La cumbre apagó sus luces

Rigoberta Menchú nos dijo que, aunque no los veamos, los pueblos indígenas siguen ahí.

Margarita Robleda Moguel
Fuente: La Jornada Maya

Todo lo que comienza, termina, y este fin de semana la Cumbre Mundial de los Premios Nobel de la Paz concluyó con la invitación a continuar dejando nuestra huella por la Paz y hablar con el ejemplo.

Tanta preparación, tanta movilización, organización, errores, aciertos, tanto dinero invertido, tanta expectativa… ¿qué nos deja? El Foro 6, “Celebrando nuestras diferencias”, fue una excelente propuesta para escuchar de voz de los que juzgamos con tanta ligereza su punto de vista; conocer sus sentimientos y la experiencia de sentirse discriminados.

Decimos que no somos racistas, clasistas o discriminadores, pero he aquí que cuando vemos en el escenario a algunos de los “blancos de nuestro repudio”: una negra, una india, un hombre, una mujer, dos homosexuales y los escuchamos hablar, las cosas cambian, o por lo menos tendrían que cambiar, si nuestra cerrazón se abriera tantito.

La Dra. Berenice Albertine King, hija del activista defensor de los derechos humanos, Martin Luther King, decía que su padre siempre dijo que la lucha contra la discriminación es día con día. Y ante la pregunta de la moderadora sobre si las cosas cambiaron con la llegada de Obama, su respuesta fue: “la discriminación racial y la “supremacía blanca” no reaparecieron ahora, sino que siempre estuvieron ahí”.

Miguel Bosé nos contó que de chico no entendía por qué la gente se refería de los demás por esto o aquello, que para él sólo existían dos tipos de personas, las buenas y las malas.

Rigoberta Menchú nos dijo que, aunque no los veamos, los pueblos indígenas siguen ahí. Pensé en los habitantes de Homún luchando por impedir que la megagranja porcícola contamine el agua de los cenotes; en cómo la gente rechaza su lucha, cuando en realidad, ellos están defendiendo nuestra posibilidad de beber agua limpia.

Joy Huerta, compositora y cantante, dijo: “no podemos hablar de paz sin hablar de inclusión”, y nos leyó unos párrafos de la constitución de México donde en el artículo 1 dice: “queda prohibida toda discriminación motivada por origen étnico o nacional, el género, la edad, las discapacidades, la condición social, las condiciones de salud, la religión, las opiniones, las preferencias sexuales, el estado civil o cualquier otro que atente a la dignidad humana y tenga por objeto anular o menoscabar los derechos y las libertades de las personas”.

El mundo de deshace en las manos

Falta espacio para profundizar. Poco a poco iremos digiriendo lo vivido en la Cumbre y lo que nos deja, además de la deuda.

Por lo pronto me queda muy claro que el mundo se nos deshace de las manos. Tenemos que despertar y comprometernos con la construcción de la Paz en equidad y justicia, en recuperar la conciencia de que somos seres humanos y comunitarios y en un espíritu de inclusión respetar las decisiones de los adultos y luchar juntos contra los que abusan de nuestros niños. En detener el atropello que nuestra ambición sin medida e indiferencia está haciendo con el Planeta, o muy pronto, eso a lo que dedicamos nuestro interés, el comercio, no servirá para comprar salud, un vaso de agua limpia, un sitio seguro.

La Cumbre apagó sus luces y encendió nuestro compromiso por seguir dejando nuestra huella en favor del Planeta y de la Paz.

Mérida, Yucatán
margarita_robleda@yahoo.com

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