Sensacional de barrios

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Por Alejandro Pulido Cayón

 

Mérida, Yucatán, a 06 de diciembre de 2010.- México posee una de las estadísticas más nefastas en el mundo, ya que sólo se lee un promedio de 1.5 libros por habitante, lo que hace que el nivel cultural esté más abajo que el suelo, sin embargo, es difícil aseverar que seamos un pueblo que abandonó la lectura, puesto que mensualmente se editan más de 50 títulos de novelas gráficas que se agotan en los expendios de revistas.

Sensacional de barrios, de policías, de traileros, de prostitutas, Lágrimas del Corazón, el Libro Vaquero, el Libro Policiaco, son sólo algunos ejemplos de lo que esa literatura chatarra representa en nuestra cultura, ya que las historias son devoradas por ávidos lectores que alternan el morbo visual con la narrativa simple que caracteriza esas publicaciones.

Información oficial indica que mensualmente circulan más de 40 millones de las referidas novelitas, lo que hace que cerca de la mitad de la población total del país tenga acceso a ese tipo de lectura.

Alejadas de la estética del “cómic” anglosajón, todos estos cuadernillos mexicanos poseen características muy peculiares que los hacen atractivos para algunos sectores sociales, sobre todo los de escasa educación y, por ende, bajos ingresos.

El catálogo de títulos deja entrever una alta especialización en la temática, la cual parece explorar nichos de mercado muy específicos, que van desde los albañiles, los taxistas, las sirvientas, y demás ocupaciones no profesionales, mismas que constituyen la estrategia de supervivencia del pobre.

Mediante dibujos que exageran las proporciones femeninas, que acentúan los estereotipos del bueno y el malo, y recrean atmósferas idealizadas, las historias se estructuran con un lenguaje simple, populachero, pero que, contrario a ello, se pretende culto y apegado a las formas gramaticales correctas.

Así como las telenovelas cumplen una función moralizadora de la sociedad, la publicación periódica de estos libelos ilustrados remarca los juicios de valor que, supuestamente, deben guiar a las personas.

Mediante casos arquetípicos que juegan con las concepciones del bien y el mal, el desarrollo de los argumentos presenta escenas en las que los pobres (es decir, los buenos) desafían obstáculos para superar su condición, o, en su defecto, las consecuencias que sus actos pueden tener cuando pretenden ascender socialmente al margen de la ley.

Añadido a lo anterior, cabe destacar el alto contenido sexual de las historias, que, valiéndose del elemento gráfico, apelan a los más elementales instintos del lector, de tal manera que le proporcionan un estímulo básico, engendrado en las pasiones, lo que hace de gancho para el éxito comercial.

Mientras las ediciones de contenido literario serio apenas alcanzan tirajes de mil ejemplares, o 400 mil cuando se trata de un “best seller”, es decir, menos del uno por ciento de los mexicanos, la lectura de Sensacional de Barrios llega a cifras cercanas al millón cada mes, lo que lleva a cuestionar seriamente la calidad de la lectura, no la cantidad. Porque en México, leemos de forma sensacional.

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