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2012, año de las contradicciones

Posted on 23 Enero 2012 by alexpulidocayon

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“Estrellas hay más que arena en la mar. Tan grandes que al cielo tocan, las ramas de la ceiba son; y así de profundas sus raíces nuestro espíritu sostienen. Enfurecido el viento trae mensajes de los dioses originarios”. (Fragmento de Los Motivos del Silencio)

Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 10 de enero de 2012.- Asentada en el más amplio territorio de Mesoamérica -que abraca desde el Sureste mexicano hasta El Salvador-, la cultura Maya atrae como nunca la mirada mundial. Sea por un claro sentido de oportunidad o respaldado en la esotérica fe de millones, las llamadas profecías sobre el fin del mundo han colocado a Yucatán como punta de lanza para un importante movimiento económico. Está visto que el legado de los mayas, hasta hoy, es primordial para el sustento de miles de familias.

Pareciera que todo inició hace ya dos años, cuando las redes sociales intensificaron la divulgación del supuesto final de los tiempos, que habría sido vaticinado por el pueblo Maya a través de sus códices –particularmente los contenidos en los libros de Chilam Balam. Sin embargo, fue desde el ámbito político que se encontró ventaja para capitalizar esa inquietud global. Así, en marzo de 2011 el diputado yucateco Roberto Rodríguez Asaf presentó el proyecto de decreto “2012, año de la Cultura Maya”.

Aprobado por el Congreso del Estado, el dictamen estableció la creación del Comité para la Planeación, Desarrollo y Difusión del Año de la Cultura Maya. La finalidad de ese órgano colegiado, es la de elaborar programas de actividades, eventos, acciones, expresiones, conmemoraciones y demás actividades para enaltecer y celebrar a esa ancestral cultura.

Freddy Poot Sosa, investigador y estudioso de la etnia y la cultura Maya, en su momento calificó la propuesta como ejercicio propagandístico que se aprovecha de los mayas y cuyos fines son netamente lucrativos, para beneficiar a unos cuantos. Lamentó que hasta las profecías mayas se utilicen para lograr esos objetivos. “Los mayas estamos de moda”, sentenció.

Yucatán, de hecho, resguarda algunos de los vestigios mayas más importantes. Chichén Itzá, Uxmal, Ek Balam, Dzibichaltun, entre otras zonas, constituyen parte de la riqueza arqueológica del Estado. Con gran potencial turístico, que pretenden maximizar este 2012, la derrama económica generada por ese sector de desarrollo, paradójicamente, no alcanza en su totalidad al 52.2 de la población de la entidad, que forma parte de la etnia Maya. Incluso, 22 municipios del Oriente yucateco, que congregan a la mayor población mayahabalnte, son también los de más alta pobreza.

Al margen de cuestiones políticas y económicas, el aura mística de las profecías mayas ha sido objeto de una manoseo mediático y propagandístico. Una búsqueda a través de Google arroja más de 600 mil resultados sobre el tema. Destacan entre ellos varios sitios que intentan conciliar una visión metafísica tremendista con la ciencia y la espiritualidad. “La NASA aseguró que el terremoto sufrido por Chile, habría modificado el eje de la Tierra en ocho centímetros. Esto sería, según muchos, parte de las profecías que hablan de un importante y profundo cambio del mundo actual”, se indica en www.profecias-mayas.com.

“Cada cierto tiempo, (el Sol) se sincroniza con el enorme organismo en el que existe, que al recibir un chispazo de luz del centro de la galaxia brilla más intensamente, produciendo en la superficie lo que nuestros científicos llaman erupciones solares y cambios magnéticos. Ellos (los mayas) dicen que esto sucede cada cinco mil 125 años”, agrega el referido sitio web.

Sobre ese tenor, las referencias a cataclismos y esotería vagan por amplio espectro hasta llegar a las netamente antropológicas y arqueológicas, en las que se establece que en realidad se trata del final del calendario de una cultura, que no el fin del mundo.

Durante la instalación del referido Comité, ocurrida el 29 de diciembre de 2011, Rodríguez Asaf dejó en claro la posición pragmática al señalar que la designación de “2012, año de la Cultura Maya” permitirá tener una mayor afluencia turística, más empleos y, supuestamente, la revaloración de esa cultura.

“Tenemos una oportunidad extraordinaria para colocar a Yucatán, una vez más, en la mente y en el conocimiento de la población nacional y mundial; y para los mayas de nuestros días, un momento propicio para incrementar la conservación de sus valores culturales, tradicionales y sociales”, dijo el legislador.

Ironía aparte, en este contexto alguien tuvo la genial idea de dedicar el Festival de la Ciudad de Mérida al mundo Maya. Ello no significaría mucho, a no ser por el hecho de que ese Festival artístico y cultural se realiza tradicionalmente en el marco de la fundación de la ciudad por parte de los españoles que sojuzgaron al pueblo Maya.

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Tengo que decir adiós, mi amor

Posted on 21 Diciembre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 21 de diciembre de 2011.- Tengo que decir adiós, mi amor. Yo sí creo en el fin del mundo. Es inevitable. Catástrofes cósmicas acechan desde tiempos inmemoriales, tenlo por seguro. Ya perforamos la capa de ozono. Queda poca tierra para cultivos. Cada vez hay menos agua potable. Los humanos somos una calamidad de proporciones virales. Ecocidas fervorosos. Además de todo eso, científicos muy respetados le pusieron fecha de caducidad al Sol. De que se acaba el planeta, se acaba.

