Amor-Enamoramiento

¿Sinónimos? ¿Consecuentes?

Por: Reyna Gómora

Escena clásica en una preparatoria: primer día de clases, nuevo ciclo escolar. Nadie conoce a nadie, en el ambiente se respira nerviosismo, expectación, emociones diversas, en general agradables… entran las personas a su nuevo salón de clase, toman asiento. Ingresa el profesor, se presentan para darse a conocer e iniciar la convivencia que durará todo un año… Al concluir la participación de un chico, es atentamente observado por una de sus nuevas compañeras, y al salir al descanso, se atreve a decirle muy suavemente: “te amo”. Llevan menos de dos horas de “conocerse”, y hasta ese momento no habían cruzado palabra alguna…

¿Es eso “amor”?… ¿o será enamoramiento?… ¿o tal vez solamente atracción y gusto?… ¿o deseo?… ¿O podría ser otra cosa totalmente distinta?…

Ese suele ser uno de los grandes problemas en materia de sexualidad: creer unas cosas por otras, confundir, tergiversar, dar por hecho, generalizar… suponer. Y con el amor y el enamoramiento ha ocurrido infinidad de ocasiones.

En modo alguno no se trata aquí de hacer “definiciones”, y menos aún para la palabra “amor”. Querer definir el “amor” es algo… ¿cómo decirlo?… muy complejo. A lo largo de la historia se han escrito ríos de tinta que han ensayado el hacerlo; mas los resultados no han sido nunca concluyentes, casi siempre han sido polémicos y se ha discutido acaloradamente a propósito de lo dicho. Es un sentimiento humano, claro. Pero qué y cuáles son sus componentes y los factores que lo influyen: eso es lo realmente embrolloso del asunto. No es lo mismo lo que se concebía como “amor” en Grecia, en China, entre las culturas Mesoamericanas Precolombinas (y aún entre ellas había notables diferencias), a como ocurría en las Cortes del sur de Francia en el Siglo XII (cuna del amor romántico occidental), en la Inglaterra Victoriana del Siglo XIX… o en el México posmoderno y neoliberal de este Siglo XXI. Hay puntos de contacto entre todos esos u otros casos, cierto, pero no es “suficiente” para generalizar nada.

El enamoramiento es otra cosa. También resulta más fácil de conceptualizar. Es un “flechazo”, que ocurre “de pronto”. No es consciente. Tampoco es “controlable”. Se mezclan excitación, deseo, gusto, atracción y ganas inmensas de estar con una persona específica. Es una fase muy intensa, que tiene grandes cualidades… y enormes limitantes. Ejemplo de esto último: se idealiza a la persona, y se “ve” lo que se quiere ver, no lo que necesariamente es. Sin embargo, se requiere de ese “flechazo” para poder construir (en su caso) una posterior relación más “sólida”. Hasta Freud lo reconoció: decía que, sin cierta dosis de idealización, resultaba imposible llegar a convivir con alguien; un “truco maravilloso” para, a veces, llegar a algún lado y otras para arribar a ninguna parte…

Aún más: el enamoramiento acaba. No se podría vivir en ese estado en el largo plazo (por “maravilloso” que pareciera el que pudiera resultar así) ni es verdad que alguna pareja diga algo así como: “hemos vivido enamorados de forma ininterrumpida por más de 30 años”. No es verdad. El “amor”, es cierto, puede durar “más”: ¿toda la vida? ¿para siempre?… no es posible ni objetivo generalizar…

Tres detalles complementarios a lo hasta aquí escrito: 1) Esa frase que dice “el amor todo lo puede”, hay que matizarla, y mucho: existe una clasificación de los “estilos individuales de amor” y no, no todos los tipos o clases de “amor” “lo pueden todo”. Sólo algunos, y sólo en algunos casos. Y no es lo mismo el “amor” paternal o maternal, que el de pareja, el de amistad… y así sucesivamente; 2) Puede haber enamoramiento sin amor, y amor sin enamoramiento. Uno no necesariamente lleva al otro. Es decir: no porque se sienta enamoramiento entonces significa que sí culminará en amor. La publicidad y los estereotipos dicen que sí, la realidad, que no en todos los casos… 3) Podría comenzarse a amar a una persona cuando acabe el proceso de enamoramiento, antes no; antes es otra cosa. Enamorarse no es amar. Ni son sinónimos, ni necesariamente consecuentes.

Que quede esta frase magistral del Dr. Jorge Bucay para una buena y productiva reflexión final: “enamorarse es amar las coincidencias; amar es enamorarse de las diferencias”.

Comparte este artículo

Share on facebook
Share on twitter
Share on email

Artículos relacionados