Addy Angulo, Master Chef

Por Ana Laura Preciado

Sentada a luz, del todavía sobreviviente, árbol de navidad, Addy Angulo, ex participante del programa Master Chef México 2018 nos recibió en su casa. Y, a pesar de brindarnos una amplia sonrisa, ofrecernos una rebanada de pastel, a la par de una humeante taza de café (ideal para aquella noche no tan cálida en la siempre caliente Mérida), sus días habían sido agotadores por todos los proyectos y la carga de trabajo actuales –que por fortuna-, y a consecuencia de su participación en el reality show, le llegaron.

Para iniciar con la entrevista, ella nos cuenta como su hijo fue el que le sugirió y motivó para participar en el programa. Y si bien se considera una persona de carácter fuerte, al final sabía que podría lidiar con cualquier situación (o hasta comentarios de alguno de los bravos chefs).

Durante su preparación para el casting, nos comenta lo complicado que fue el cocinar su platillo, en el cual la carne quedó perfecta hasta el tercer intento; aquello sembró en ella un sentimiento de duda y sopesó si eso podrían ser señales de no seguir intentando, pero finalmente la carne salió y pudo seguir en la contienda. Alrededor de las 4 de la madrugada de aquel viernes, ella fue la primera persona en la fila para ser evaluada. Después de un par de pruebas y entrevistas con los respectivos productores, su sazón la hizo pasar a la siguiente ronda.

Después de unos meses de espera, le llegó el insospechado correo donde le anunciaban había sido elegida dentro de los 54 pre-seleccionados para entrar al reality show. Durante ese periodo en particular, se enfrentaba a varias preocupaciones personales, sin embargo, seguía aguardando ansiosa la fecha definitiva para viajar a la Ciudad de México, el cual esperó por otro mes más.

Asimismo, nos relata sobre su experiencia en general dentro de la competencia y el rol que desempeñó tanto como concursante que como elemento o “miembro”. La parte esencial de aquello fue la convivencia diaria con los otros 17 participantes (los cuales poco a poco van siendo eliminados) y el acoplarse a un estilo de vida nuevo donde a pesar de las diferencias de idiosincrasia, edad y origen, para sobrevivir, uno debía de propiciar la armonía o como Addy nos cuenta –quedarse callado para evitar problemas-.

En el tiempo que duró su estancia en el programa, nos expone la experiencia más inolvidable y emocional: el momento en el que te ofrecen el codiciado mandil, sinónimo de entrada oficial al concurso. Por otro lado, uno de los capítulos en el que los concursantes tuvieron la oportunidad de cocinar en el tren Chepe, donde además obtuvo el honor de ser capitana de un equipo en un reto de campo tan complicado (por el infinito vaivén del ferrocarril y otros desafíos) fue uno de sus momentos favoritos. Durante los retos de campo, el estrés de los participantes se encuentra a flor de piel, al cuestionarle sobre cómo se desenvolvía ante atmósferas de estrés, ella considera que dependiendo de cuanta experiencia tengas en la cocina, es como te desempeñaras en un reto bajo presión; además la personalidad influye. Ella considera que sabe controlar el estrés que este tipo de retos suelen suscitar.

Para finalizar, Addy nos relata lo mucho que disfrutó de esta experiencia única, además, asevera que volvería a intentarlo. Y pese a los altibajos que cualquier vivencia trae consigo, nos comenta –“Me la llevé tranquila porque fui a cocinar, para mí era una competencia y bueno, también está el show. Y sí sentí que me faltó un poco de show. Y aunque la regué en algunas cosas, hice buen papel dentro de todo”.

Addy tiene ahora varios proyectos en puerta, como la creación de un videoblog focalizado a  la cocina y la creación de una línea especial de estuches de cuchillos. Sin duda alguna, y después de una experiencia de este calibre, la vida se transforma en un mundo gigante de oportunidades que en definitiva está sabiendo aprovechar.

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