La música ya no es como antes… ahora es MEJOR

Por Iván Flores*

Justo en el último año de la década, la frase “Ok Boomer” le dio la vuelta al mundo con millones de memes burlándose de la desconexión y desaprobación que la generación nacida entre las décadas de los 40’s y 60’s parece tener con la cultur0a de las siguientes generaciones, especialmente la de los “millennials” y “zoomers”. Este fenómeno resulta más interesante al recordar que, durante su juventud, los “boomers” crearon un movimiento contracultural en respuesta a la situación sociopolítica que la Segunda Guerra Mundial dejó en manos de sus padres.

La música y el cine siempre han sido el vehículo principal para manifestar este cambio de paradigma cultural a través de la historia, cambio que invariablemente se ha sometido a fuertes críticas e intentos de invalidación por parte del status quo. La década de los 2010’s no es la excepción. ¿Cuántas veces no hemos escuchado la infame frase “La música ya no es tan buena como antes” siendo exclamada por personas de todas las edades que se rehúsan a expandir sus nociones sobre los límites y las posibilidades del arte? Si bien no podemos negar la influencia de los artistas del pasado en las sensaciones del presente, tampoco podemos ignorar que el estado actual de la industria musical es abismalmente diferente a lo que se había consolidado a finales del siglo pasado.

Hasta mediados de la década de los 2000’s, un artista o banda tenía la única opción de vender su alma a una disquera, endeudarse para grabar un disco y, de tener suerte, ver su video musical en la programación de MTV o algún otro canal de música. El Internet ya existía desde principios de los 90’s, pero no fue hasta la llegada de sitios como Myspace que la música pudo comenzar su transición hacia la independencia de las disqueras que controlaban básicamente quién se hacía famoso y quién no. El nacimiento de una industria independiente fue inminente y dio lugar a un ambiente con mayor libertad creativa. Al mismo tiempo, la ya consolidada industria musical adquirió una táctica mucho más fría y calculada, homogenizando cada vez más la música de los artistas que hasta hoy siguen dominando las listas Billboard, y es justo en este punto en el cual el infame argumento del supuesto “declive de calidad” de la música está erróneamente justificado, pues asume que no existe más música que la que se suena en las tiendas de los centros comerciales o que ponen en los antros.

Y entonces llegamos a la década de los 2010’s, esa que vio nacer las plataformas de streaming como nuevo modelo de distribución musical y los algoritmos de dichas plataformas como los nuevos cazadores de talentos. Década protagonizada por un aire de pos-posmodernidad que en ocasiones resulta difícil de comprender, su desarrollo musical no fue la excepción. El Trap, subgénero del Hip-Hop, se apoderó del mundo, rompiendo con barreras del idioma (desde Latinoamérica hasta Asia) y fusionándose con absolutamente todo estilo de música existente, como el Emo (Lil Peep, XXXTentacion) e incluso el Country (Lil Nas X). El Hip-Hop como tal no se quedó atrás, con artistas como Kendrick Lamar, Tyler The Creator o el ahora cristiano Kanye West, quienes han dado de qué hablar ya sea por su música o sus escándalos. El R&B también resurgió de las cenizas con sensaciones como The Weeknd, Drake o Frank Ocean, que llevaron el género a nuevos estándares de intimidad, accesibilidad y experimentación, respectivamente.

Al mismo tiempo, en los espacios más recónditos del Internet, se gestaron experimentos sonoros que no podrían haber existido ni en las pesadillas más oscuras de los “boomers”. Tal es el caso de la banda norteamericana Death Grips, un grupo cuya música desafía a la categorización y que tras el éxito de su primer álbum Exmilitary en 2011, lograron firmar un contrato con Epic, una de las disqueras más grandes del mundo, mismo que violaron un par de años después al sacar su tercer disco gratuitamente sin el consentimiento de la disquera (su presencia en la legión de aficionados de la música en Internet podría considerarse un meme por sí sólo).

La década también vio revivir a la Psicodelia con bandas como Tame Impala y Unknown Mortal Orchestra, que retomaron los sonidos de los 60’s y 70’s con una producción más moderna y con temas líricos más acordes a la situación actual. El canadiense Mac DeMarco creó una versión más relajada y melancólica de Rock que prácticamente generó una nueva corriente adoptada por miles de artistas alrededor del mundo. La nostalgia ochentera también se hizo notar de diversas formas, principalmente con el surgimiento de las corrientes de Synthwave y Vaporwave, que retomaron sonidos de esa década y los re-contextualizaron a la posmodernidad.

La música Pop también vio nacer a ídolos que destacaron por la excentricidad de su música y su afinidad por la moda alternativa. Al principio de la década conocimos a Grimes, cantante y productora canadiense cuya aguda voz y etérea producción cautivaron desde los oyentes más casuales hasta los aficionados más conocedores. Cabe mencionar que en el mainstream artistas como Beyonce, Taylor Swift, Rihanna y Ariana Grande gozaron de éxito comercial y aclamación de la crítica con materiales discográficos de gran accesibilidad pero con una atención del detalle en el estilo de producción y con una temática lírica más compleja y madura que la que usualmente se asocia con el género. Sin embargo, la década cerró con dos de las más grandes revelaciones del Pop: Rosalía y Billie Eilish. En su disco El Mal Querer, Rosalía abordó temas como el empoderamiento femenino y las relaciones tóxicas y opresivas a través de una narrativa basada en un antiguo relato gitano, presentado en una propuesta musical que combinó Flamenco, Trap y R&B de una manera impecable y sin precedentes. Por su parte, Billie Eilish se convirtió en un ícono mundial de la noche a la mañana gracias a su estilo íntimo, minimalista y ligeramente oscuro de Pop, producido en su totalidad por su hermano Finneas. Su álbum del año pasado When We All Fall Asleep, Where Do We Go? adoptó sonidos y técnicas vanguardistas de música electrónica y llevó dichos timbres a un contexto completamente Pop, con grandes y efectivos resultados.

Apenas estamos rasgando la superficie del paradigma actual de la música y aun así no es posible hablar a detalle de todos los artistas que merecidamente saltaron a los ojos del público, sea a escala masiva o dentro de un más reducido y exigente gremio. Lo cierto es que la cantidad de música existente sigue incrementando de manera exponencial y si bien eso ocasiona que cada vez sea más difícil encontrar gemas dentro de millones de toneladas de tierra, el brillo de esa gema justifica cualquier tiempo invertido en la búsqueda.

(*) Productor y compositor, Licenciado en Artes Musicales de la ESAY. Actualmente estudia un posgrado en la Vancouver Academy of Music.

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