Explorando a Kulubá

Aún nos aguardan grandes secretos mayas

Por Tomás Martín

Distinción en Moscú al Arq. Alfredo Barrera Rubio por salvaguardar a la cultura maya

Kulubá, una antigua ciudad maya, enclavada en la zona nororiente del Estado de Yucatán, es actualmente el epicentro de un proyecto de rescate que podría revelar nuevos conocimientos sobre la arquitectura y urbanismo de nuestra antigua civilización.

El líder de ese proyecto es Alfredo Barrera Rubio, reconocido arqueólogo del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) con más de 40 años de trayectoria y que ha hecho grandes aportaciones para el conocimiento de los antiguos mayas. Explicó en entrevista que a diferencia de otros puntos en donde se han hecho rescates, la zona nororiente guarda arquitectura prehispánica poco conocida. Kulubá, a 213 kilómetros de Mérida, en las inmediaciones de Tizimín, es de los pocos grandes asentamientos prehispánicos cuya arquitectura se mantiene en pie, por ello, encabezará nuevas exploraciones que servirán para empezar a conocer cómo era.

“No hay muchos edificios visibles en esta zona que también tuvo grandes asentamientos y por ello la importancia que tiene para obtener nueva información sobre cómo vivían y se desarrollaron los antiguos mayas en ese punto poco explorado”, precisó el reconocido arqueólogo.

Añadió que las primeras exploraciones hechas a principios de este siglo XXI, revelan que la ciudad era un importante enclave de los Itzáes, que es el nombre con el que se le conoce al pueblo maya que emigró a Yucatán aproximadamente en el siglo IV, provenientes posiblemente del Petén guatemalteco.

“Hay indicios de que era un punto para controlar al tráfico comercial en la costa norte, pues es una zona en la que se producía cacao y que era un sitio de almacenaje y distribución de sal, producto que tenía gran demanda desde entonces”, subrayó.

Por esa razón, las nuevas excavaciones permitirán descubrir cómo era la arquitectura y caracterizarla, pues muchos edificios se perdieron debido a la calidad de la piedra, que no es como la que se usó en el Puuc, donde se encuentran grandes ciudades como Uxmal y Chichén Itzá.

Esas exploraciones también buscarán vincular a las comunidades indígenas que habitan en los alrededores de Kulubá, “porque si bien nuestro trabajo tiene una gran incidencia en actividades económicas como el turismo, también es importante la vinculación con las comunidades mayas en el rescate y preservación de nuestra cultura”.

El proyecto Kulubá confirmaría que los grandes edificios que se construyeron en la época prehispánica eran el epicentro de la vida cotidiana en esas antiguas ciudades mayas.

“Antes se tenía el concepto de que los asentamientos encontrados eran solo centros ceremoniales y ahora está claro que no era así, sino que eran ciudades en donde interactuaban los grupos dirigentes y dominantes con la población común”, subrayó.

“Ahora sabemos que los antiguos mayas estaban divididos en estratos sociales, y los grandes edificios centrales de las ciudades eran habitados por la clase dominante y el resto de la gente vivía en las periferias”, también se ha comprobado que había varias modalidades de asentamientos mayas”, precisó.

También está claro que los mayas usaban varios tipos de cultivo para subsistir, pues antes se pensaba que solo usaban el método de roza-tumba-quema, pero ahora se sabe que también usaron terrazas agrícolas y campos elevados como las chinampas y canales de riego, entre muchos otros.

De igual forma, se ha documentado que los mayas eran buenos comerciantes y tenían un complejo sistema de comercio que incluía la navegación marítima, pues usaban la costa peninsular, los ríos, además de las vías terrestres disponibles entonces, para llevar mercancías para la venta o intercambios.

Por otro lado, expuso que entre sus proyectos también está realizar un estudio más detallado de las llamadas “rejolladas”, que son las bóvedas con vegetación que se crean en los cenotes, y que se presume eran consideradas puertas de entrada al Xibalba (el inframundo de los mayas), pero que hasta ahora no hay la certeza.

“Aún hay mucho por descubrir, grandes secretos aguardan escondidos debajo de vestigios, de cenotes y de las propias rejolladas y trabajaré en descubrir tanto como me sea posible. No me detendré hasta el final”, subrayó.

Y es precisamente esa tenacidad, lo que llevó al maestro Barrera Rubio a recibir recientemente el Doctorado Honoris Causa, de la Universidad Estatal de Humanidades de Rusia. El ex director del Centro INAH Yucatán recibió la constancia de manos del Dr. Alexander B. Bezboródov, rector de esa casa de estudios rusa, en emotiva ceremonia realizada en Moscú

Un merecido reconocimiento a su labor en la salvaguarda del patrimonio maya y por el fomento de las relaciones culturales y científicas entre México y ese país.

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on email

Artículos relacionados