Sociedad enferma

Publicado el: 25 Agosto 2010

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Por José Luis Preciado

La corrupción e impunidad van de la mano, son hermanas gemelas, van juntas a todos lados, en México una fue primero, la corrupción, luego llegó la impunidad esa que perdona y festeja la picardía mexicana, ahora ambas van juntas a todas partes.

El Congreso del Estado turnó a la Auditoría Superior el caso de cuatro ex alcaldes: Abalá, Peto, Chichimilá y Tixcacalcupul, cuatro de casi cien municipios que tienen problemas para que les cuadren las cuentas.

Ojo y estamos hablando de que les cuadren las cuentas. El Congreso del Estado sólo pide eso que tengan a la mano recibos, facturas de gastos para comprobar los recursos ejercidos en los últimos tres años de gobierno municipal.

Municipios con mayor capacidad de raciocinio contrataron despachos contables para hacer que las cuentas cuadren, a lo mejor compran facturas, inflan precios, consiguen dos o tres concursos de obras y hacen malabares, pero les cuadran sus números, otros más ignorantes que es el caso de los cuatro en cuestión, metieron la mano de manera indiscriminada en las arcas públicas de esos pobres municipios y no les salen los números.

Es difícil pensar que los manden a la cárcel, preferimos hacer que regresen lo que se llevaron, algunos ni siquiera lo tienen en la bolsa, lo gastaron, usaron en borracheras, casas de cita o en pagar campañas políticas de quienes hoy ocupan el poder, es decir una mano para tapar otra mano.

Antes el robo en los municipios y gobiernos era simple, se cobraba el 10 por ciento de la obra, hoy resulta que se pierde el dinero y no se hace la obra, o ésta se termina haciendo de segunda categoría y a precios inflados. Antes podía haber separación entre la empresa privada y el Estado, hoy ambos comen del mismo plato, se cruzan facturas, se logran acuerdos, se inflan las obras.

La sociedad ya no reacciona ante tanta corrupción, quedó en punto muerto, enclochada con tantas historias de este tipo, estafa el plomero, el albañil, el carnicero, el policía que ya da más miedo que respeto, el maestro que ya no se puede aplicar en enseñar sino en preparar su venta de la tiendita, el político, en fin…

Una cosa sí queda clara, esto no es natural, no es un hábito universal, no le pasa a todos los países, no podemos pensar que así se miden todas las sociedades del mundo; que hay más corruptos, es probable, pero no podemos estar tranquilos, pero algo sí estamos seguros: sociedad que no castiga las fallas y no premia los méritos está enferma.

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