Fíjate, amorcito, mi devoción por el fin del mundo ni me preocupa. Así de pelotas. Cuando de hechos científicos se trata, soy bien religioso y todo un hombre de fe que pontifica sobre el Big Bang y el Big Crunch. Lo que en verdad me aterra, congela e infunde pánico es el fin de la civilización. Que termine el crisol de culturas que conocemos, eso sí es algo que enchina gacho la piel.

Más miedo me da el deterioro del ambiente, la sobrepoblación, las cada vez más recurrentes crisis alimentarias, el abandono del campo, la escasez de energéticos limpios y renovables; en fin: todo eso que suena a panfleto de Greenpeace y sus consecuencias sociales, son las cosas preocupantes, de efecto inmediato. Vieras que, preciosa, las promociones turísticas pro mayas del 2012, son simple mercadotecnia. La charlatanería genera divisas, y qué bueno, hay que ganarse el varo. Pero el desgaste al que hemos sometido a la Tierra, ese sí no tiene madre.

Va de muestra un botón. Recuerdo una reflexión bárbara de Luis Buñuel, parafraseo: cada humano produce, en promedio, medio kilo de caca al día; si este 2011 somos siete mil millones de personas ¿dónde se acumula toda esa mierda diaria? ¿En el agua? ¿La absorbe el subsuelo? Los millones de millones de toneladas de producción caquera anual, ¿son reciclables? Ni idea. Lo cierto es que contaminamos con religiosa puntualidad. Ahora sí que todo el mundo aporta al fin del mundo. Aunque te reitero, cariño mío: una cosa es el colapso de las civilizaciones y otra, muy diferente, el acabose total de la vida en el planeta. Pavor le tengo a lo primero; en lo segundo deposito mi creencia.

Amorcito, quítame esa miradita de que me vas a zangolotear. Acepto que, como bien dices, tal vez ya estemos muertos y nadie nos avisó, igualito que a los mensos de “Lost” que hasta se creyeron que estaban fuera de la isla. Sí, también reconozco que en ese bíblico, cabalístico, apocalíptico y terrible 06.06.06 hicimos pantagruélico reventón. Esa fecha era el verdadero fin de los fines de la humanidad. Y quizá lo fue. Pasó el Armagedón y nosotros ni por enterados y esto es el purgatorio. Quizá en tu viajesote metafísico tienes razón. Nomás insisto en que el planeta sólo será destruido con la supernova del Sol. Punto. Lo demás sirve para vender entradas a Chichén Itzá.

Ya en serio, querida. Tengo que decir adiós a tanta parafernalia sobre cataclismos en diciembre de 2012. Mayas o no mayas, purépechas o Nostradamus, la neta es que mejor dedico mi tiempo a buscarle la vuelta a lo que, en adelante, podemos hacer como humanidad para resolver esos temas que, quiéralo o no, afectan a la sociedad en conjunto. Los antiguos y su astronomía estuvieron lejos de vislumbrar el desmadre que hemos hecho con el medio ambiente. De verdad: me vuelvo agricultor, que es ahí donde está el futuro de la civilización. O sea, princesa, evitemos el fin del mundo volviendo el corazón a la tierra. Tú me entiendes. Lo mesiánico no es lo mío. Bye.

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El tuit nuestro de cada día

Posted on 13 Diciembre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 13 de diciembre de 2011.- Viene de bajada. De a tiro por viaje lo agarran en curva. Hasta se pone de a pechito. Quien ayer parecía invencible, hoy requiere urgentes transfusiones de carisma y dosis masivas de ideas. O de lo contrario le voltean la tortilla. El salvajismo de las redes sociales resulta implacable, máxime cuando se trata de dilapidar atrincherados en una turba digital. @EPN enfrenta las primeras crisis de (pre)campaña.

Dudo que esta primera andanada sea decisiva, pero socava y exhibe al ídolo. Con un récord de imbatibles triunfos hasta el momento, Enrique Peña resbala y se despeina: tres strikes al hilo. Sin recibir ataques como los soportados por AMLO en el 2006, el priista quedó inmerso en un fenómeno sociocultural reciente en México: el ciber-activismo y la política del tuitazo madreador. Y bueno, ninguno de los aspirantes a la grande, la mediana o la chica es inmune a las tuiterizas. Pero qué necesidad de pasar pena ajena.

Verdad de Perogrullo: Twitter, Facebook, Youtube, blogs y portales informativos, entre otras herramientas disponibles vía internet, facilitan la comunicación multimedia e interactiva, elemento poco explotado hace apenas un sexenio. Ahora bien, ¿cuál es realmente el peso específico de las redes sociales por sí mismas; dicho en otras palabras: cuánto contribuyen al debate como medios de comunicación sustentados en su propio canal, sin la difusión que alcanzan gracias a la prensa, la radio y la televisión abierta?

Datos del a Asociación Mexicana de Internet (AMIPCI), contenidos en el estudio “Hábitos de los Usuarios de Internet en México 2011”, indican que en el país hay alrededor de 35 millones de internautas. Ello significa que sólo una tercera parte de los mexicanos participa de esta actividad. Sus derivaciones políticas son harina de otro costal, si consideramos que apenas uno de cada 10 ciudadanos está interesado en el tema.

