandes para fallar” constituye la otra cara de la moneda. Este docudrama –producido para televisión por HBO Films- pinta casi como héroes globales a los dirigentes de la economía estadounidense que vivieron las perturbaciones telúricas de lo que pudo ser la mayor catástrofe mundial generada por el propio hombre y que, finalmente, reventó con menor intensidad.

Mientras que “Un trabajo interno” cuestiona con cierta objetividad la desregulación bancaria y el papel que jugaron en ese episodio de la historia reciente personajes como el banquero Richard Flud,  y los “ingenieros de la economía” gabacha Henry Paulson, Ben Bernanke, Timothy Geithner, entre otros; en “Demasiado grandes para fallar” topamos con una sentida defensa de tan insignes ciudadanos del mundo.

 Actores de primera línea entre los que se cuentan James Woods (Flud), William Hurt (Paulson), y Paul Giamatti (Bernanke) encarnan a los funcionarios y banqueros norteamericanos que, gracias a su ambición pantagruélica –y hay que reconocerlo: hábil manejo de la situación-, llevaron las riendas y el destino del mundo ese funesto 2008.

Esta segunda cinta que se comenta, fue dirigida por el laureado Curtis Hanson con base a un guión adaptado del libro homónimo de Andrew Ross Sorkin. A diferencia de anteriores trabajos del cineasta (L.A. Confidencial; 8 Mile; Wonder Boys), ahora muestra un cobre chauvinista que tal vez por ello mismo inyecta dinamismo a una historia de suyo desértica.

El común de los mortales, algo así como seis mil millones 956 mil 377 habitantes del planeta, tenemos por cierto que los banqueros y su horda de economistas, matemáticos y sacerdotes del metálico llegan tejer laberintos inescrutables; sin embargo, la película de Hanson deja las profundidades numéricas para acentuar la intensidad emocional de los personajes y, obviamente, convencer al espectador de un discurso subjetivo y, hasta cierto punto, apologista de los funcionarios de la administración Bush. Claro, el índice admonitorio recae en los principales beneficiarios de la debacle: los banqueros.

Original del mexicano León Serment, “El Efecto Tequila” opta por acercarse a “la más mexicana de las crisis” desde el común dramático de la particularización, de centrar la catástrofe mundial en personajes de carne y hueso. De hecho, el slogan promocional aclara que se trata de una historia de amor… al dinero.

Estrenada el pasado 17 de junio en una cadena nacional de cines, el filme fue víctima de una velada censura, ya que bajo el argumento de aportar pocos ingresos el primer fin de semana fue retirada de la cartelera. Lo cierto es que subsisten pruritos políticos, a pesar de los 16 años de distancia de tan terribles hechos, que arrasaron la vida de millones de mexicanos y aun hoy pagamos sus estragos.

Estoy casi cierto que “El Efecto Tequila”, en honor a la mexicanidad, será un éxito en los circuitos marca Tepito Productions. De algo se tiene que vivir en la economía informal, ¿o no?

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Invierno profundo

Posted on 17 Junio 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 17 de junio de 2011.- Más árido que la tundra, resulta el aislamiento social. Máxime si pega en la adolescencia, con la carga de dos pequeños hermanos, un padre desaparecido y la madre esquizoide. Cuando no existe otra familia que uno mismo, el invierno azota recio, quiebra el espíritu, es profundo, devastador, tuerce la voluntad. O al contrario: forja el alma, la engrandece a golpe de podredumbre. Esa es la lección que restriega a los cobardes Ree Dolly (Jennifer Lawrence), la protagonista de Invierno Profundo.

Nominada al Oscar por mejor película, esta cinta llega con más de un año de atraso a las salas cinematográficas de Mérida. Resulta una verdadera pieza de drama que ha de valorarse por encima de absurdos tiroteos, superhéroes intergalácticos y persecuciones automovilísticas de gran presupuesto que inundan los cines estos días.

