Para este regreso a clases, ¡Protejamos a los niños!

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Para este regreso a clases, ¡Protejamos a los niños!

Por Ma. Isabel Juárez

Sin lugar a dudas, las vacunas son uno de los avances de la medicina moderna que mayor impacto positivo ha logrado sobre la mortalidad, la morbilidad y la discapacidad a lo largo del mundo.

Su eficacia para prevenir enfermedades (o incluso, erradicarlas) es fascinante, sin embargo, ¿qué es una vacuna?, ¿cómo actúa?, ¿qué tanto me protege?, ¿cuándo deben administrarse?, ¿qué pasa si no se aplican?

Una vacuna es una preparación destinada a generar protección contra una enfermedad. Tras administrarse, ésta le presentará al sistema de defensas del cuerpo algunas partes de un agente patógeno (agente que causa una enfermedad) que generará el recuerdo necesario para lograr reconocerlo y aprender a combatirlo de manera eficaz, evitando así la enfermedad o disminuyendo el nivel de gravedad; incluso, algunas evitan que el individuo inmunizado porte el microorganismo y contagie a otras personas.

Habitualmente nos las aplican en edad infantil debido a que es la etapa con más riesgo a enfermarnos, ya que nuestro sistema de defensas aún no ha madurado ni se ha entrenado al ir teniendo contacto con los agentes patógenos y por lo tanto, no ha generado la suficiente inmunidad como para evitar las enfermedades. No obstante, es importante saber que aunque en la niñez es cuando más vacunas se aplican, también hay fármacos que deben aplicarse en adolescentes, adultos y personas de la tercera edad; para esto, debes preguntarle a tu médico de cabecera qué vacunas te tocan según tu edad, factores de riesgo y de acuerdo a las que ya te hayas aplicado.

Cuando existe una cantidad suficiente de personas inoculadas en una población, la protección que la vacuna confiere a cada individuo evita la dispersión de la enfermedad e incluso podemos aspirar a su eliminación o erradicación, como ha ocurrido con la viruela, que al día de hoy, ya no existe en ninguna parte del mundo. Ahora, es importante saber que hay personas que no pueden recibir ciertas dosis debido a varios factores como pueden ser la edad, alguna enfermedad que estén presentando, alergias o si están usando algún medicamento cuyos efectos “choquen” con los de la vacuna; si tenemos la suficiente población inoculada para generar el efecto rebaño, los estaremos protegiendo.

Por ejemplo: si en tu casa hay un bebé de 5 meses, habrás observado que la primera dosis de SRP le toca al año de vida, por lo que el bebé es susceptible a enfermarse de sarampión, rubéola o parotiditis si llegase a tener contacto con alguna de ellas, por lo tanto, mientras más personas estén protegidas menor será el riesgo para tu hijo o hija.

Y aunque los logros de las vacunas son maravillosos, alentadores y tenemos la esperanza de un mundo libre de enfermedades contagiosas, lo ganado es muy frágil y corremos el enorme peligro de un retroceso; esto lo estamos viendo con el número de niños inmunizados, cifra que ha disminuido drásticamente debido al temor que tienen los padres de llevar a sus hijos a los centros de salud y que terminen contagiados de Covid-19. Sin embargo, el no vacunarlos representa un riesgo aún mayor.

Ya hemos experimentado enfermedades consideradas como “enfermedades del pasado” como ocurrió en el 2020, donde tuvimos cerca de 200 casos de sarampión en México. Ciertamente, no podríamos imaginarnos el impacto de otras epidemias en el marco de esta sofocante pandemia que atravesamos; estoy segura que no te gustaría que la ausencia de un fármaco te pusiera en riesgo a ti o a tu familia.

Es probable que las clases presenciales inicien pronto y con ello se incrementará el inevitable contacto entre los grupos de edad que más riesgo tienen de contraer enfermedades infecto-contagiosas. Pongamos al día a nuestros niños en los esquemas de vacunación de rutina y evitemos enfermedades, muertes o discapacidades. ¡Es algo que está en nuestras manos y conocemos cómo evitarlas!

Aunque ya se haya pasado la fecha de una vacuna, o la cartilla se hubiese perdido o no se haya aplicado ninguna dosis, hay forma de ponerse al día. Acércate al pediatra de tu familia, él o ella sabrá orientarte para que tus hijos estén correctamente inmunizados.

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