Eso indicaría, en otra lectura, que los aspirantes enfrentarán a una minoría tecnológica voraz. Porque verá usted, de los 35 millones privilegiados con acceso al ciberespacio, un 68 por ciento se conecta en una computadora de escritorio o portátil, 26 por ciento usa un smartphone, mientras que uno de cada cinco lo hace con un celular que no descarga aplicaciones. El tema de la movilidad, visto así, toma cierta relevancia a la hora de considerar la calidad de las fuentes de quienes inician una cadena de información, difamación o de puro méndigo rumor. Y queda claro que, en efecto, son élites minoritarias las que posicionan alguno de los llamados Trend Topics (TT), y un séquito de followers se encarga de regar la pólvora.

Sumemos a lo anterior otro dato duro. La AMIPCI también aclara que la gran mayoría de usuarios de Internet en México son adolescentes de entre 12 y 17 años de edad, y el 60 por ciento es menor de 24 años, enfocando sus actividades cibernautas en envíos de internet, mensajería instantánea o chat, carga y descarga de fotos o videos y acceso a redes sociales.

¿Querrá decir eso que las grandes tuiterizas se sostienen en la chamacada? ¿Habrá mano negra que pulsa el tuit? Esto tiene relevancia en la medida que el gran grupo electoral, con mayores índices de participación en los comicios, está ubicado en las generaciones que van de los 30 a los 70 años. En conjunto, según datos del IFE, ese rango de edades resulta suficiente para que cualquiera gane una elección con mayoría relativa. Entonces, ¿en qué radica el peso electoral de las redes sociales?

Será paradójico o lo que se les antoje, será incluso una realidad ya conocida, pero la verdadera fortaleza de las redes sociales está, justamente, fuera de ellas. La capacidad de generar opinión a través de esas herramientas, está ligada al grado de interés de los medios masivos de comunicación. Dime quién te sigue y te diré que tanto influyes.

Pienso que, en términos estrictamente tuiteros, la combinación entre número de seguidores y a quién sigues determina el tipo de escándalo que se puede orquestar. Cantidad no siempre significa calidad y viceversa. O sea, no me vengas a presumir cuántos te siguen sino quiénes te siguen. Añadiría que sin prensa, radio y televisión, a los tuits se los lleva el servidor.

Falta mucho por ver en materia de redes sociales. Lo cierto es que, hoy por hoy, su impacto está limitado a ciertos sectores nada despreciables que a su vez dependen de la verdadera élite comunicacional, si no, pregúntenle a @EPN.

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Políticos al despeñadero

Posted on 06 Diciembre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 06 de diciembre de 2011.- Vicente Fox inauguró la era del desparpajo en la política nacional. Son tantas y tan memorables sus pifias, que hasta libros enteros se han escrito sobre ello. Subirse al ring de la polaca lleva implícitos numerosos riesgos, entre ellos la exposición al escarnio público. Esta vez les tocó a los aspirantes presidenciales Enrique Peña Nieto y Ernesto Cordero. Queda claro que podrán ser los grillos superdotados, pero en materia literaria están más fríos que las nalgas de un pingüino.

Comprendo que el resbalón del mexiquense sea de risa loca; también se evidencia que el Twitter se ha convertido en la mayor válvula para la despresurización social, y que el mexicano prefiere la carcajada, la burla y la sorna hacia el otro antes que la introspección y el razonamiento sobre la conducta propia. Definitivo: el aspirante priista buscó y ganó su tuiteriza, eso que ni qué; pero, todos los que se lanzaron al linchamiento ¿en verdad destilan cultura y sapiencia literaria por los poros? Estoy cierto que Enrique Peña dista mucho de tener el monopolio de la ignorancia literaria; es más, me atrevo a decir que esa carencia es patrimonio de millones de nuestros paisanos.

No obstante, algo he aprendido en este despeñadero: entre “La silla del águila” y “El vuelo del águila”, sólo hay una telenovela de por medio. El primer título, ya lo saben hasta quienes lo ignoraban, es de Carlos Fuentes; y el segundo, es una telenovela que transmitió Televisa en los años 90, basada en la obra de Enrique Krauze. Sintomática la confusión de Peña. Y el error hubiera tenido otra dimensión en otro contexto. Pero que haya ocurrido, precisamente, en la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, no tiene precio. Máxime cuando el presidenciable estaba allí para presentar el libro que, bajo su firma, escribieron sus asesores.

Digo que la confusión es sintomática porque se trata de un lapsus revelador. Más allá de que el hombre cite de memoria a Alzheimer, el impacto de la telenovela histórica y la influencia de las televisoras en la formación ciudadana –y hasta de los políticos -, hoy resulta a todas luces evidente. Si tratamos de indagar en realidad qué quiso decir el candidato, deberíamos empezar por el cuestionamiento de su inconsciente: “El vuelo del águila”, qué si acredita a Krauze como fuente histórica, narra la vida del dictador Porfirio Díaz, y se hizo durante el final del sexenio de Carlos Salinas de Gortari, a fin de reivindicar la figura del oaxaqueño que gobernó más de 30 años. ¿Por qué confundió ese título en específico?

Otro dato interesante: ha leído pasajes de la Biblia. Obvio manito, había que congraciarse con potenciales electores que, en su gran mayoría, son católicos y cristianos. Esa parte del discurso de Peña Nieto, al margen del valor literario que pueda o no tener el libro de libros, permite entrever los recovecos del poder, así como el gran peso de la religión dentro de un proceso electoral. Ahí se los dejo de tarea.

