Dos dioses de la lluvia en Uxmal

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Dos dioses de la lluvia en Uxmal

Por Maricruz Castro Cordero

Uxmal es, sin duda, uno de los asentamientos mayas de mayor complejidad arquitectónica. Destacan en belleza el Templo del Adivino, de 32 metros de altura, y el Cuadrángulo de las Monjas, cuyo trabajo de filigrana finamente labrado dota de maestría el estilo Puuc.

Sin embargo, lo que muy pocas personas saben es que estos dos edificios albergan a un invitado muy especial en sus fachadas. Hablo nada más y nada menos que de Tláloc, el dios de la lluvia teotihuacano, conviviendo con Chaac, quien, en definitiva, es la celebridad de la ruta Puuc.

Tláloc está presente en seis relieves del Templo del Adivino y en los cuatro remates de las esquinas del Cuadrángulo de las Monjas, son éstas últimas las únicas que se conservan en su lugar original. Tláloc es fácilmente reconocible por sus anteojeras, siempre redondas y grandes alrededor de sus ojos a manera de lentes, bigotera y dientes que nos recuerdan a la banda labial que porta en las representaciones clásicas.

Algunos arqueólogos han puesto en duda la identidad del Tláloc uxmaleño debido a que no tiene sus característicos colmillos. A su vez, éste se presenta con símbolos teotihuacanos en el tocado y las orejeras; incluso, en 1981, el arqueólogo Román Piña Chan bautizó a este nuevo personaje como ‘el Señor del Tiempo’. Efectivamente, no es el Tláloc teotihuacano arquetípico, pero esto tiene una razón: si un dios de otra cultura iba a hacer su aparición triunfal en uno de los lugares más bellos del mundo, tenía que hacerlo con sus mejores galas, ¿no creen?

El motivo de su llegada a las tierras del Mayab es por demás importante, pues confirma los postulados de la nueva arqueología que sostiene que los contactos culturales y comerciales de las grandes urbes mesoamericanas fueron no solo comunes, sino cordiales y sistemáticos. Tláloc arribó a Uxmal como un grito de ayuda, pues entre los años 906 y 950 d.C. existen registros (plasmados en frisos decorados) de una fuerte sequía en el área de la ruta Puuc, periodo que aparece también en una columna localizada un cenote cercano a Uxmal, lo que demuestra que la hambruna comenzaba ya a ser un problema. Es en este mismo periodo en el que se fechan las apariciones de nuestro Tláloc uxmaleño.

Y no es que los habitantes de Uxmal y sus alrededores no confiaran en Chaac, el poderoso dios maya de la lluvia, presente en toda la ruta Puuc; es solo que, como dicen, dos cabezas piensan mejor que una, y ante la emergencia seguramente estas dos deidades mesoamericanas podían compartir sus mejores técnicas para hacer llover. Probablemente fue el mejor recurso, pues Uxmal mantuvo su ocupación hasta el 1150 d.C., es decir, 200 años más.

La presencia de Tláloc en Uxmal no representa únicamente la humilde búsqueda de una ayuda extra por parte de una de las ciudades más acaudaladas del área maya, sino que nos muestra que la interculturalidad es una cualidad constante de la humanidad. Esto nos deja la gran enseñanza de que somos capaces de entender nuevas maneras de ver nuestro mundo y, ¿por qué no? a saber pedir ayuda cuando la necesitamos.

La próxima vez que vayas a Uxmal podrás ver a Tláloc convivir con Chaac, una muestra más de que diversidad no solamente nos nutre, sino que podemos idear nuevas formas de mejorar las cosas, entre todas y todos.

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