Cruda como los paisajes montañosos donde transcurre la acción, la historia de Ree Dolly enaltece el significado de la voluntad contra lo adverso. La joven de apenas 17 años, criada en inhóspito hábitat, muestra un coraje a prueba de todo cuando, orillada por las circunstancias, ha de buscar vivo o muerto a su padre.

Pausado en su desarrollo, el filme adaptado de la novela homónima de Daniel Woodrell y dirigido por Debra Granik interna al espectador en la zona rural del medio oeste estadounidense, en específico el área dominada por los montañeses: seres peculiares que se rigen por sus propios códigos de violencia y honor, constituidos en una cerrada comunidad que oculta sus crímenes en el silencio y la muerte.

Erigida como última esperanza para su desarticulada familia, la púber Ree Dolly está obligada a enfrentarse con sus parientes para desentrañar la ubicación de su padre, un “cocinero” de mentanfetaminas quien dejó como fianza en el juzgado la única propiedad terrenal que tenía y que, ante su desaparición, amenazan con incautar.

El tortuoso viaje que emprende la muchacha, confronta -a manera simbólica- lo imponente de la naturaleza con la ruindad humana, que de pronto pareciera contagiar vastos parajes, volviéndoles inhabitables como el tártaro. Es así que la construcción visual revela tremenda desolación del alma de los personajes, inconmovibles todos, y en especial las mujeres: hechas a la rudeza de los peñascos.

Respetuosa de la inteligencia del espectador, la trama arriba a buen puerto sin aspavientos ni giros de tuerca forzados o previsibles. Recomendable para aquellos que ven en el cine algo más que efectos especiales.

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Requetecru2

Posted on 03 Junio 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 03 de junio de 2011.- Quien tenga memoria de todas sus borracheras, que dispare la primera chela. Si no todos, una gran mayoría ha vivido –en algún momento o por pura cochina conveniencia- esos nefastos apagones de conciencia que vienen emparejados a los excesos de alcohol. La arqueología personal que debe hacerse al día siguiente, en plena cruda, funciona como premisa a la exitosa cinta “¿Qué pasó ayer? 2” (The Hangover 2).

La segunda parte de la película que siguió la pantagruélica papalina de Phil (Bradley Cooper), Stu (Ed Helms) y Alan (Zach Galifianakis) en Las Vegas, ahora lleva la acción a la exótica, mal afamada y truculenta Bangkok. Sin verdaderas innovaciones en su narrativa, de guión multitudinario, esta secuela rompió récord de taquilla en su primer fin de semana. Y la verdad, tiene sus puntadas, pero no pasa de ser entretenimiento de verano que amenaza en volverse franquicia estilo American Pie (con la degeneración que ello implica).

Digamos que el éxito de la primera parte se debió a un hábil tratamiento de lo que implica la amnesia del briagales. Despertar en la lujosa habitación de Las Vegas destrozada, con un bebé en el armario y un tigre encerrado en el baño, resultaba genial; más aún cuando el amigo que celebraba su despedida de soltero, Doug (Justin Bartha), desapareció. En su construcción, esa cinta original capturaba la esencia del apagón memorístico. Pero…

La misma fórmula aplicada con otros ingredientes, sin siquiera parodiarse a sí misma, vuelve a la segunda parte una simple colección y correcto ensamble de chistes cargados de humor negro, pastelazos, bromas de secundaria y ocurrencias, por decir lo menos. Aunque, funcionan porque, a final de cuentas, más de un fiestero de clóset querría vivir una súper aventura en Bangkok, o de perdis en Cancún.

Esta vez, Phil y Doug son invitados a la boda de Stu, el mismísimo mega nerd dentista que apenas dejó su relación con una mujer dominante y castradora para casarse con una stripper de la cual se divorció al día siguiente,  que inexplicablemente en esta secuela es el galanazo de una belleza asiática. La última experiencia que tuvieron con Alan, quien les suministró GBH en las bebidas de Las Vegas, les hace querer dejarlo de lado, pero al fin logra colarse al viaje a Malasia, y por consiguiente a la despedida de soltero de Stu.