Pienso que esta vorágine mediática distrajo la mirada pública en una particular coyuntura de entuertos al interior del PRI, y por ello cometemos un error de soberbia al dejarnos llevar por la idea de que inculto es igual a idiota. He ahí el meollo. Y aclaro: no defiendo lo indefendible.

Mi ex esposa era una trucha en los juzgados, manejaba la ley con destreza increíble, sabía darle la vuelta a un demandante y ganaba y ganaba y ganaba casos, pero nunca leyó algo que no fueran sus libros de texto, jurisprudencias y códigos legales. Dejo así el asunto, porque lo de la niña Peña da más pena que risa, mientras que el caso de Ernesto Cordero resulta triste por ramplón y de segunda. Si tienen libros, ahí los ven.

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Eh, Sabina: perdóname pero discúlpame

Posted on 31 Octubre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 31 de octubre de 2011.- “Que no arranquen los coches, que se detengan todas las factorías, que la ciudad se llene de largas noches y calles frías”… emblemática, la voz del flaco de Úbeda detuvo la respiración de medio recinto… “Que se mojen las balas, que se borren las fotos de las revistas, que se coman a besos las colegialas a los artistas”… Mérida fue estación para el Penúltimo tren: Joaquín Sabina arrancó las máquinas con esa rola insignia.

Su entrega fue absoluta. Lástima que una buena franja del público no lo mereciera. El auditorio era paradigma de la mediocridad, donde los extremos estaban al tope de prendidos, mientras el centro permanecía gris, apoquinado, entre lo comatoso, con puro escucha de ocasión. Si bien las primeras filas eran puro Sabina, el cabús, las gradas del fondo, eran el alma de los sabineros de corazón. Y en medio, el snobismo barato.

Ésta, la más reciente gira del otrora llamado poeta del rock, se esperaba con grandes expectativas. Tras el éxito en Nueva York, Los Ángeles y Miami, Sabina regresaba con todo. Luego de una dolencia médica, que hizo se pospusiera la tocada del seis de junio en la blanquerrisísima Mérida, la noche del domingo 30 de octubre pintaba para mejor. Desde temprana hora había gente a la espera de ingresar al recinto del Centro de Convenciones Yucatán Siglo XXI. Buen augurio.

Dado como soy al tabaco, esperaba a las puertas del edificio cuando, ¡oh, qué buena onda!, Panchito Varona paseaba por ahí. De volada hubo quienes se apuntaron para la foto. Y fue cuando brincaron las alarmas. Un cuate lo que se dice bien pipirís nice pasa junto a la escena, acompañado de tremendas mujeres dignas de La Magdalena, observa cómo interviene personal de seguridad para llevarse al guitarrista, y sólo atina a preguntar de quién se trata. Es Pancho Varona, le contestan. Ah, es que pensé que era Sabina, alcanzó a decir el isoperutano. Mal indicio.

Resuelto a vivir la experiencia de a cómo fuera, había conseguido boletos de pasillo, en una zona ni muy cara ni muy barata (maldigo mi mediocre cartera). Sin embargo, a la hora de la hora cambiaron la distribución de los asientos y ¡toma tu pasillo!, la gentil acomodadora me sentó en una mejor zona, eso sí, pero en medio de toda la tribu. Ni dope, díjeme a mí mismo: mímismo no te amilanes. Para quienes saben de estos menesteres, comprenderán que una vez sumido en la masa, se dificultan las expresiones de euforia rayana en el fanatismo, ¿o no?

Justo detrás de donde me ubicaron, iniciaba otra sección, con barandal y toda la parafernalia. A mis lados, parejitas muy lindas. Noviecillos y chavas bien pero re bien vestiditas para salir de noche. Más parecían damnificados de Eurovisión que seguidores del autor de Princesa. Qué más da, pensé. A vivir la tocada.

Retumban los primeros acordes de Esta noche contigo. Vale prenderse. Hasta el frente la gente de pie, el coro, los gritos de bienvenida. Hasta el final de la sala otra ola de réplicas. En la zona media, la estulticia. Una verdadera franja de silencios y buenas conductas. Tan gris esa parte del público, que aquellos que osaron levantarse para seguir la canción fueron vituperados. Igual que manada de ensotanados, sus gritos fueron para acallar a los sabineros que por ahí estaban (estábamos) salpicados en tan infame zona. Carajo, asistieron a un concierto de Sabina, no de la Sinfónica. Ya ni mentarles la madre de regreso valía la pena.

Vino de inmediato Tiramisú de limón. Otra vez, voz en cuello las primeras filas y gayola. La prendidez de la fanaticada. Sí, esa fanaticada que puede acceder a las primeras filas y aquella que, sea como sea, aunque sea hasta el fondo de la sala, aprecia y asiste y sigue al Juaco. Porque lo que es el boleto de medio pelo, me quedó claro, sólo congrega a la crema y nata del snobismo al más puro estilo del yucateco clasemediero con ínfulas. Eso me pasa por pen… sante.

Gran sorpresa, que para muchos pasó desapercibida, fue la presencia en el escenario de Jaime Asúa, ex guitarrista de Alarma!!!, secuaz en las composiciones de la triada Sabina-Varona-García de Diego, y uno de los guitar hero nacido cuando murió La Movida. Co-responsable, en mucho, del salto que fue pasar del Sabina cantautor al Sabina rockero, allende un lejano 1984. Pese a que su presencia fue revelada a mitad de la choteadísima Llueve sobre mojado, casi al final del concierto, Asúa dictó cátedra haciendo de la Rubia platino un poderoso rock.

