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Operación hormiga: Pablo gobernador

En una oscura oficina de una más oscura sede municipal de partido un sudoroso representante del Tricolor, rodeado de apretujados rostros enrojecidos por el calor y los nervios, da de gritos para que lo dejen oír mientras timbra el teléfono. Sobre su cabeza gira quejumbroso un ventilador tan oxidado como el escritorio.

–Ringgggggggg—

–Bueno, Partido Revolucionario Institucional, oficina del presidente–

–Señorita, páseme a Carlos, me urge, soy el licenciado Cervera del municipio …-

–Claro, un momento, toda la mañana han estado hablando de los municipios, deje ver si puede contestarle-, dice la secretaria bien instalada en Mérida bajo el cuadro del presidente de la República abrazado al senador Emilio Gamboa y al gobernador Zapata. El aire acondicionado sopla como si fuera el Ártico sobre la abundante personalidad de la señorita Manriquez.

–Le paso al licenciado, señor Cervera–

De prisas, con la camisa roja remangada, el presidente Carlos responde de mala gana.

–¿Sí?, qué pasó Huacho, rapidito que ando en chinga atendiendo reuniones de los delegados—

–Pelaná, ¿qué es eso de que Mauricio es el candidato?-

–¡¿Cómo?!, ¿de qué hablas ija?—

–Del tremendo cartelón, panfleteadota a la salida del municipio—

–Eso es anuncio de una revista, lee bien—

–¡Pero si dice que candidato a gobernador y el mismo gobernador le está haciendo manita de puerco con todo y brazo!, todos aquí ya están como el sataol del pueblo, brincando y pegando de gritos—

–Nada, todos tranquilos, es no más un anuncio de partido, calmados—

–Pues va a estar difícil convencerlos, todos berrean que Mauricio es el camaján …–

–Ni madres, cálmense, todavía nada—y cuelga el presidente de partido. –No me pases a ningún otro, Manriquita–, le dice en susurros a la secre.

Esta escena, nos dicen los pájaros en el alambre, se ha venido repitiendo desde que aparecieron los espectaculares del secretario de la Sedesol en Mérida y otros municipios, en los que se veía al funcionario estatal con el brazo alzado y bien levantado por la (¿fuerte?) mano del gobernador Rolando Zapata.

Después, como se sabe, vino la operación bajar en chinga, a toda prisa, antes de que las denuncias obligaran al IEPAC a hacer lo que no había hecho hasta ese momento.doschidos-y7bdizvf

Bajar tantas lonas de tantos espectaculares, en tiempo récord –y en la madrugada, para no ser vistos, afirman los pájaros en el alambre- tuvo un alto costo. Pero se hizo, ya que era necesario, por ejemplo, ingresar cuando únicamente los grillos cantan (y algún borracho) a predios privados y negocios molestando a gente que a esa hora estaría en el séptimo sueño.

Pero no había de otra. Así como el gobernador había dado su visto bueno, ahora había dicho, parafraseando al mismo Jesucristo –vade retro satanás-.

La orden surgió tras un encuentro en un muy elegante y más exclusivo restaurante en la Ciudad de México donde el titular del Ejecutivo se encontró con los Gamboa, encabezados por don Emilio –quien según los pájaros en el alambre, también llegó en helicóptero, incluidos los palos de golf bien aceitados-.

El encuentro no estuvo exento de chispas. Pero en síntesis le dijeron al gobernador que eso que estaban haciendo con Sahuí no podía ser. Que era indebido. Que debía acabarse ya. Que los infiernos estaban por desatarse. Después vino la orden de bajar todo, de parar todo.

No contentos, el grupo importado desde la Ciudad de México para operar la candidatura de Pablo –bien instalados en una casa en la zona de Boxito Kalia- decidió que era el momento de realizar una operación hormiga.

Se ordenó imprimir miles de camisetas -6 mil dicen los pájaros en el alambre, aunque parece se quedaron cortos- para que las distribuya la COMEY (Coordinación Metropolitana de Yucatán) y José Clemente Escalante entre los beneficiarios de los programas de la Sedesol y Prospera.

Las camisetas se imprimieron –aseguran los pájaros en el alambre- tras realizar una vaquita entre los delegados federales afines a Pablo. Y claro, las camisetas –las que ya están listas, aseguran los pájaros en el alambre- lucen la leyenda “Pablo Gamboa, gobernador”.

Y esas camisetas va a estar muy difícil que alguien las haga desaparecer como ocurrió con los espectaculares. Eso dicen en el war room de Pablo, según los pájaros en el alambre.

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