El papá de los zombies

Publicado el: 20 Febrero 2010

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Por Alejandro Pulido Cayón

Despiertas como si nada. El día es maravilloso, brilla el sol, las nubes apenas son girones que hacen breves sombras, la brisa recorre prados y colinas. Nada presagia infortunio. En un paraje idílico, donde la paz es casi total, ves a una pareja correr despavorida. Detrás de ellos un tumulto de muertos vivientes, ansiosos de hincarles el diente. Sólo tienes tiempo de lanzar horrísono grito cuando sientes que te arrancan un pedazo.

Desde su célebre reelaboración en 1968, los zombies han contribuido al género de terror como pocos monstruos en la historia del cine. Fue George A. Romero quien filmó aquel año la primera de una serie de cintas que han cimbrado a los espectadores de todas las edades. Y es que a diferencia de otros espantos de la pantalla, los muertos vivientes responden a un código bien establecido en el que sus catástrofes siempre son mundiales.

Con “La noche de los muertos vivientes” quedaron establecidas las principales bases del subgénero de zombies. En primer lugar, la aparición de esos esperpentos siempre se daba de manera súbita, sin razón aparente del por qué la mutación o cómo fue que retornaron de ultratumba. Enseguida, se les veía con  una torpeza brutal, siendo la superioridad numérica su principal ventaja. A pesar de ser muertos, sólo se les podía ultimar definitivamente con un balazo en la cabeza o mediante el fuego.

La mencionada película, rodada en blanco y negro, presentaba el drama de un grupo de personas que habían logrado escapar al primer ataque de los zombies refugiándose en una casona cercana al cementerio. Sin embrago, en esa primera entrega se estableció una crítica hacia el salvajismo del ser humano, ya que los sobrevivientes que lograron el extermino de los muertos vivientes resultaron más aterradores en sus conductas que los mismos monstruos.

Romero es considerado hasta la fecha como el iniciador de este tipo de películas, así como la persona que estableció las principales características de los zombies. El éxito de su primera cinta lo llevó a filmar en 1973 “El despertar de los muertos”, que básicamente seguía la misma fórmula que su predecesora, pero con la diferencia de contar con un final menos alentador. En 2004 se hizo un excelente remake bajo la dirección de Zack Snyder.

A diferencia de los vampiros, cuya estirpe ancestral los lleva a ser protagonistas de un terror más íntimo y seductor, los zombies representan la voracidad descarnada, el ímpetu primitivo por la supervivencia aun ya extinta el alma. Esa peculiar característica, hace que los muertos vivientes sean más aterradores, porque presagian el fin de la humanidad como se le conoce.

En los 80 del siglo pasado, se retrajo un poco la producción de películas sobre zombies, ya que sólo hubo una entrega digna del subgénero, “La noche del cometa”, en la que se trataba de explicar el fenómeno de esos espantos debido al paso de un cuerpo celeste que habría revivido a los muertos.

No obstante la derivación que han tenido en el cine, la existencia de los zombies encuentra sus raíces en los rituales del vudú, a través de los cuales un poderoso brujo se apoderaba de la voluntad del muerto sustrayéndole el corazón para ocultarlo y tener a ese sobrenatural esclavo.

“La serpiente y el arcoíris”, dirigida por Wes Craven en 1988, dio un tratamiento muy diferente a los muertos vivientes, al presentar una historia basada en hechos supuestamente reales. En ella, concretaba la narración a las experiencias de un antropólogo que investigaba las prácticas del vudú. Más que un filme de terror, resultó un trhiller psicológico sobre la naturaleza del bien y el mal.

A lo largo de los 90 no hubo nada digno de recordarse sobre estas películas de muertos. Sin romper del todo los esquemas impuestos originalmente, correspondió a Danny Boyle  dar un pequeño giro de tuerca, al proponer una razón sobre el origen de los zombies al tiempo de dotarlos de velocidad.

Fue con “Exterminio” que el horror de los muertos vivientes revivió en la pantalla de plata. En ella, se culpa a los experimentos genéticos de crear un virus que convertía a los infectados en seres ultraviolentos, que resucitaban para volverse máquinas asesinas. Al igual que en los demás postulados de este subgénero, el protagonista sobrevive a la oleada original para darse cuenta del final del mundo como lo conocía.

En esa misma línea, nos encontramos con las tres entregas de “Resident Evil”, en las que un grupo de científicos de la corporación Umbrlella han desarrollado virus mutantes capaces de revivir a los muertos, y éstos, finalmente se convierten en epidemia que amenaza con destruir a la humanidad.

Luego vendrían cintas como “Planeta Terror”, de Robert Rodríguez, quien, en realidad, poco aporta al género, aunque sí logra una divertida comedia sobre el tema. Y claro, es difícil omitir la hilarante “Shaun of the dead”, que merece artículo aparte.

Por lo general, las películas de zombies se movían dentro de esos parámetros, hasta que de nueva cuenta Romero propuso un ejercicio interesante. En 2005 estrenó su última creación, “Tierra de los muertos”, en la que exploraba las modificaciones sociales derivadas de la coexistencia entre humanos y muertos vivientes.

“Tierra de los muertos” representa un verdadero avance para el subgénero, pues deja abierta una veta de análisis sobre las eventuales consecuencias de que los supervivientes a una de esas epidemias se reagrupen para crear una sociedad más mortífera y desalmada. Uno más de los cuestionamientos lanzado por George A. Romero, el papá de los zombies como los conocemos.

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