Hubo compas de primera fila que, en realidad, vieron un concierto que rebasó las expectativas; otros en galeras también sintieron esa energía que emanaba del escenario. Lo que a mí respecta, fue la observación de un público mediocre que sólo pudo entonar las mega popularsonas Y nos dieron las diez y La del pirata cojo; porque hasta eso, los coros en Y sin embargo, eran claritos sólo al frente y al fondo de la sala. Chale.

Indudable, eso que ni que, fue la entrega de Sabina, Pancho Varona, Antonio García de Diego, y en total, el conjunto de músicos que, pese a la medianía de una parte del público, consiguieron arrancar emociones y dejarnos con el deseo de que, antes de que un monaguillo se ordene sacerdote, el compadre de Chavela Vargas regrese por más aires del Mayab.

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Haz patria, lee un libro

Posted on 15 Septiembre 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 15 de septiembre de 2011.- Seré honesto. El sentimiento que me provoca todo el choro de las fiestas patrias lo resumo en la ingenuidad e inocencia de quienes desean un ¡feliz día de la independencia! Ahora sí: Háganme el fabrón cavor. Sólo en la desmemoria cabe tal frase. Y nada tendría qué decir al respecto, a no ser porque una buena amiga de Veracruz me preguntó sobre el tema. Dejo pública la respuesta que le di en privado a la buena Erika.

¿Qué sentimiento me produce este 15 de septiembre?- cuestionó hace ya un par de semanas desde la discreción de un inbox del FB.

Y así empecé (aclaro que esta es la versión corregida y aumentada, sin tapujos y –lo sé de cierto- políticamente incorrecta):

Amiga, disculpa la tardanza en responder. Me pusiste en un brete. Pero ahí te va la reflexión.

El sentimiento, por supuesto, es de orgullo, grandeza, nacionalismo, ánimo guerrero que me inunda. Al menos eso me han hecho creer los innumerables spots televisivos y radiofónicos, los carteles de cuanto bar y restaurante que invitan a dar el grito, además de la parafernalia de rojos y blancos y verdes que invaden las calles con pitos, cornetas, sombreros, charros panzones, adelitas que nada tienen que ver y banderas. En corto: la enajenación patriótica está al máximo. Y recuerdo que en México si no somos machos, somos muchos y sabemos fajarnos los pantalones, o de perdida ajustarnos el cinturón ante las crisis recurrentes.

Superado ese trauma, y ya movido el tapete con tu incisiva pregunta, tengo que decirte que hace un año debió revalorarse el significado de la Guerra de Revolución de Independencia (que es el nombre que recibe el período comprendido entre 1810 y 1821 en la Historia de México). Sin embargo, en el mal hecho Bicentenario, el asunto se redujo a un fastuoso y horripilante desfile; además de que se gastaron y robaron, muy a la mexicana, cientos de millones de pesos en la inexistente Estela del Bicentenario. Nunca, como mexicanos en conjunto, y mucho menos en ese momento ahora sí que histórico, nos detuvimos a pensar lo que fue ese derramamiento de sangre para que, al final, Don Juan de O’donojú firmase el acta de Independencia. Pienso que, para la época, fue al primer diplomático que se le aplicó el comes y te vas. La separación de la Nueva España de la Corona y el nacimiento de México como nación soberana, fue un proceso cruento encabezado por los criollos, es decir, los hijos de españoles que reclamaban su pedazo en la tierra. Los verdaderos mexicanos, por decirlo así, aquellos que eran depositarios naturales de los tesoros de este territorio, los hijos de los hijos de los pueblos originarios, fueron simple carne de cañón.

Agrega a lo anterior que el movimiento independentista de México fue producto de un devenir ajeno a lo americano y vinculado en lo íntimo a la ideología de la Ilustración originada en Francia. A ello, se conjuntó que Napoleón III invadió España, lo cual puso bajo sus garras al rey Fernando VII. Esas dos jugadas francesas crearon la coyuntura que permitió a un grupillo de insurrectos, conspiradores, inconformes y encima excomulgados, volverse verdaderos insurgentes, claro: artillados con el pensamiento traído vía directa las logias masónicas trasatlánticas y en especial, una vez más, francesas. Todo lo cual tuvo lamentables consecuencias en el resto del siglo XIX.

Aun así, el nacimiento de México llevaba en sus genes el mestizaje. La mezcla de razas y rarezas, el sincretismo cultural, el todos contra todos en la arena sexual, que nos llevó -lo queramos o no- a lo que hoy somos como enjundiosos mexicanos. La raza de bronce, dirían algunos. Desde esa perspectiva, tenemos rasgos únicos, tanto en lo físico como en lo referente a las tradiciones. Somos amalgama de creencias, preferencias, idiosincrasias, quereres, desencuentros, pluralidad y -válgame el Santísimo- hasta fatalidad. Eso sí, adoctrinados desde la primaria con el respeto que debemos a esos hombres y mujeres que nos dieron patria y libertad (léase todo el santoral que empieza con Hidalgo, Morelos, Allende, Josefa Ortiz, Andrés Quintana Roo, Vicente Guerrero, Gertrudis Bocanegra, Iturbide, Guadalupe Victoria, et al).