A partir de eso, todo se convierte en lo ya visto (cancioncita incluida), sólo que con nuevos paisajes, situaciones ligeramente más retorcidas, pero en esencia respetando los puntos y comas de la esa genial primera entrega. Eso sí, la inclusión del monito cilindrero dedicado al narcomenudeo supera por mucho la actuación del tigre.

Es previsible que tras el éxito taquillero los productores pretendan una tercera parte; por lo pronto, “¿Qué pasó ayer? 2” garantiza carcajada plena para quienes han experimentado los estragos del alcohol sin la menor idea de cómo amanecieron en un refrigerador.

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Nueva proyección al “cine invisible”

Posted on 17 Mayo 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 17 de mayo de 2011.- Escuché con atención a Juan Manuel Cotelo, director del documental “La última cima”. Más que la temática o manufactura de la cinta, me sorprendió el método de promoción que utilizaron para llegar a una amplia audiencia, que parece multiplicarse día a día. Sin embrago, el caso de Cotelo y su película forma parte de una nueva tendencia mundial para difundir el llamado cine invisible, con notable éxito.

Cotelo narró la forma en la que produjo el documental, que versa sobre un sacerdote católico de grandes y positivos dotes, Pablo Domínguez, quien falleció en un accidente de alpinismo. Al margen de ello, insisto, destaca la capacidad de reproducir y extender un mensaje a través de internet, que fue donde inicio la aventura del filme “La ultima cima”, que de cuatro copias en España pasó a 66 en un breve tiempo y luego se internacionalizó.

El realizador mismo confiesa que no esperaban ese éxito, y que a través de su página de internet han logrado contactar con más de dos millones de personas interesadas por el documental, que en días pasados tuvo dos funciones en Mérida. Considero que le hecho de basar su trabajo en la vida ejemplar de un sacerdote católico “bueno”, sólo representa un hecho marginal que bien pudo tener impacto en la difusión y aceptación de la obra, pero únicamente es eso: un elemento más.

Resulta que desde hace más de 10 años la capacidad de internet para favorecer al cine está demostrada; y lo más curioso del asunto, es que generalmente ha funcionado en grandes proporciones cuando se trata de documentales o “fake” documentales, como fue el caso de “El proyecto de la Bruja de Blair”, con la que empezó este tipo de campañas.

Filmotech es un portal que ha buscado la forma de integrar como medio al cine e internet, con una opción que permita el consumo legal de películas a través de la web. Para ello, crearon el Primer Festival Europeo de Cine Invisible, cuya peculiaridad es que tuvo la capacidad de congregar al público de la aldea global a tan sólo un click. Todos los filmes de concurso fueron proyectados en línea. Otra peculiaridad, fue que la selección fue de cine inédito, abriendo con ello una ventana de participación importante a obras de noveles creadores (en este caso europeos).

Recordemos lo ocurrido hace poco en México, cuando una decisión judicial amagó con sacar de las salas de cine “Presunto culpable”. A la par del proceso legal, la obra estuvo disponible de forma íntegra en youtube.com, lográndose así su máxima difusión.

Ejemplos como el de “La última cima”, el Festival de Cine Invisible y “Presunto culpable”, consolidan las posibilidades de internet para la multiplicación de los mensajes, además de que permiten dar salida a películas que de otra forma nunca llegarían a las salas de proyección, para engrosar las filas de ese cine producido pero que casi nadie puede ver.

Entrados en el siglo XXI, la convergencia de tecnologías y la popularización de las mismas conllevan retos para los creadores, quienes habrán de entrar en una competencia global que apenas empieza por definirse –paradójicamente- al desdibujarse los horizontes conocidos.

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En los ojos de los gatos

Posted on 03 Mayo 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 03 de mayo de 2011.- Cubierta la frente con el fleco. Enmarcado el rostro en cabello. La insinuación de un abrigo. Una poderosa mirada entre la fascinación y el desierto; faz dura la de esa mujer que acecha desde la portada de “En los ojos de los gatos”, cuarta novela del polígrafo Enrique Rentería.

