Mahahual, un paraíso terrenal

Publicado el: 12 octubre 2017

Por ISABEL JUÁREZ
Continuando con el recorrido por los bellísimos sitios que tiene Quintana Roo, nos dirigimos hacia la playa que más he disfrutado estos últimos años. Desde Bacalar hicimos aproximadamente una hora de camino, encontrando puestos a la orilla de la carretera vendiendo piñas, miel y pan. Llegamos antes de mediodía a las cabañas Koox Blue Kay que reservé dos meses atrás con un excelente precio, nos llevamos la sorpresa que ya estaba lista y con la mejor ubicación, ¡frente a la playa! Qué decir del lugar, tal como lo describían, rústico, pero con todos los servicios y restaurante, cabe mencionar que la comida cuesta más que en Bacalar, pero es válido darse un gusto para comer frente al horizonte azul turquesa. Tuvimos toda la tarde para relajarnos en la playa y hacer snorkel en esa gran alberca natural, ya que el espacio entre el arrecife de coral y la playa es de aproximadamente 100 metros y ahí rompen las olas así que el resto es playita muy apacible para flotar plácidamente, a lo mucho tiene un metro de profundidad y hubo un momento que la teníamos para nosotros solos.IMAGEN3 (2)

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Hay una especie de peces semitransparentes muy curiosos, al parecer cirujanos, que al mover los dedos rápidamente bajo al agua se acercan para tratar de chuparlos, pudimos ver familias de pez ángel, pez aguja, damiselas y estrellas de mar. Hay diversidad de caracoles pequeños y restos de coral que se van desprendiendo y las olas arrastran a la orilla.

Ya por la noche salimos con la lámpara a buscar cangrejos y verlos cavar en la arena su refugio, encontramos desde los más pequeños hasta los grandes de caparazón azulado. Esa caminata trajo hambre y continuamos caminando hasta llegar a la zona céntrica de los hoteles y comercios, realmente no es muy grande ni ofrecen tantos servicios, pero sí encuentras de todo un poco, decidimos cenar tacos de bistec muy ricos, bien servidos y con mucha clientela. Ya de regreso disfrutamos otra caminata por el malecón. La renta de bicicletas era una opción, pero preferimos seguir a pie. Al llegar al restaurante del hotel había un grupo de chicos pintando a mano las bancas de cemento como parte de la decoración del mismo. Cabe mencionar que la playa de Blue Kay cuenta con varios espacios para disfrute de los huéspedes: enramadas con mesas, columpios, hamacas, camastros con mesitas, caminos y espacios temáticos. Pedimos una bebida en la barra del bar mientras observamos a los artistas trabajar hasta medianoche y fuimos a descansar.

Al despertar aprovechamos de nuevo la playa para despedirnos de Mahahual, ya se encontraban más turistas y mucho movimiento. Sin duda hay más actividades por hacer como el buceo, kayak, snorkel, recorridos de pesca y en las agencias pueden organizar de acuerdo a su gusto un viaje más completo con más días incluso. De regreso paramos en un sitio que se llama el “Pan de Santos”, que justo hornean panes exquisitos de piña, almendra, nuez, elote, además de contar con desayuno a la carta, atendido por un grupo de señoras muy amables y hogareñas. Súper recomendable. Emprendimos el regreso a Mérida con un inigualable sabor de boca y una bella experiencia como familia.

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