Titiriteros de hueso colorado

50 años con Tito yTita

Por María Isabel Juárez Torres

En Mérida, por el rumbo de Chuburná, habitan dos personajes de fábula que nos abrieron las puertas para conversar, entre decenas de títeres viejísimos, las anécdotas del teatro guiñol. Al entrar nos topamos con el “Relicario”, un mueble coronado por Pinocho y Gepeto reposando junto a cientos de figuras y recuerdos de su vida entera dedicada a esta bella arte.

Tito Díaz y Tita Lozano Peza, son una pareja que ha compartido imborrables momentos desde su infancia hasta el día de hoy en el escenario con los títeres como instrumento de oficio, desde crear la historia, tallar los títeres a mano, cortar y coser su vestimenta, crear la escenografía y recorrer cientos de kilómetros a lo largo y ancho de la República. Su paga más valiosa es sin duda el agradable sonido de las risas de felicidad de los niños con la actuación de los muñecos. 

Grandes artistas y el teatro guiñol

La vida profesional de Tito comienza a los 12 años al ser el encargado de abrir y cerrar telones y poner verduritas en el escenario; “discotario, telonario y verdulero”. Se formó con la guía de su padre y sus colegas como iniciadores del teatro guiñol mexicano: Soy titiritero de segunda generación, con muy buena fortuna, los colegas de mi padre eran artistas muy importantes como Angelina Beloff, pintora rusa y primera esposa de Diego Rivera; Graciela Amador, quien fuera esposa de David Alfaro Siqueiros; Rubén Alva de la Canal, muralista y maestro de Diego Rivera; German List Arzubide, escritor de muchas obras del guiñol. En marzo de 1933 se presentó la primera obra de teatro guiñol. Yo nací en 1957, muchos ya habían fallecido, otros retirados, pero muchos otros vivían, así que fue una fortuna conocerlos y vivir con ellos.

Esculturas hechas títeres

Su padre mientras se iba a alguna obra, confiaba en dejarlo con sus amigos, así aprendió a hacer títeres, escenografías, eran viejos titiriteros, por lo tanto, pertenece a la vieja guardia. Dice Tito: La estética de los artistas del movimiento nacionalista, de los titiriteros de esa época fue muy peculiar a nivel mundial, y aunque no llega a ser una escuela mexicana de plástica, los muñecos que hacían eran verdaderas esculturas.

Su primera obra como director de escena

Nos comenta: Fue “Farsa infantil de la cabeza de dragón” obra muy complicada escrita por Valle Inclán, autor bien retorcido pero maravilloso. Tito la tuvo que montar, pues carecía de titiriteros en la escuela, sólo habían actores y por experiencia están acostumbrados a manejar su cuerpo, a explotar su imagen, por lo que tenían que despersonalizarse para darle vida al títere, siendo eso muy difícil. Entonces Tita le dice: ¿Y si se mueven a la vista del público? Y fue una excelente idea porque hicieron muñecos de varillas, les pusieron una túnica y cada uno de los actores fueron su propio teatrito y se les quitó el gesto con antifaces. La obra que produjeron para la práctica escénica como profesionales duró tres años y rompió paradigmas con hora y media en dos actos.

¿Recuerdas alguna obra de aquellos inicios que te guste mucho?

El “Matón de Aguascalientes”, obra para adultos, basada en un hecho real, una verdadera belleza. Antonio Acevedo Escobedo la escribió en verso, Francisco Díaz de León fue el ilustrador, Gabriel Fernández Ledezma realizó los diseños y los del Grupo Nahual hicieron la producción en 1941. La obra se estrenó en la Feria de San Marcos. Los muñecos estaban bellísimos y contaban la historia del torpe e ignorante Gorgonio Esparza, quien mató a su esposa por celos y la tiró al pozo para que no la descubrieran, sin embargo, alguien estaba viendo el crimen; el verso dice así: “Con puñal hice matar al que espiaba allá en la huerta, pero de nada sirvió porque apestaba la muerta…”

¿Por qué no hay un museo del teatro guiñol en México?

También nosotros nos hacemos esa pregunta. Existe un museo en Huamantla, Estado de Tlaxcala, dedicado a los títeres de los hermanos Rosete Aranda y tienen algunas cosas del guiñol. El año antepasado inauguraron uno en Puebla que tiene parte de la colección de los títeres que hicieron estos artistas en Bellas Artes. Nosotros contamos aquí en Mérida con la parte medular del guiñol, con títeres que se hicieron en la primera generación, pero no hay un museo.

Azarosa historia del guiñol

La historia del teatro guiñol es azarosa, lo quieren, no lo quieren, lo desaparecen, lo reaparecen…

En el terremoto de 1985 se cayó el edificio donde estaban resguardados los muñecos, venturosamente no les pasó gran cosa, posteriormente se los llevaron al Auditorio Nacional; en ese entonces los titiriteros hacían sus muñecos con moldes de yeso y a la hora de la limpieza se fueron a los escombros ¡se perdieron más de 350 moldes! una verdadera tragedia. También, parte de la información, oficios y la historia escrita se perdió con el terremoto y otra se encuentra en el Archivo General de la Nación. Su padre tuvo la precaución de reunir algunos documentos, otros más de Roberto Lago que conservan, pero al desaparecer los moldes, no hay manera de replicar muñecos, eran piezas únicas. Consideran que la otra mitad de esta colección la mantiene Pablo Cueto, hijo de Mireya Cueto, en la Ciudad de México.

Señor Guiñol

Cuando iniciaron los espectáculos los titiriteros no tenían presupuesto, pagaban de su bolsa las funciones. Uno de los fundadores, Roberto Lago (Señor Guiñol) fue agregado cultural de la Embajada de México en Francia a finales de los años treinta, cuando regresó al país se volvió un gran entusiasta y promotor del teatro guiñol; a lo largo de sesenta años de vida profesional se hizo amigo de muchos titiriteros alrededor del mundo y fue coleccionando material, al fallecer en 1995  legó a Tita y Tito todo su acervo cultural, correspondiente a la primera etapa del guiñol mexicano, por eso sería muy buen proyecto un museo.

¿Planes futuros?
Haremos una exposición itinerante en 25 colegios de bachilleres en diversos municipios de Yucatán a partir de septiembre, elaboraremos réplicas de los títeres más antiguos para presentarnos con ellos y no dañar los originales, algunos con 86 años de vida.
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