Viéndolo de esa forma, y confrontado con los festejos, celebraciones, borracheras y de más linduras bien mexicanotas que hacemos hoy día, en realidad la conmemoración de la noche del 15 de septiembre es un despropósito en su forma y fondo. Es el refrendo de una apuesta a la desmemoria. Ritual de gobiernos que buscan ídolos donde sólo hubo hombres y mujeres que, iguales a nosotros, eran dueños de pasiones, virtudes, vicios, ambiciones, enterezas, ideales y defectos. En fin, personas de carne y hueso ahora sacralizadas cuyos nombres se recitan cual simple mantra. Nos volcamos al desenfreno, so patrio pretexto, porque dejamos de atender la Historia. Hagamos patria, leeamos un libro.

Sin embargo, a 201 años de ocurrido el alzamiento, algo perdura de esa histórica noche cuando la conspiración independentista fue descubierta: gracias a la visionaria estrategia de Miguel Hidalgo, quizá una de las primeras manipulaciones masivas, hoy en México somos bien guadalupanos y campeones en levantamiento de cruz, que si no, seguiríamos rezándole a la virgen del Pilar. Ya qué, nosotros los mexican@s, tenemos la contradicción por ideología.

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La música en mí

Posted on 20 Agosto 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

Mérida, Yucatán, a 20 de agosto de 2011.- Comunica de forma universal. Su lenguaje son las emociones. Está comprobado que a través de ella nos volvemos mejores personas; y los niños y niñas, sobre todo, alcanzan nuevos horizontes de humanidad y superación. Su majestad la Música logra eso y más, y más cuando el objetivo es el desarrollo del individuo en comunidades marginadas, como lo hacen los miembros de Educarte.

En torno a este proyecto, impulsado desde hace cinco años por Sonia Galán Samper y Juan José Pastor Llorens, se han unido voluntades con el primordial fin de ofrecerles a niños y niñas herramientas artísticas para el desarrollo de su personalidad. Los resultados son palpables. Tanto así que personajes de la talla de Alberto Vázquez y Armando Manzanero decidieron apoyar el proyecto.

Lleno de esa juventud que linda con la madurez, Juanjo –como le llaman sus amigos- narra sorprendido el origen de la feliz coincidencia que tuvo con el ícono del rock&roll en México: “Subimos un video promocional de nuestro trabajo a Youtube, y de pronto nos llega un mensaje de un tal Alberto Vázquez; estaba interesado en lo que habíamos conseguido con los niños, y nos ofrecía todo su apoyo”.

Resultó, en efecto, que el intérprete de “16 toneladas” estaba dispuesto a sumarse a la propuesta y promoverla para que se mantenga viva. Surgió entonces la composición del tema “La música en mí”, interpretado por Vázquez y los niños a quienes Educarte ha enseñado solfeo, canto e instrumentos. Actualmente son 63 los niños y niñas que reciben instrucción en la colonia El Roble Agrícola, zona de alta marginalidad en el sur de Mérida.

Juanjo Pastor ejecuta el corno francés en la Orquesta Sinfónica de Yucatán (OSY), mientras que Sonia, su esposa, es licenciada en educación infantil. La unión de ambos talentos los llevó a plantearse nuevas metas, de tal manera que crearon la escuela Musicalia, donde pusieron en práctica Educarte.

Originalmente, fueron auspiciados por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (Aecid), cuyos recursos se invirtieron durante los primeros dos años de trabajo. Con ese primer impulso atendieron a 620 niños y niñas en las colonias Emiliano Zapata Sur y El Roble Agrícola de Mérida, y en las comunidades rurales de San Antonio Dzodzil, Cepeda, Yaxcopoil, Maxcanú y Samahil.

Entre los beneficios de la exposición temprana a la música y las artes, explicó Juanjo, se consigue una mayor integración del menor con su entorno, la socialización se da con más naturalidad, y eso deriva en una formación humana integral.

Agotados los recursos internacionales, buscaron otras fuentes de financiamiento para darle continuidad al trabajo; de esa manera, obtuvieron respaldo de Conaculta, aunque en mucha menor cuantía que lo otorgado por la Aecid. Por ello la necesidad de disminuir la cantidad de participantes.

Convencidos de que la música transforma vidas, los fundadores de Educarte han creado una sinergia que involucra a numerosos artistas radicados en Yucatán, entre quienes se cuentan la promotora cultural Paula Haro y el documentalista Lorenzo Haggerman; el compositor Alejandro Subirats; los músicos Javier Álvarez, Humberto Casanova, Elías Puc, Juan Bautista Silla y Pancho Monteverde, por citar algunos. En complicidad, todos aportan sus dones contribuyendo al sano crecimiento de los niños y niñas que, de otra manera, percibirían limitadas aspiraciones.

“La música en mí” es una canción de aliento, un pequeño himno de paz engrandecido con las voces de los niños y niñas que le infunden vitalidad; el contraste de Alberto Vázquez en la voz principal, hacen de ella una pieza de lo más disfrutable, alentadora, de esperanza. Para redondear la idea, Alberto grabó un videoclip de ese tema, que servirá como material de promoción para crear un patronato, y con ello garantizar la continuidad y ampliación del proyecto.

El tema puede ser descargado vía internet desde iTunes, a un costo mínimo de 12 pesos. Los recursos que se recauden, serán para dar continuidad al proyecto.

Educarte, en contraste con otras ofertas institucionales, parte de la sociedad sin otro propósito que la filantropía. Despacio, pero a ritmo sostenido, sus notas resuenan en los aires del Mayab.

