No te va a gustar, pero hoy más que nunca los robots amenazan nuestros empleos

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Después del COVID-19, las fábricas necesitarán más a las máquinas, que no tienen costos laborales, y que además no tienen miedo de contagiarse del virus.

Entre todas las oportunidades que ha habido para el argumento de los robots que se apoderan de los trabajos, este podría ser el mejor momento. No solo porque propietarios de fábricas no quieren pagar crecientes costos laborales, sino porque los trabajadores no quieren sentirse rodeados de gérmenes todos los días.

La fabricación china se enfrenta a un desafío desde que los empleados volvieron: lograr retenerlos. Algunas compañías reportaron rotación de 90 por ciento en la fuerza laboral después de que la economía comenzó a reabrir en marzo, en comparación con 25 por ciento-30 por ciento en un año normal anterior al coronavirus. Tales picos se esperan en todo el mundo a medida que relajan las cuarentenas.

La pandemia ha convertido a los humanos en “el riesgo para las operaciones continuas” en cadenas de suministro, señalan analistas de Sanford C. Bernstein & Co. Dejemos de lado la reapertura de los negocios. La pregunta es ¿cómo pensarán sobre el futuro de sus fábricas?

Aquí viene al caso el robot, o más precisamente, la automatización, una tendencia que ya alarmaba a los defensores del trabajo y que será intensificada por el COVID-19. Nuevas señales de los pedidos de gigantes de la industria como Fanuc, Keyence y Harmonic Drive Systems apuntan a que las empresas desean poner a funcionar sus operaciones, cada vez más, sin humanos.

Exportaciones de robots industriales desde Japón, el corazón de la maquinaria de automatización, creció hacia algunas partes del mundo desde el año anterior. Fanuc, fabricante de robots utilizados en fábricas para compañías que van desde Apple hasta Amazon.com, tuvo un aumento de siete por ciento en pedidos desde el cuarto trimestre hasta marzo.

Sus ingresos en Estados Unidos y China crecieron, mientras que los inventarios de componentes disminuyeron a medida que aumentaba la demanda. Las reservas de pedidos también aumentaron para Harmonic Drive, que fabrica piezas para robots pequeños.

Este interés se manifestó mientras el mundo colapsaba bajo el impacto inicial de la pandemia de COVID-19, lo que sugiere hasta qué punto la automatización es una prioridad.

Hay espacio para robots. En todo el mundo, la densidad sigue siendo baja, ya que muchas compañías han tenido poco deseo de lidiar con su integración en las operaciones o de provocar una reacción social políticamente sensible. Aun así, casi 60 por ciento del trabajo de producción a nivel mundial se realiza en áreas que pueden fácilmente ser automatizadas. En China, casi 40 por ciento de los trabajos son reemplazables por máquinas.

Las diferencias a través de las industrias, y dentro de cada una, son importantes: los robots realizan la mayor parte del estampado y soldadura en las fábricas de autos, mientras que humanos realizan las inspecciones finales. Las tareas que requieren una destreza significativa son difíciles para las máquinas.

Un gran cambio en la era del COVID-19 podrían ser menores barreras a la adopción, que en gran medida se han reducido a un tema de actitud. Corea del Sur y Alemania son ejemplos que han logrado altos niveles de automatización de fábricas a la par de una baja tasa de desempleo. Sin embargo, un impulso más mordaz es una simple necesidad, como ha sido el caso con la mayoría de los grandes cambios en el uso de la tecnología.

La emergencia sanitaria ha perjudicado a las empresas de una manera que nunca se había imaginado. Una encuesta realizada por PricewaterhouseCoopers a casi 300 directores financieros reveló que no obtuvieron lo necesario para tomar decisiones informadas y los tiempos de respuesta se retrasaron. Una mayor automatización podría mejorar la agilidad.

Si bien la mayoría de los directores financieros de las compañías de producción industrial encuestados planean cancelar o diferir las inversiones, solo 15 por ciento planea reducir las inversiones en automatización, inteligencia artificial y el internet de las cosas industrial.

El dilema posterior al coronavirus se parece al anterior, pero peor. El mundo necesitará más productividad, y la automatización es una forma de lograrla. En Alemania, el despliegue de robots llevó a un aumento del Producto Interno Bruto per cápita de 0.5 por ciento en 10 años.

Pero, ¿qué pasará con los trabajadores desplazados y menos calificados? La pandemia podría reducir las horas laborables en 6.7 por ciento en todo el mundo, lo que equivale a 195 millones de trabajadores a tiempo completo, según la Organización Internacional del Trabajo.

Por ahora, los Gobiernos están ofreciendo subsidios salariales a las empresas para retener a los empleados. La responsabilidad eventualmente también recaerá en las empresas para volver a capacitar y ubicar a sus trabajadores.

Por separado, los Gobiernos están incentivando la transición hacia el futuro robótico. Japón quiere que las compañías traigan cadenas de suministro de China. Donde no haya suficientes trabajadores calificados, se necesitarán más máquinas para colaborar, o los llamados Cobots. Propiamente en China, los subsidios industriales que apoyan la automatización abundan. La “nueva infraestructura” se ha convertido en una forma de justificar el estímulo fiscal que destinará miles de millones de dólares al 5G y otras tecnologías que emplearán a muchas menos personas.

Esto no significa el fin del trabajo humano productivo o la pérdida masiva de empleos. Requiere más apertura para explorar opciones además de las personas, y más allá. La realidad es que las empresas que invierten en la automatización de procesos ahora saldrán de esta crisis más rápido, y tal vez más fuertes. No solo porque los robots no estarán enfermos o asustados, sino porque el futuro del trabajo está cambiando. Nadie quería este experimento de COVID-19, pero tanto las empresas como las personas deben aceptarlo.

*Anjani Travani es columnista de opinión de Bloomberg. Está especializada en temas automotrices e industriales. Anteriormente, colaboró con The Wall Street Journal.

*La opinión de la columnista no representa la de Bloomberg. Ni la de El Financiero

.-Con información de El Financiero

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