Por José Luis Preciado.
Me preocupa y mucho que la vida light se apropie de las agendas del Estado. Vi en el canal 10 de Cancún una entrevista de Lilia Arellano con los gobernadores de Yucatán, Ivonne Ortega y de Quintana Roo, Félix González; el programa se llama Fuego Cruzado y la conductora Arellano se plantó en la postura de arrancarle a sus invitados de lujo las declaraciones más extrañas, ellos festejaron todas las “voladas” de la conductora: “¿Cómo fue tu primera vez?” Ante esta pregunta Félix González se puso colorado y respondió en tono irónico que los caballeros no tienen memoria y que no se acordaba de la fecha, tocó el turno a la gobernadora de Yucatán, quien sólo alcanzo a decir “¡Jesús! yo mejor me voy”, luego vinieron más preguntas incómodas para los invitados, quienes finalmente la pasaron bomba en la charla que tuvo toda el mismo tono, incluyendo anécdotas sobre los juegos y las mayores travesuras de su infancia, una hora extraviada en la trivialidad.
Creo que me estoy volviendo viejo para entender estas prácticas periodísticas, me resisto a pensar que esa es la aportación de los nuevos comunicadores para mejorar los contenidos y vigilar que se cumpla la obligación de los gobernantes de ser institucionales y transparentes con la ciudadanía. Me hubiera gustado que el tiempo se aprovechara en analizar cómo anda la relación entre Yucatán y Quintana Roo, me parece que no es tan provechosa como aparenta, las inversiones comunes en obras carreteras, turismo y seguridad son frágiles. La verdad no es fácil reunir a los gobernantes de estos Estados nuestros en un mismo foro, así que hablar banalidades sobre su vida privada en un medio de comunicación es un gran desperdicio.
Y este formato en los medios se repite de manera cotidiana, en programas de radio y televisión tanto locales como nacionales, estamos dando paso sólo a contenidos ligeros y de mero pasatiempo dejando libre al gobernante de compromisos y obligaciones propias de su investidura. Vamos a ponernos un poco más serios que gobernar no es un asunto cualquiera, dejemos la risa y la fiesta para cuando ciudadanía y gobierno saquemos cuentas al cierre del mandato, allí se vale esbozar una sonrisa ante la constatación del deber cumplido, es entonces cuando se aceptará el festejo.







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