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El Efecto Tequila y secuaces

Posted on 01 Julio 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 30 de junio de 2011.- México tiene el grande honor de haber globalizado el “Efecto Tequila”, con el que puso a bailar el Jarabe Tapatío a las economías del mundo allende el año de Nuestro Señor 1995. Más reciente es la estrepitosa caída de los bancos industriales norteamericanos, que dejaron colgadas de una hebra las finanzas internacionales, con su debida crisis en 2008. Ahora, Grecia es la amenaza. Cuestiones sistémicas, dicen los iniciados en la espiritualidad fractal de los dineros.

Árido de por sí, el tema financiero ofrece vertientes argumentales para melodramones onda los ricos también lloran. Ejemplo de ello son películas como “Un trabajo interno” (Inside job) y “Demasiado grandes para fallar” (Too big to fail), las cuales abordan desde perspectivas y géneros opuestos los orígenes, causas y efectos de la crisis económica del 2008. A ellas, añadiría la producción mexicana “El Efecto Tequila”, que usa de disparador dramático el afamado “error de diciembre”, y con ello sufrir un fugaz paso por la cartelera nacional.

 Ya en 1987, en plena quiebra bursátil, Oliver Stone obsequió su punto de vista sobre el mundillo del dinero con la irremplazable “El poder y la avaricia” (Wall Street); filme que, fuera de su condescendencia moralina, hace de las finanzas mundiales la arena donde se discuten pasiones y perversidades humanas. Este es el antecedente inmediato.

Premiada con el Oscar como Mejor  Documental, “Un trabajo interno” escarba en el génesis de la crisis económica de 2008. Con una narrativa más didáctica que experimental, la película sienta al banquillo de los acusados a cada uno de los presuntos responsables de la debacle mundial que se originó en una “burbuja hipotecaria”.

Matt Damon presta su voz para narrar las consecuencias e impacto de esa crisis, cuyos efectos aún persisten. Con diagramas y una acertada elección de material de archivo, esta cinta dirigida por Charles Ferguson deja claro a quiénes consideran responsables y beneficiarios del monumental descalabro que llevó a la creación de los 10 bancos más grandes del mundo, sin que a la fecha haya poder humano que los regule. Por cierto, destaca la opinión de la recién electa directora del FMI, Christine Lagarde.

“Demasiado grandes para fallar” constituye la otra cara de la moneda. Este docudrama –producido para televisión por HBO Films- pinta casi como héroes globales a los dirigentes de la economía estadounidense que vivieron las perturbaciones telúricas de lo que pudo ser la mayor catástrofe mundial generada por el propio hombre y que, finalmente, reventó con menor intensidad.

Mientras que “Un trabajo interno” cuestiona con cierta objetividad la desregulación bancaria y el papel que jugaron en ese episodio de la historia reciente personajes como el banquero Richard Flud,  y los “ingenieros de la economía” gabacha Henry Paulson, Ben Bernanke, Timothy Geithner, entre otros; en “Demasiado grandes para fallar” topamos con una sentida defensa de tan insignes ciudadanos del mundo.

 Actores de primera línea entre los que se cuentan James Woods (Flud), William Hurt (Paulson), y Paul Giamatti (Bernanke) encarnan a los funcionarios y banqueros norteamericanos que, gracias a su ambición pantagruélica –y hay que reconocerlo: hábil manejo de la situación-, llevaron las riendas y el destino del mundo ese funesto 2008.

Esta segunda cinta que se comenta, fue dirigida por el laureado Curtis Hanson con base a un guión adaptado del libro homónimo de Andrew Ross Sorkin. A diferencia de anteriores trabajos del cineasta (L.A. Confidencial; 8 Mile; Wonder Boys), ahora muestra un cobre chauvinista que tal vez por ello mismo inyecta dinamismo a una historia de suyo desértica.

El común de los mortales, algo así como seis mil millones 956 mil 377 habitantes del planeta, tenemos por cierto que los banqueros y su horda de economistas, matemáticos y sacerdotes del metálico llegan tejer laberintos inescrutables; sin embargo, la película de Hanson deja las profundidades numéricas para acentuar la intensidad emocional de los personajes y, obviamente, convencer al espectador de un discurso subjetivo y, hasta cierto punto, apologista de los funcionarios de la administración Bush. Claro, el índice admonitorio recae en los principales beneficiarios de la debacle: los banqueros.

Original del mexicano León Serment, “El Efecto Tequila” opta por acercarse a “la más mexicana de las crisis” desde el común dramático de la particularización, de centrar la catástrofe mundial en personajes de carne y hueso. De hecho, el slogan promocional aclara que se trata de una historia de amor… al dinero.

Estrenada el pasado 17 de junio en una cadena nacional de cines, el filme fue víctima de una velada censura, ya que bajo el argumento de aportar pocos ingresos el primer fin de semana fue retirada de la cartelera. Lo cierto es que subsisten pruritos políticos, a pesar de los 16 años de distancia de tan terribles hechos, que arrasaron la vida de millones de mexicanos y aun hoy pagamos sus estragos.

Estoy casi cierto que “El Efecto Tequila”, en honor a la mexicanidad, será un éxito en los circuitos marca Tepito Productions. De algo se tiene que vivir en la economía informal, ¿o no?