Publicada por Tusquets en 2008, tuve que aguardar casi tres años para hacerme de un ejemplar de la corta novela. Deficiencias en la distribución y el monopolio de librerías en Yucatán. Una vez en mis manos -cortesía del autor-, me entregué a la noble tarea de engullir las palabras. Como arquitecto y cineasta y teatrero, Rentería resulta fresco narrador, aunque deje algunas trampas y escollos en su texto, cual si pretendiera burlar felinas intenciones en el lector.

“En los ojos de los gatos” cuenta la saga de tres generaciones de mujeres, quienes cargan la insoportable lápida de sus nombres: Artemisa, Casandra y Eurídice. Sustantivos que las definen en su totalidad, arrobándose para sí mismas las facultades de esa diosa y las heroínas. Alejado de alardes enciclopédicos, el autor establece con fina ironía la forma en la que el nombre se vuelve destino para las protagonistas en el cosmos defequeño, donde transcurre la trama.

Es de celebrarse la conjunción que logra la narración entre lo clásico griego y lo popular mexicano -mexicano en vías de globalización y absolutamente globalizado: Igual nos adentra en la cosmogonía del panteón ateniense que en las improvisaciones jazzísticas, los oscuros acordes de The Cure, o el cine más comercial, que enmarcan los andares y las épocas en las que sucede la vida de cada una de esas deidades vueltas carne literaria.

He ahí otro acierto: la materialidad de las féminas. Sin detenerse en hondas descripciones, Rentería dibuja la psique de cada una. A fuerza de internarnos en sus pensamientos, las convierte en humanas que saltan de los pasajes narrativos. Además, las ubica en momentos clave de la historia de México: las manifestaciones de 1968, la tímida apertura comercial y cultural de los años 80 del siglo pasado, así como el terremoto de 1985, hasta llegar a los albores del siglo XXI.

Artemisa, mujer-diosa primogénita, alumbra a Casandra y ésta a su vez a Eurídice. Unidas bajo la sombre de la tía Lola, son trazadas a manera de símbolo de la mujer indomeñable, amantes todas de hombres invisibles, a quienes pareciera únicamente les roban la semilla para engendrar. La neutralidad de la voz narrativa, logra que se piense en un texto feminista para la libertad.

Vale confesar que las primeras páginas resultan oscuras, quizá como las catacumbas de las que hablan, aunque luego las palabras adquieren una fluidez cadenciosa. Si se quiere, en su construcción la novela semeja a los propios gatos: desconfiados, sigilosos, cazadores taimados y de sumo cariñosos cuando así lo desean. Mímesis sublime de la letra con la acción. Altamente recomendable. Sólo lamento su brevedad.

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Un vasto ¡Ya basta!

Posted on 18 Abril 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 18 de abril de 2011.- Peras o manzanas, ¡qué más da! En estos precisos momentos hay levantones, encajuelados por descubrir, fabricantes de culpables que organizan expedientes y declaraciones. La violencia continúa, imparable. El aguijonazo a las conciencias por el asesinato del Juan Francisco Sicilia, aún surte efecto en algunos.

Aunque disminuida, la inercia generada postra a cada quien en su trinchera, desde donde se puede ser útil a la paz. El “ya basta” presidencial, es mera réplica inconsistente al “ya basta” ciudadano, muy diferente, eso sí, al “ya basta” de los políticos.

Humberto Moreira Valdés, presidente nacional del PRI, usó peras y manzanas para explicar su “ya basta” (claro, en respuesta al ocupante en turno de Los Pinos). “¿Sabía usted que en el 100 por ciento de localidades del país, en el 45 por ciento existen cantinas y solamente en el 13 por ciento existen preparatorias? ¿Sabía usted que del 100 por ciento de localidades, en el 45 por ciento existen cantinas y solamente en el 15.9 existen bibliotecas? ¿O en el 100 por ciento de localidades, en el 45 existen cantinas y en 3.5 casas de la cultura?”, apuntó el matemático dirigente.

