Vínculos con China

Publicado el: 20 marzo 2017

No es la lengua, son las diferencias culturales las que nos hacen comprender a un pueblo”, afirmó la traductora Liljana Arsovska durante una mesa panel con escritores chinos en el marco de la última jornada de la Feria Internacional de la Lectura Yucatán (FILEY) 2017.
Al participar junto con Xu Baofeng, Yu Qi y Bai Ye en la mesa, relató las peripecias que tuvo que pasar para que en México la editorial Siglo XXI diera a conocer una obra de “uno de los grandes de China, Li Chien Lun”, quien escribió una novela que relata la desaparición de la familia tradicional de ese país, a raíz de la “occidentalización de sus leyes civiles”.
“Mucho se ha dicho y se ha escrito del tratamiento de las diferencias culturales en la traducción, abunda la bibliografía sobre el tratamiento del componente cultural entre las lenguas indoeuropeas y generalmente ustedes van a encontrar mucha bibliografía de la traducción español-inglés, español-francés, español-alemán; sin embargo, recuerden que finalmente se desarrollan en un mismo entorno cultural y religioso, judeo-cristiano, griego-romano, y eso nos da finalmente una cercanía”, explicó.

Referencia cultural
“Pongo un ejemplo, mencionan a Napoleón, todos saben quién es, mencionan a Lenin, y sabemos que no es mexicano, pero sabemos quién es, pero qué referencia cultural tenemos de los chinos, qué sabemos de los chinos, no sabemos nada”.
“La novela que traduzco se llama Yo no soy Pan Jin Lien, un nombre propio chino, acá nadie sabe quién es, pero lo dices en China y todos los chinos tienen la referencia cultural; es como decir en español quién es La Llorona, todos sabemos acá quién es, pero los chinos van a decir que ellos no lloran. Eso es la diferencia cultural. ¿Cómo solventar ese problema?”, se preguntó.
Y explicó: “Pongo un simple ejemplo, cuando llegué a la editorial y les ofrecí publicar el libro les ofrecí tres títulos: Yo no soy una cualquiera, Yo no soy una mujerzuela, Yo no soy Pan Jin Lien, me dijeron que el tercero era el peor, entonces obviamente ahí hacemos un tratamiento cultural a la novela, desde el título, porque no me imagino una que compren aquí en la feria donde en el título en la primera página haya una nota al pie”.
Señaló que los traductores “solventamos las diferencias por medio de artimañas, no hay otra palabra. Pero ahí no termina el problema, va más allá. Por ejemplo, en la comida china, las cosas complicadas, por ejemplo, tacos de burro, que es una delicia, pero hay que ser chino para apreciarlo y lo mismo aquí se comen chapulines y ellos dicen wow”.
“Entonces, cómo hacerlo para que en la traducción no causemos aversión hacia la otra cultura, creo que es un proceso creativo sobre todo del chino al español”, indicó.

El argumento
“Cuando terminé la traducción de esta obra le pedí a amigos mexicanos que no saben chino que simplemente la lean como críticos y, como tales, de pronto me dijeron cómo es que el divorcio de una simple campesina incide en las estructuras del gobierno central chino”.
Y explicó el argumento de la novela:
“Li Suen Lien es una mujer provinciana, casada y con un hijo. A raíz de las estrictas políticas de planificación familiar, todos sabemos que ocurría eso en China, una vez embarazada por segunda vez convence a su marido para firmar un acta de divorcio de mentiritas. El plan perfecto, se divorcian, el marido se queda con el hijo mientras que ella vivirá sola durante el embarazo y el parto, después ella con su segundo hijo volvería a casarse de nuevo con su segundo marido, de esa manera ellos no violarán la ley. El marido no perdería el trabajo ni pagarían la multa para aquellos que no respetan la ley de un solo hijo”.
“Estaba a punto de cumplir su sueño cuando a los tres meses de divorcio el marido embaraza y desposa a una joven peluquera. La tragedia inicia, ella dedica su vida entera en exigir justicia, a su paso ve destituir jefes de aldea, comisionados, alcaldes, gobernadores, comisarios del partido, incluso a gente del gobierno central de la República Popular China, hace cimbrar el sistema político y judicial de China, mientras busca solo una cosa, rehacer su vida”.
“Aquí es un problema cultural. El divorcio en México es un asunto de la corte civil, pero cómo es posible que en China incide en el gobierno central, qué es lo que ocasiona eso, la diferencia cultural, y aquí me di cuenta de una cosa, que traducir bien no es suficiente, muchas veces se necesita algo como una especie de prólogo, que aclare un poco más allá el contorno histórico que abraza a esta novela para acercarla al público mexicano e hispanohablante en general”.
La traductora señaló que para que la editorial Siglo XXI publicara la novela tuvo que explicar en una especie de prólogo que, durante siglos, la familia era el entorno para que se desarrolle el individuo poco consciente de su individualidad.
“La célula básica de la sociedad china era la familia extendida, compuesta de numerosos hombres y mujeres, donde las relaciones se rigen por el estricto código del maestro Confucio y sus seguidores, los criterios fundamentales de la jerarquía confuciana eran el sexo y la edad”, indicó.
“La familia de la clase media y alta, además de los miembros, la componía un séquito de servidumbre doméstica, en la cúspide de la pirámide estaba el hombre mayor responsable de la vida y la muerte de todos; en la casa mandaba la madre, en todos los núcleos se regían las relaciones humanas”, dijo.

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