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Invierno profundo

Posted on 17 Junio 2011 by alexpulidocayon

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 17 de junio de 2011.- Más árido que la tundra, resulta el aislamiento social. Máxime si pega en la adolescencia, con la carga de dos pequeños hermanos, un padre desaparecido y la madre esquizoide. Cuando no existe otra familia que uno mismo, el invierno azota recio, quiebra el espíritu, es profundo, devastador, tuerce la voluntad. O al contrario: forja el alma, la engrandece a golpe de podredumbre. Esa es la lección que restriega a los cobardes Ree Dolly (Jennifer Lawrence), la protagonista de Invierno Profundo.

Nominada al Oscar por mejor película, esta cinta llega con más de un año de atraso a las salas cinematográficas de Mérida. Resulta una verdadera pieza de drama que ha de valorarse por encima de absurdos tiroteos, superhéroes intergalácticos y persecuciones automovilísticas de gran presupuesto que inundan los cines estos días.

Cruda como los paisajes montañosos donde transcurre la acción, la historia de Ree Dolly enaltece el significado de la voluntad contra lo adverso. La joven de apenas 17 años, criada en inhóspito hábitat, muestra un coraje a prueba de todo cuando, orillada por las circunstancias, ha de buscar vivo o muerto a su padre.

Pausado en su desarrollo, el filme adaptado de la novela homónima de Daniel Woodrell y dirigido por Debra Granik interna al espectador en la zona rural del medio oeste estadounidense, en específico el área dominada por los montañeses: seres peculiares que se rigen por sus propios códigos de violencia y honor, constituidos en una cerrada comunidad que oculta sus crímenes en el silencio y la muerte.

Erigida como última esperanza para su desarticulada familia, la púber Ree Dolly está obligada a enfrentarse con sus parientes para desentrañar la ubicación de su padre, un “cocinero” de mentanfetaminas quien dejó como fianza en el juzgado la única propiedad terrenal que tenía y que, ante su desaparición, amenazan con incautar.

El tortuoso viaje que emprende la muchacha, confronta -a manera simbólica- lo imponente de la naturaleza con la ruindad humana, que de pronto pareciera contagiar vastos parajes, volviéndoles inhabitables como el tártaro. Es así que la construcción visual revela tremenda desolación del alma de los personajes, inconmovibles todos, y en especial las mujeres: hechas a la rudeza de los peñascos.

Respetuosa de la inteligencia del espectador, la trama arriba a buen puerto sin aspavientos ni giros de tuerca forzados o previsibles. Recomendable para aquellos que ven en el cine algo más que efectos especiales.

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Requetecru2

Posted on 03 Junio 2011 by alexpulidocayon

hangover2

 

Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 03 de junio de 2011.- Quien tenga memoria de todas sus borracheras, que dispare la primera chela. Si no todos, una gran mayoría ha vivido –en algún momento o por pura cochina conveniencia- esos nefastos apagones de conciencia que vienen emparejados a los excesos de alcohol. La arqueología personal que debe hacerse al día siguiente, en plena cruda, funciona como premisa a la exitosa cinta “¿Qué pasó ayer? 2” (The Hangover 2).

La segunda parte de la película que siguió la pantagruélica papalina de Phil (Bradley Cooper), Stu (Ed Helms) y Alan (Zach Galifianakis) en Las Vegas, ahora lleva la acción a la exótica, mal afamada y truculenta Bangkok. Sin verdaderas innovaciones en su narrativa, de guión multitudinario, esta secuela rompió récord de taquilla en su primer fin de semana. Y la verdad, tiene sus puntadas, pero no pasa de ser entretenimiento de verano que amenaza en volverse franquicia estilo American Pie (con la degeneración que ello implica).

Digamos que el éxito de la primera parte se debió a un hábil tratamiento de lo que implica la amnesia del briagales. Despertar en la lujosa habitación de Las Vegas destrozada, con un bebé en el armario y un tigre encerrado en el baño, resultaba genial; más aún cuando el amigo que celebraba su despedida de soltero, Doug (Justin Bartha), desapareció. En su construcción, esa cinta original capturaba la esencia del apagón memorístico. Pero…

La misma fórmula aplicada con otros ingredientes, sin siquiera parodiarse a sí misma, vuelve a la segunda parte una simple colección y correcto ensamble de chistes cargados de humor negro, pastelazos, bromas de secundaria y ocurrencias, por decir lo menos. Aunque, funcionan porque, a final de cuentas, más de un fiestero de clóset querría vivir una súper aventura en Bangkok, o de perdis en Cancún.

Esta vez, Phil y Doug son invitados a la boda de Stu, el mismísimo mega nerd dentista que apenas dejó su relación con una mujer dominante y castradora para casarse con una stripper de la cual se divorció al día siguiente,  que inexplicablemente en esta secuela es el galanazo de una belleza asiática. La última experiencia que tuvieron con Alan, quien les suministró GBH en las bebidas de Las Vegas, les hace querer dejarlo de lado, pero al fin logra colarse al viaje a Malasia, y por consiguiente a la despedida de soltero de Stu.

A partir de eso, todo se convierte en lo ya visto (cancioncita incluida), sólo que con nuevos paisajes, situaciones ligeramente más retorcidas, pero en esencia respetando los puntos y comas de la esa genial primera entrega. Eso sí, la inclusión del monito cilindrero dedicado al narcomenudeo supera por mucho la actuación del tigre.

Es previsible que tras el éxito taquillero los productores pretendan una tercera parte; por lo pronto, “¿Qué pasó ayer? 2” garantiza carcajada plena para quienes han experimentado los estragos del alcohol sin la menor idea de cómo amanecieron en un refrigerador.

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