¡Bravo profesor Moreira! ¡Bravo! Ahora explíquele eso mismo a quienes dirigen los destinos culturales de Yucatán. Las proporciones estadísticas son casi las mismas que a nivel nacional, acaso más duras, puesto que en los 106 municipios la relación de cantinas con respecto a centro culturales es superior al 20 a uno, o más. Eso sin hablar de la disfuncionalidad de muchas bibliotecas con acervos antiquísimos y sin acceso a internet. Y de recursos “extraviados” para la construcción de infraestructura cultural.

Llama la atención que en el presupuesto autorizado para 2010, específicamente en el Anexo 26 F (publicado en el DOF el 09 de diciembre de 2009), se indica que a los municipios yucatecos de Samahil, Suma de Hidalgo, Tixmehuac y Tunkás, les autorizaron recursos por la cantidad de dos millones 407 mil pesos para la construcción de Casas de la Cultura; además, se debieron haber ejercido por parte del Estado, a través del ICY, otros cinco millones de pesos para “proyectos estratégicos” y 10 millones de pesos más para el Teatro de Progreso. ¿Dónde están esas obras? ¿Cuándo se recibieron esos dineros? ¿Quién los ejerció? Porque algo es cierto: en esos municipios no hay Casas de la Cultura remodeladas o construidas, y en Progreso hasta la fecha no se ha edificado ningún teatro. Existieron los recursos para ello, al menos en el papel ¿o no?

Quizás el “ya basta” ciudadano también debería elevarse para aclarar esas –por decir lo menos- discordancias entre lo publicado en el Diario Oficial de la Federación y la realidad de las obras. La prevención del delito empieza con el acercamiento de la juventud a la educación, las artes y la cultura, como también perogrullescamente lo apuntó Moreira Valdés en su “ya basta” a Felipe Calderón.

Sucede que el año pasado, Conaculta transfirió recursos por el orden de los 30 millones de pesos al ICY, según copia de los convenios firmados CNCA/DGVC/CCOORD/00250/10 y CNCA/DGVC/CCOORD/00251/10, y para el actual ejercicio dicen que no hay dinero; pero eso sí: a través de Brozo el payaso tenebroso, nos enteramos que a falta de presupuesto para arte y cultura,  la Secretaría de Seguridad Pública estatal iba a montarse en un programa “innovador” con el ICY para prevenir la delincuencia fortaleciendo la “identidad”. Ajá.

¿Qué pasó con las autoridades culturales y sus gestiones ante la federación? ¿Qué tal cuadraron las cuentas del Centenario y Bicentenario, así como de los programas autorizados en 2010? ¿Firmaron nuevos convenios para recibir recursos vía Conaculta? ¿La federación negó recursos a Yucatán en ese rubro? Nadie sabe, nadie informa.

Puntual se recordó en otro escrito que la cacareada paz yucateca procede de acuerdos y pactos de libre tránsito para estupefacientes. Prueba de ello fue el decomiso en Quintana Roo de una tonelada de marihuana, que pasó campante desde Veracruz por varios retenes, incluso los de Yucatán. Otra muestra de la capacidad de producción de drogas en la entidad, fue la incautación de 330 kilos de esa hierba en un rancho de Sur del Estado, y los que faltan. Fuentes judiciales lo han confirmado: mientras se contenga la violencia, aquí sólo se persigue a narcomenudistas. Digo que “ya basta” a esos encubrimientos y que la SSP se dedique a sus tareas y el subsector arte y cultura a las suyas.

Va de nuevo: “haiga sido como haiga sido” que se consiguió la tranquilidad en Yucatán, corresponde a los ciudadanos, a su inteligencia, a sus artistas y creadores, aprovechar la circunstancia para organizarse y enseñarle a las autoridades –con peras y manzanas, si se quiere-, que asuman con rectitud su encomienda, que aparezcan esas Casas de la Cultura ya presupuestadas y autorizadas. Digo, yo nomás digo: es tan vasto y complejo el problema que no podemos dejarlo en manos de los políticos.

