Política

La transparencia vs. la política en la transparencia

Por: Miguel Castillo

Desde mi llegada al Instituto Estatal de Acceso a la Información Pública, vislumbré, claramente, los retos que el acceso a la información pública significa en un país como el nuestro, en donde el clima de desconfianza generalizado nos hace dudar incluso de nosotros mismos.

No es casualidad que existan intentos claros para controlar el tema de la transparencia, como si el mismo fuera propio o exclusivo de seres iluminados o supra inteligentes, como si el acceso a la información pública fuera una reducto único de medios de comunicación, políticos o alfiles de los políticos, como si el tema de la rendición de cuentas únicamente importara o fuera útil para atacar al rival o exhibir al enemigo.

Por lo contrario, todos estamos en un proceso de aprendizaje continuo y es nuestra inteligencia emocional y nuestra capacidad profesional la que al final hablará por nosotros.

En todo México, dentro de los más de treinta Institutos o Comisiones de Acceso a la Información Pública, existen problemáticas comunes y una lucha diaria por tratar de difundir la cultura de la transparencia por encima de la política en torno a la transparencia, sus organismos, sus comisionados o consejeros.

Quienes tenemos la oportunidad de servir desde esta trinchera ciudadana no somos, ni pretendemos, ser ajenos a los vaivenes de la política local o nacional. Tener un conocimiento de ella y de sus actores nos ayuda a lograr el objetivo de ser puentes eficaces entre el ciudadano, que exige cada día más conocer en qué se gasta el dinero de sus impuestos, y el gobierno que se encuentra inmerso en una realidad que exige la clara rendición de cuentas públicas y la transparencia en sus acciones de gobierno.

Sin embargo, resulta incorrecto estigmatizar o encuadrar a los consejeros o comisionados sin realizar un verdadero análisis de su función profesional en el cargo. Las Leyes de transparencia en todo el país establecen lineamientos claros que deben de seguirse y sobre ello debe de calificarse la función pública.

Hay que decirlo. Resultan lamentables los cuestionamientos cuando estos tienen la única finalidad de perjudicar o descalificar a sus miembros y en consecuencia generar dudas sobre la utilidad o necesidad de los institutos. Resulta lamentable acreditar o desacreditar a una institución por la llegada o salida de alguna persona. Resulta inaceptable manifestar o acusar sin pruebas y sin tener derecho de una réplica regulada y justa. Resulta frustrante para los ciudadanos percibir que las luchas partidistas pretenden  contaminar incluso a sus organismos ciudadanos.

No debemos olvidar la función de los Institutos de Acceso a la Información. No son jueces ni pretenden serlo. No son organismos represivos y no es sano percibirlos así. Son, fundamentalmente, instituciones “garantes” de un derecho constitucional de toda persona. Por ende, nuestra función es intervenir cuando existen conflictos o discrepancias entre quien pretende conocer una información y quien duda o se resiste a darla.

Para ello, el diálogo, el convencimiento, los buenos oficios, la alta política y la inteligencia son factores mucho más eficaces que la represión y el escándalo mediático. Esta forma, el trabajo de permear los beneficios de una cultura de claridad y transparencia resulta mucho más benéfica que el generar dudas sobre aquellos que tenemos la interesante labor de ser mediadores eficaces.

Sin embargo, resulta innegable que -muchas veces- somos algunos de nosotros quienes con nuestras acciones y contradicciones contaminamos el ambiente de una organización a la que deberíamos servir por encima de intereses o aspiraciones futuras.

Hago pues un llamado a la formación de una corriente que tenga como principal finalidad la de generar en toda la población el “uso del derecho”, porque un derecho que no se usa se pierde, y porque en el ejercicio de ese derecho todos contribuimos a la construcción de una sociedad más democrática y más justa.

Pero por encima de todo, hago un llamado respetuoso a quienes generan las dudas a encontrar las respuestas mediante el derecho de acceso a la información y hacerlas públicas. Es tiempo de ser serios, dejar a un lado intereses creados y crear nuevos intereses para una mejor convivencia y una mejor sociedad.

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