Jesús de Nazareth a través de un siglo de cine

Publicado el: 26 Noviembre 2009

Alucine

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Por Alejandro Pulido Cayón.

 

La primera película que se rodó acerca de la Pasión de Cristo, está fechada en 1898, bajo la dirección de Lois Lumière y Georges Hatot. Desde entonces, la figura del Mesías y su sacrificio a favor de los humanos, ha sido retratada desde todos los ángulos posibles, que van desde la idealización hasta la sátira y el hiperrealismo.

Jesús de Nazareth es el mayor icono religioso de la cultura occidental. La carga emotiva, mística y espiritual de su vida y obra, su divinidad misma, ha inspirado a cineastas de todos los tiempos, que, acordes al momento que les correspondió, dieron su visión sobre el hijo de Dios encarnado.

Aunque Lumière inventó el cine como tal, desconocía los principios de la edición. Sus obras son, hoy por hoy, valiosos documentos que testimonian el nacimiento del séptimo arte. De ahí que el título “La Vie et la passion de Jésus-Christ” (La vida y pasión de Jesucristo), sea una obra relevante en la historia de la cinematografía.

Ese primer documento visual, revela el poderoso interés por evangelizar a través del cine, habla sobre la capacidad didáctica que tienen las películas.

Trascurrieron 30 años desde esa primera muestra fílmica sobre la vida del Nazareno, con algunas propuestas más intermedias, hasta que el gran director Cecil B. DeMille llevó al celuloide, en 1928, la grandilocuente “The King of kings” (Rey de reyes), que en un portentoso blanco y negro retrató de manera idílica el mensaje de Jesús.

Tan impactante fue la propuesta de DeMille, que en 1961 Nicholas Ray hizo el remake para llevar la experiencia al technicolor, con resultados que hasta hoy conmueven. Es clásico que en Semana Santa las televisoras transmitan esa versión de los Evangelios.

Se puede decir, que tanto la película de Lumière, como las de DeMille y Ray, constituyen el apartado idealista para hablar de Cristo.

En ellas la estética lleva a un Jerusalén pulcro, de vistosas túnicas y soldados romanos con relucientes cascos, escudos y lanzas. El camino del Nazareno hacia el Gólgota, está matizado por el rostro de los actores que se esfuerzan en sentir y transmitir el suplicio. La sangre es mínima.

Fue precisamente en la década de los años 60 cuando el mundo entero experimentó cambios radicales en la organización política. El rock de los Beatles y de Elvis Presley, así como de otros tantos que seguirían sus pasos, hacía verdaderas revoluciones en la conciencia de la juventud. Era fácil cuestionar los valores tradicionales.

A excepción de España, radical en su catolicismo impuesto por el general Francisco Franco, e irónicamente en los llamados países satélites del bloque socialistas, la década de los años 70 llevó a los cineastas a explorar los Evangelios desde otros puntos de vista, que iban de la sátira al musical.

“Jesús Christ Superstar” (Jesucristo superestrella), de 1973, fue el primer acercamiento que se hizo a la histórica figura del Mesías desde un ámbito poco ortodoxo. Los jóvenes querían música, libertad, un mensaje de paz que estuviera acorde a sus deseos, fuera del catecismo tradicional. Esa fue la respuesta.

El director Norman Jewinson supo colgarse de éxitos previos como “West side history” o “Hair” para imprimirle semejante vigor a su propuestas. Hasta hoy, es común que grupos teatrales universitarios presenten la Pasión de Jesús basándose en ese musical setentero.

Sin lugar a dudas, los revoltosos e irreverentes de “Monthy Python” han sido los más atrevidos en sus parodias. Carentes de respeto, pero dentro de un margen que les evite la excomunión, se aventuraron a protagonizar en 1979 “Life of Brian” (La vida de Brian).

Con toda la irreverencia posible, Terry Jones dirigió a sus compañeros, entre los que se contaba Terry Gilliam, a través de una épica que partía del supuesto de que Jesús tuvo un hermano gemelo medio tonto. A lo largo del filme, se recorren los más importantes pasajes de los Evangelios, mismos que son tratados con una severa crítica y parodiados.

Definitivamente, las ideaciones sobre la vida de Cristo habían cambiado radicalmente al paso de los años, y el cine, siempre acorde con el tiempo, ha sido fiel reflejo de ello.

Fue en 1988 cuando la Iglesia Católica reventó contra una obra cumbre de Martin Scorsese, y logró que se prohibiera en Latinoamérica la proyección de “The last temptation of Christ” (La última tentación de Cristo), obra basada en la novela homónima de Nikos Kazanyzakis, que presenta la figura del Redentor a partir de los Evangelios apócrifos.

A diferencia de todas sus antecesoras, la película de Scorsese se preocupó más por el aspecto visual, y, al margen del contenido, el diseño de arte buscó apegarse más a la realidad histórica del primer siglo de la era cristiana. Túnicas no muy limpias, casas de adobe, grandes templos paganos, la pobreza del momento quedó plasmada en las imágenes de la cinta.

También en los años 80, el canadiense Denys Arcand presentó su “Jesús de Montreal”, obra que narra las vicisitudes de un grupo de teatro que pretendía montar la vida del Nazareno pero desde una perspectiva arqueológica y antropológica, lo cual, irónicamente, los lleva a vivir su propia crucifixión a manos de fieros opositores moralistas.

Luego de pasar por miradas críticas como las referidas, correspondió a Mel Gibson regresar a los Evangelios y darles un toque de brutal realidad.

“La Pasión” es, hasta el momento, la película que refleja con mayor crudeza y destellos de realidad lo que hubo sido el suplicio de Jesús. Creo que incluso aquellos que no son católicos ni cristianos se estremecieron al verla, y así será por el resto de la historia del cine.

 

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