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Salvando al soldado Pérez

Posted on 06 Abril 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 06 de abril de 2011.- Es una película de los hermanos Almada, pero al revés. Sin pretensiones, de chistes fáciles y pastelazos, con traficantes caricaturizados y políticamente incorrecta, la cinta dirigida y escrita por Beto Gómez y Francisco Payó González, revisa el fenómeno de la violencia en México desde un ángulo por demás frívolo, pero entretenido. Es una de los Almada, bien enrevesada.

Sólo la premisa es genial: narcotraficantes mexicanos incursionan en Irak para salvar a un soldado hispano, de apellido Pérez; todo lo anterior, por mandato de la divina madre del mega mafioso. Habrase visto semejante disparate. Eso sí, no es una parodia de la multicelebrada y lacrimógena onda gore “Rescatando al soldado Ryan”.

Tiempo antes de que Gallardo Félix fuese farandulero y hábil publirrelacionista del narcotráfico, allende lejos en los años 80 del siglo pasado, el tema había sido tocado por cineastas nacionales, pero siempre engallando la figura de la ley, moralizando sobre los males de “la clínica” (nombre que se daba a la cofradía de capos),  haciendo justicia en la pantalla de plata. Claro, en esa época se tenían noticias de la violencia en el Norte del país, pero aún no desbordaba en lo que hoy es de facto una guerra civil.

O sea, para nadie es nuevo el cine de narcotraficantes y policías. Tampoco resulta nueva la violencia entre hampones, que en aquél entonces  tenían cierto código de honor.

Durante los tres últimos años el subgénero mexicano ha tenido un ligero repunte con filmes como “Morenita, el escándalo” (Allan Jonsson), “Amara a morir” (Fernando Lebrija) y “El infierno” (Luis Estrada), por citar los más representativos. Si bien han sido objeto de polémica, abordan las figuras de los narcotraficantes con pretensión aleccionadora o crítica, lo cual nunca sucede en “Salvando al soldado Pérez”.

Beto Gómez decide hacer escarnio del capo desde la burla fácil, con rutinas cómicas simplonas, pero efectivas. Sobresale, entre todo, porque en verdad se trata de una cinta incorrecta –por decir lo menos- en muchos aspectos. Los traficantes pasan de villanos a héroes. Son los buenos, los que se la rifan porque la familia es lo más importante (“la sangre llama”, dicen  los protagonistas con humor involuntario). En la coyuntura actual, oculta lo sanguinario de sus personajes con hipérboles que los vuelven cualquier clase de desfiguro, menos lo que representan en realidad: son su burla, el hazmerreír del espectador incauto.

Al guión le falta trabajo, lleno de fallas está como quien diría hecho al chilazo y, no obstante, se sostiene contra todas sus inconsistencias y falta de malicia. Eso se compensa con una adecuada narrativa visual que evidencia sumisión a los cánones del cine gringo, y por ello se hace digerible –quizá hasta atractivo- para el auditorio de hoy. Hay una producción decorosa, coherencia en el diseño de vestuario. Y por lo mismo que la hipótesis argumental está jaladísima de los pelos, es un producto consumible por amplios sectores que están hartos de la cotidiana tragedia nacional.

“Salvando al soldado Pérez” termina por ser una película palomera, sin mayores méritos que haber sido filmada con decoro y exhibida en el peor momento del “combate a la delincuencia organizada” que sortean las autoridades. Su falta de pretensión aunada a un eficiente modo de narrar, hacen de ella una revitalización y homenaje –al revés- del cine de los hermanos Almada. Chale con estos batos mexicanos: ni la burla perdonan.

(Por cierto, el reparto está genial con Miguel Rodarte en el protagónico de Julián Pérez).

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