El agua sagrada sigue siendo una bendición, Cenote Balmil

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Especial Revista Yucatán

Antes de las granjas, de las haciendas, e incluso mucho antes de los antiguos mayas, los cenotes ya se encontraban en Homún como misteriosos testigos del paso del tiempo. Sin duda, representan para su gente algo más allá que de lo que aprecian los visitantes.

Tras la caída de la industria henequenera, el lugar se convirtió en un pueblo olvidado y con muchas carencias, pero fue gracias a la llegada del turismo que han encontrado un respiro y una nueva oportunidad de vida.

Platicamos con don Doroteo Hau Kuk, encargado del cenote Balmil, quien con orgullo presume que ellos fueron el segundo en abrir a todo público:

“Hace muchos años si venías al pueblo solo estaba el cenote Tza Ujun Kat. La verdad por una cuestión de necesidad nos dimos a la tarea de abrirlo al turismo, fue algo que al principio nos costó mucho trabajo porque para nuestros abuelos los cenotes eran sagrados, ya que tenían la creencia de que en ellos estaba la entrada al inframundo, en donde están nuestros seres queridos, pero hoy se ha convertido en una bendición para la familia”.

Digno heredero de su cultura, don Doroteo platica que cuando era niño los únicos con permiso para entrar a los cenotes eran los curanderos mayas, ya que sus aguas eran consideradas sagradas y la utilizaban para realizar sus medicinas.

“Por eso, cuando tuvimos que abrirlo realizamos un ritual para pedirle permiso a los verdaderos dueños del cenote, que son los aluxes, así como traer un sacerdote maya, dejarles una ofrenda, y darles las gracias por permitirnos utilizar su espacio”, añade.

Respecto a la evolución del turismo y los nuevos retos que se avecinan, menciona: “Queremos mucho al turismo ya que han venido a darle un segundo aire a nuestra comunidad, por eso mismo nos estamos preparando para garantizar que nuestros visitantes estarán en un ambiente seguro y limpio cuando volvamos a la nueva normalidad”.

“Los esperamos con mucho cariño y cuando lleguen, su amigo Doroteo Hau les dará un recorrido personalmente por todas las curiosidades que esconde la cueva, como formaciones caprichosas y vestigios de ocupación antigua”, concluye.

Es de tipo cerrado, por lo que se encuentra dentro de una gruta y para disfrutar del azul de sus aguas hay que descender 13 metros a través de una bella escalera de madera. Para llegar, debes tomar la carretera hacia Huhí y avanzar casi 3 kilómetros, en donde encuentras un camino blanco del lado izquierdo y avanzas aproximadamente kilómetro y medio hasta llegar a tu destino.

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